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Irse a dormir tarde puede causar problemas en la escuela y en el trabajo

El síndrome de la fase de sueño retrasada afecta al trabajo y a los estudios, pero se puede superar de forma natural
lun 13 diciembre 2010 04:35 PM
Problemas de sueño
Problemas de sueño Problemas de sueño

Escucho cómo truena el piso, los escusados a lo lejos, una pisada tras otra… Mi esposo jala la cobija y se mete a la cama, empujando al perro, que ahora busca un nuevo rincón para acomodarse. Yo gruño y volteo a ver el reloj: son las tres de la mañana; hoy se va a dormir temprano. Verán, mi esposo es lo que mucha gente llama un "ente nocturno", pero en realidad sufre de un desajuste circadiano del ritmo de sueño llamado síndrome de la fase del sueño retrasada.

El ritmo circadiano significa ciclo de 24 horas. Los humanos tienen ciclos para dormir y despertar de 24 horas, así que en una situación óptima, nos despertamos en la mañana y después de 16 horas de estar despiertos nos da sueño y vamos a dormir durante ocho horas.

La gente con síndrome de la fase del sueño retrasada también pierde la sincronización con lo que se consideran horarios nocturnos normales (entre las 10 de la noche y la media noche), pero por razones desconocidas. Se desconoce la prevalencia exacta en la población general, pero se cree que afecta a entre el 7 y el 16% de los adolescentes y adultos jóvenes.

El síndrome de la fase de sueño retrasada suele comenzar en la adolescencia o al principio de la adultez. El ritmo de sueño se retrasa al menos dos horas de las normas sociales y este tiempo de sueño alterado puede tener repercusiones en el trabajo, en la escuela o en la vida personal de quienes lo padecen.

La gente con este desorden suele quejarse de insomnio porque intenta irse a dormir a un horario normal, pero su ritmo interno está programado para dormir después, y es imposible conciliar el sueño hasta que ya es demasiado tarde. Si tienen que despertarse para trabajar o para ir a la escuela, están muy cansados y todo el día tienen sueño, por lo que no funcionan a su capacidad completa.

Suelen tomarse el tiempo para una siesta, pero eso sólo hace que a la hora de ir a dormir en la noche vuelvan a tardar en conciliar el sueño.

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Normalmente, los pacientes que llegan al centro de sueño son adolescentes, llevados por sus madres, porque no pueden despertarse y llegar a sus clases. Sus calificaciones bajan y la escuela amenaza con expulsarlos; ¿cómo los puedo ayudar? Debo retomar mi ya conocido tema: la luz.

Los colocamos en un horario donde poco a poco movemos su hora de ir a dormir (sólo 15 o 30 minutos en el transcurso de varias semanas). Con cada cambio en el horario, deben evitar luces brillantes dos horas antes de la hora a la que deben ir a dormir. Solemos emplear lentes que filtran la luz azul, porque no es realista pensar que los adolescentes no van a estar frente a la computadora o usando un aparato electrónico. También les indico que en las mañanas salgan a recibir luz brillante.

En Chicago, donde yo me encuentro, gran parte del año recomendamos que esos pacientes empleen cajas de luz en la mañana . Yo recomiendo las que fabrica Lite Book porque emplean tecnología LED, lo que significa que son más pequeñas y los pacientes necesitan pasar sólo entre 15 y 30 minutos frente a la unidad.

También empleamos melatonina, pero no como ayuda para conciliar el sueño, sino para alterar el ritmo circadiano de la gente, y la aplicamos entre cinco y siete horas antes de la hora de dormir deseada en dosis pequeñas (0.5-1.0 mg). Yo siempre recomiendo que lo intenten en casa las primeras veces, en caso de que sientan sueño de inmediato.

También me gustaría advertir que, aunque el principio general de la luz brillante en la mañana y la luz tenue antes de dormir es fácil de comprender, también es fácil aplicar el principio de forma incorrecta y empeorar el problema.

Por ejemplo, una madre bien intencionada de un joven de 16 años puede leer esto y mañana en la mañana obligará a su hijo a salir de la cama a las 6:30 para que llegue a su primera clase. La noche siguiente él se quedará despierto incluso hasta más tarde, y levantarlo la mañana siguiente requerirá de que toda la banda de guerra entre a su alcoba.

Cuando la madre lo despierta a las 6:30, él apenas habrá tenido cuatro horas y media de sueño, y la temperatura central de su cuerpo no habrá llegado a su punto más bajo. Cuando sus ojos reciban la luz brillante antes de la caída más baja en la temperatura corporal, el reloj interno en el cerebro habrá sido reajustado a una hora más tarde, y eso retrasa el horario de sueño para la noche siguiente.

Muchas veces debemos esperar hasta las vacaciones para intentar reajustar el reloj de alguien. La mayoría de las veces, la ayuda de un médico de sueño es muy importante, y los pacientes tienen que desear cambiar su horario.

También es fácil confundir este desorden con el insomnio, pero dar a un joven una pastilla para dormir no suele lograr que se reajuste el reloj interno.

¿Por qué algunos adolescentes tienen estos cambios dramáticos en el sueño y otros no lo padecen? Eso puede ser hereditario, y los cambios en los genes del reloj circadiano han sido relacionados con este desorden, pero no podemos apuntar hacia una mutación genética específica que cause este problema.

El síndrome de la fase de sueño retrasada puede estar asociado a síntomas de depresión, pero la buena noticia es que muchas personas lo superan de forma natural, sobre todo cuando las responsabilidades de la vida adulta los obligan a volverse personas que se despiertan temprano. Algunas personas, como mi esposo, retoman su horario nocturno cada vez que tienen la oportunidad.

*Lisa Shives es fundadora de la clínica de sueño Northshore Sleep Medicine en Evanston, Illinois.

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