La afectividad materna hacia los bebés puede prevenir ansiedad en adultos
Los bebés cuyas madres son atentas y amorosas tienden a ser niños felices y bien adaptados. Pero los beneficios psicológicos de tener una madre cariñosa pueden extenderse más allá de la niñez, publicó la revista Health.
Los resultados de un estudio en el que se observó a casi 500 personas desde que eran bebés hasta que tenían 30 años, demuestran que los bebés que recibieron niveles de atención y afecto por encima del promedio, por parte de sus madres, fueron menos propensos que otros bebés a ser adultos ansiosos, hostiles y con problemas emocionales.
“Con una simple evaluación de la calidad de la interacción madre-bebé a tan temprana edad (los 8 meses) se captura algo muy importante en términos del futuro de la salud psicológica de ese bebé”, dijo a Health Joanna Maselko, autora principal del estudio y profesora adjunta de psiquiatría en ciencia de comportamiento en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos.
Los hallazgos, que aparecen en la revista Journal of Epidemiology and Community Health, muestran evidencia sólida para políticas que ayudan a fomentar interacciones positivas entre bebés y padres, dice Maselko.
El estudio también sugiere que los seguros de salud deberían cubrir los servicios (como clases de masajes para bebés) que han mostrado fortalecer la relación del niño con sus padres, dice Robin Gurwitch, profesor de pediatría del Cincinnati Children's Hospital.
“Las experiencias tempranas pueden ser un factor crucial en lo que nos pasa como adultos, y necesitamos estudiar las cosas que podemos hacer para mejorar el vínculo padre-hijo, que tal vez puede servir como un factor de protección más adelante”, dijo Gurwitch, citado por Health.
El estudio incluyó a 482 bebés nacidos en Estados Unidos a principio de la década de los sesenta. Junto con sus madres, los bebés eran parte de un estudio nacional más general sobre embarazo e infancia.
Cuando los bebés tenían 8 meses de nacidos, psicólogos observaron las interacciones de las madres con ellos, mientras que los bebés realizaban una serie de pruebas de desarrollo.
Los psicólogos calificaron el afecto y la atención de la madre en una escala de 5 puntos que iba desde “negativo” hasta “extravagante”. La gran mayoría de las interacciones (85%) fueron consideradas “cálidas”, o normales, reseña Health.
Alrededor de 30 años después, los ahora adultos fueron entrevistados y se les preguntó por su nivel de angustia emocional. Los adultos cuyas madres habían mostrado afecto “extravagante” o “cariñoso” (los dos niveles más altos) eran mucho menos propensos que los demás a la ansiedad. También era menos probable que reportaran hostilidad, interacciones sociales angustiantes y síntomas psicosomáticos.
Los hallazgos se sumaron a un gran cuerpo de investigación psicológica sobre apego madre-hijo, que sugiere que los vínculos saludables entre niños y sus padres son cruciales para el desarrollo emocional del niño.
Maselko y sus colegas sospecharon que sus hallazgos podían ser explicados, en parte, por la hormona oxitocina, que actúa como un químico cerebral. También conocida como la ' hormona del afecto ' o la 'hormona de la ternura', la oxitocina es liberada durante la lactancia y otros momentos de cercanía con los padres.
“La oxitocina contribuye a la percepción de apoyo y confianza, y por ende es muy útil para construir vínculos sociales”, explica Maselko. “Es plausible que buenos vínculos padre-hijo ayuden al desarrollo neuronal en las áreas del cerebro que producen y utilizan la oxitocina, preparando al niño para interacciones sociales más efectiva s y salud mental en el futuro”.
Por ahora, no obstante, es sólo una teoría. Como señalan los autores, otros factores -incluyendo la genética, los niveles de estrés de la madre, o incluso factores que no tienen nada que ver con ella- pueden explicar los hallazgos.
Las madres con bajo estatus socioeconómico mostraron menos afecto “extravagante” o “cariñoso” que las madres en mejor posición socioeconómica.
Aunque los investigadores controlaron el estatus socioeconómico y otras características, es posible que las dificultades sociales y financieras durante la niñez jueguen un papel en la angustia emocional adulta.
Charles Bauer, profesor de pediatría, obstetricia y psicología de la Escuela de Miller de Medicina de la Universidad de Miami, dice que las conclusiones sobre el papel del afecto material en el futuro mental de una persona, basado en la observación de un solo día a los ocho meses, puede ser inexacto.
“Hay muchas variables que intervienen entre los ocho meses y los 34 años”, dice Bauer. “Muchos factores pudieron haber llevado a un ambiente más estable, a una salud mental más estable, a un individuo más estable”.