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Una mujer se encarcela a sí misma detrás de ventanas y redes sociales

Una mujer se encarceló a sí misma en un departamento de grandes ventanas y sus únicas conversaciones con los demás son a través de internet
vie 26 noviembre 2010 01:18 PM

Mucha de la gente que pasa frente a los ventanales de piso a techo del pequeño departamento  piensa que Cristin Norine está trabajando sola en una oficina o que su hogar tiene urgencia de cortinas.

Ella no parece una prisionera.

Pero eso es exactamente lo que Norine será durante 30 días. Su “celda” es un gran escaparate que estuvo sin rentar por meses hasta que el dueño decidió dejar que artistas lo usaran como galería para que no se viera tan vacío.

Norine trajo muebles donados, aparatos de ejercicio y una computadora con un amplio monitor y un retroproyector para que todos los que pasen cerca puedan ver como manda tuits, actualiza su Facebook y habla por Skype.

Durante su estancia, nadie entra y Norine nunca debe salir. Su único contacto con otras personas es a través de la tecnología.

Al respecto, Norine dice que no es tan diferente de cualquier otra persona.

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“Pensamos que estamos siendo sociales en estos dispositivos”, dice. “Y puede ser realmente genial cuando la gente vive en diferentes estados, pero no cuando estás comiendo o tratando de mantener una conversación y te distraen constantemente estos aparatos. O quizá no estás saliendo tanto porque te quedas en casa a conectarte ”.

Norine, una directora de producción de TV y fotografía asentada en Los Ángeles, California, terminó en su propia pecera en Portland después de un encuentro casual con Josh Elliott.

Eliott trabajó como fotógrafo en Oregon y ambos se dieron cuenta de que comparten una curiosidad similar acerca del efecto que el bombardeo de las nuevas tecnologías está teniendo en la gente.

Eliott supo del escaparte disponible y casi de la noche a la mañana, Norine se mudó ahí.

El Proyecto Aislamiento Público había nacido.

Norine literalmente marca con una cruz cada uno de los 30 días que está pasando separada del mundo y hace una crónica de su experiencia a través de su blog .

Del otro lado del vidrio, Eliott está filmando un documental de su colaboración.

Ellos no están en contra de la tecnología, afirma Elliott, sólo aspiran a provocar una mayor conversación acerca de cómo todo, desde el internet hasta el iPad, moldea la vida de las personas.

“Estamos disponibles las 24 horas del día”, dice Eliott. “Tener un teléfono celular en tu bolsillo significa que puedes ser llamado, o recibir un mensaje de texto o un video chat en cualquier momento . Tienes amigos en Facebook que nunca conociste y saben más sobre tu vida que tu madre, quien no está en Facebook”.

Norine se pone en una situación en la que cualquiera de los más ávidos usuarios de Twitter o Facebook sufriría un ataque de timidez. Ella come, se ejercita y duerme bajo la completa observación de una agitada calle en Portland. Con un baño como única área privada, ella está en exhibición casi constante.

El exhibicionismo de Norine es extremo, pero no único. El mes pasado, el Museo de Ciencia e Industria de Chicago ofreció un premio a un concursante que se mudara al museo y se transformara en una exhibición viviente. Alrededor de 1,500 personas se postularon.

En 2004, una mujer malasia impuso un récord por permanecer 32 días en una caja de vidrio con cientos de escorpiones como compañía. En 2000, una actriz que vivía en una casa de cristal en Chile provocó protestas luego de tomar duchas en público.

Elliott dice que la casi total falta de privacidad cobra su precio en Norine.

“Hasta en cualquier domingo, cuando ella sólo quiere tomar un descanso y beber una taza de café, hay gente llegando y golpeando en las ventanas”, comenta Elliott. “Simplemente no tiene tiempo para ella misma y creo que eso es difícil”.

Norine admite que ella no creía lograr seguir adentro después de dos semanas y dice que ha tenido lo que ella llama “malos días”.

En el día 16 de su blog escribe: “Me fui a la cama antes de las 9 de la noche. No me sentía bien y estaba demasiado cansada para escribir... Realmente necesito un poco de aire fresco”.

Pero ella dice que la rutina ha hecho el experimento más soportable.

“Me levanto, me preparo un café, desayuno y me alisto”, dice Norine. “Algunos días hago ejercicio. Luego voy a la computadora y hago mi trabajo. Trato de tomar un tiempo para comer algo a mediodía. Incluso hay gente que come conmigo desde el otro lado de la ventana”.

Norine envía correos electrónicos, chatea y conversa mediante Skype con cualquiera que quiera saber más sobre ella y su proyecto. Hasta que, como ella dice, llega la sobrecarga.

“Me doy cuenta de que necesito un descanso”, dice Norine. “Y hago algo que no tenga que ver con la computadora, pero no puedo apagarla. Aún lejos, oigo los avisos y me veo forzada a regresar a la computadora. Definitivamente me he dado cuenta que desde que estoy aquí ¡me he vuelto una adicta!”

El proyecto termina el 1 de diciembre y Norine dice que anhela la interacción humana, una buena comida y escuchar música en vivo.

Aunque Norine no pueda esperar para abandonar su prisión auto impuesta, ella y el proyecto han cambiado el vecindario que los rodea.

La gente que pasa caminando junto a su escaparate en su camino al trabajo se detiene por unos breves segundos para saludarla. Los jornaleros que buscan trabajo del otro lado de la calle la ven moverse dentro de su espacio como si fuera su telenovela favorita.

Nuevos amigos aparecen y le muestran notas a través de la ventana.

Una mujer que sólo da el nombre de Debra mira a Norine atentamente por varios minutos antes de decir: “Sé cómo es eso: yo tengo un niño, me quedo encerrada en casa todo el tiempo, y a veces me encuentro desesperada por una conversación adulta”.

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