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La pesadilla de la discriminación para las mexicanas que trabajan

En el país, 3 de cada 10 mujeres han sufrido abusos que incluyen gritos, insultos, humillaciones y propuestas de carácter sexual
vie 02 septiembre 2011 12:40 PM
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Nota del editor: Este 3 de septiembre se cumplen 30 años de la entrada en vigor de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la ONU en 1979. Todos los días, millones de mujeres son víctimas de violencia de género en sus trabajos. Daniela fue sólo una entre esos millones.

(CNNMéxico)— La vida de Daniela siempre ha transcurrido entre hombres. Creció como la hermana menor de tres varones y asegura que siempre se ha sentido cómoda entre ellos. Incluso cuando entró a estudiar Ingeniería en Sistemas Computacionales pudo adaptarse bien a una generación en la que solo había cuatro mujeres en un grupo de casi 30 personas.

Eso cambió en su primer empleo: la única mujer en el departamento de sistemas de una empresa de distribución de estructuras para la construcción. Durante las jornadas laborales —cuenta Daniela— sus compañeros hacían burlas entre sí con comentarios sexistas, sus supervisores se acercaban demasiado a ella y tocaban su espalda o su pierna, a veces la tomaban de la mano. Luego de varias negativas a invitaciones de sus jefes a comidas y cenas, empezaron a dirigirse a ella de manera agresiva y a demeritar la calidad de su trabajo.

Como Daniela, en México el 30% de los poco más de 10 millones de mujeres que trabajan han sido víctimas de algún tipo de violencia laboral y más de un millón de ellas sufre de algún tipo de acoso sexual donde trabajan, según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2006 (ENDIREH).

Algunas de las formas más comunes de discriminación se manifiestan en salarios desiguales , despidos injustificados y la práctica de pruebas de embarazo periódicas. Sin embargo, existen otras formas de violencia en el ámbito laboral que suelen pasar desapercibidas.

Las formas de violencia psicológica se manifiestan principalmente en humillaciones, gritos, comentarios en los que se demerita el trabajo de las mujeres, o simplemente se les ignora.

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Maltrato, burlas y marginación

Para Daniela estas agresiones se manifestaron principalmente en días donde todo el departamento tenía que quedarse hasta tarde para migrar bases de datos o en guardias previas a inventarios. "Ni creas que por ser mujer te vas a ir antes", recuerda que le decía uno de sus jefes. También hacía burlas: "Háblale a tu novio o a algún amiguito para que vengan por ti". 

Como le pasó a Daniela, la mayoría de las agresiones entre mujeres se dan por parte de sus jefes: 820,772 casos de violencia en el trabajo al año son por parte de los superiores y 398,655 provienen de los compañeros laborales, según datos de la ENDIREH 2006.

Entre sus compañeros, Daniela no solo se sentía aislada, sino que también sabía que su grupo de trabajo se burlaba de ella debido a los constantes regaños de sus supervisores, que no se comportaban así con el resto del equipo. De hecho, Daniela asegura que fuera de sus regaños, las llamadas de atención en la oficina no eran comunes. Además sus propuestas no eran tomadas en cuenta y a pesar de ocupar un cargo similar al de ellos, el trabajo que le delegaban era de menor importancia.

"Durante muchos años, el espacio laboral perteneció a los hombres; era su territorio y su espacio. Cuando empiezan a llegar las mujeres a ese ambiente, se empiezan a sentir incómodos y no entienden qué pasa, o que las mujeres también pueden realizar esos trabajos y que no se los están quitando, sino que tienen que aprender a compartirlo. Ese cambio de roles puede causar discriminación a la mujer", afirma Maite Sainz, psicóloga y miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México.

Esta discriminación también puede originarse en la educación y los estereotipos sociales. “(La discriminación) es cultural. Por muchas generaciones, las mujeres se han visto como personas que deben ser sumisas, tolerantes, comprensivas y a pesar de los estudios formales, domina el sentimiento de minusvalía y por ello, siempre hay que estar demostrando y tolerando más que los hombres”, dice Patricia González, directora de la carrera de Psicología Organizacional del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

¿Cómo reaccionar?

Despertar todos los días temprano para ir a trabajar era algo que Daniela quería evitar, se sentía triste la mayor parte del tiempo y sola prácticamente toda la jornada en la oficina. El día que decidió renunciar a su trabajo fue cuando uno de sus jefes le reclamó haber realizado mal una tarea llamándola inútil con gritos y actitudes violentas.

Especialistas en el tema dicen que incluso en situaciones tensas y difíciles el uso de la violencia no es justificada.

"En ningún caso será permitido recibir llamadas de atención en forma violenta. Es importante estar abiertos a la retroalimentación, pero siempre debe hacerse con respeto; las mujeres deben demandarlo aún cuando se trate de situaciones difíciles, en discusiones o llamadas de atención", afirma González.

Una de las mejores formas para evitar ser molestada en el trabajo es comunicar y hacer ver que no permitirás ese trato.

"Para evitar este tipo de conductas es importante saber poner límites a tiempo y desde el principio. En el momento en que alguien te empieza a molestar, agredir, insultar o hacer cualquier conducta que te moleste, es importante aclarar al agresor que no te gusta su comportamiento. Tener límites muy claros y no meterse en el juego es muy importante, porque al hacerlo no le dejas claro al agresor si puede hacerlo o no", afirma Sainz.

Ahora Daniela tiene 45 años y trabaja en un corporativo como supervisora de sistemas. Bajo su cargo laboran un grupo de 10 personas, cuatro de ellas mujeres. Su primer empleo lo recuerda como una mala experiencia que le mostró lo difícil que es sobresalir en un mundo que dice: “Está dominado por hombres", pero al mismo tiempo sabe que nunca dejará que alguien más la discrimine por ser mujer, pues dice que llegar a donde está le ha costado “el doble o triple de trabajo que a un hombre, y no piensa renunciar a ello”.

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