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Masaaki Hatsumi, el último 'ninja', vive en la ciudad de Noda, Japón

El maestro comparte la sabiduría heredada de su linaje que data del siglo 12
dom 23 octubre 2011 10:13 AM

No es difícil encontrar al último ninja vivo. Vive y trabaja en la ciudad de Noda, una zona de Tokio, transmitiendo sabiduría desde el dojo Hombu, un sitio de entrenamiento bajo las vías del tren.

El interior es fresco y oscuro, lleno de retratos, velas y repisas con misteriosas armas blancas; un santuario dentro de una galería, dentro de un almacén parecido a un arsenal.

En medio de la sala, los domingos por la tarde, el gran maestro Masaaki Hatsumi enseña a todo aquel que quiera aprender.

El arte de los ninjas  no es necesariamente un secreto, pero las lecciones son a menudo dolorosas. Hoy es mi primera clase.

“Si lo haces correctamente, le romperías la mejilla”, dice Hatsumi a través de un traductor, demostrando un golpe casual, casi improvisado, en la cara de un joven y fornido estudiante australiano que debe tener casi un cuarto de su edad.

La práctica te hace letal

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Hatsumi cumplirá 80 años, pero dice que todavía es un estudiante, incluso después de más de medio siglo de práctica.

En ese tiempo, se ha convertido en instructor y líder espiritual de más de 100,000 seguidores de su sistema de combate: Bujinkan Budo Taijutsu. La mayoría de sus alumnos no son japoneses; muchos realizan una peregrinación para entrenar con Hatsumi en la ciudad de Noda.

Mi compañero de entrenamiento de ese día, el policía alemán y veterano artista marcial Dirk Rummel, describe su visita al dojo Hombu como un shugyou musha, o un viaje del guerrero.

“Creo que es importante llegar a las raíces del Bujinkan”, dice Rummel, mientras educadamente me tira al suelo.

El Bujinkan es en realidad una combinación moderna de nueve escuelas tradicionales de artes marciales japonesas, tres de las cuales han estado históricamente vinculadas con la enseñanza de las técnicas ninjas, ahora conocidas como ninjutsu.

El auge ninja

Vine a honrar a mi niñez. Crecí en Irlanda bajo la sombra del llamado auge ninja, un periodo durante la década de 1980 cuando los guerreros japoneses se infiltraron en Occidente a través de películas baratas, dibujos animados y cómics violentos.

Pasé gran parte de mi infancia cuidándome de estos súper escurridizos mercenarios de la muerte. Creí haberlos visto entre los arbustos verde brillante de los suburbios de Dublín, y estaba resentido con mis padres por fracasar al entrenarme en el uso de venenos, disfraces, y esas malvadas estrellas puntiagudas ninja.

Ahora me dicen que los ninjas reales e históricos del Japón feudal no tienen nada que ver con los asesinos acróbatas de los cuentos tradicionales  y la cultura pop.

De acuerdo con Hatsumi, quien ha escrito varios libros sobre el tema, los originarios eran una clase inferior de clanes paramilitares que habitaban en las montañas y poseían habilidades esotéricas y filosofías enseñadas por místicos generales desterrados de la dinastía Tang, de China.

La línea continúa

La autoridad de Hatsumi le fue  heredada de los 33 grandes maestros que le precedieron , en un linaje que supuestamente se remonta a Daisuke Nishina, el fundador de la escuela Togakure Ryu, en el siglo 12.

Él admite que no hay pruebas documentales de todo esto, fuera de los manuscritos sobrevivientes que describen las técnicas básicas.

La tradición ninja se mantiene viva gracias a la tradición oral y su aplicación física. El conocimiento está muy bien, dice Hatsumi.

“Nos brinda la ley, la cultura y la ciencia. Pero el conocimiento no es suficiente. Debe ser equilibrado con el Budo, el cual nunca se podrá explicar. Sólo puede ser entendido al hacerlo”.

Sus aforismos tipo zen suenan aún más convincentes cuando son enfatizados por una violencia suave y magistral.

“Debes convertirte en una pizca de polvo o nieve o basura en el aire”, dice Hatsumi sobre otra técnica, mientras camina con un bastón de madera y lo empuja hacia su asistente, quien termina en el suelo con el palo presionándolo fuertemente en la mandíbula, como una palanca para mantener su cabeza abajo.

Victorias que satisfacen

Los matices de estos movimientos son difíciles de seguir para cualquier principiante, y demuestro tener la misma habilidad que Winnie Pooh en mi intento de emular los golpes, bloqueos y defensas del gran maestro.

“Todos somos principiantes”, dice, y empiezo a entender la fe que inspira a tantos otros.

Hai, ok, juega”, dice Hatsumi en cada demostración, como si fuéramos niños. Sin embargo, cuando de repente las cosas me salen bien, y mi nuevo amigo Dirk cae como se supone que debe hacerlo, me siento más como un niño pequeño que como un arma letal: en éxtasis y asombrado.

El Bujinkan da la bienvenida a nuevos miembros. Cualquier persona interesada en unirse o asistir a una clase en el dojo Hombu debe contactar a la oficina directamente. Los principiantes pueden asistir sólo a ciertas clases, incluida una sesión los domingos por la tarde. Visita  el sitio web  para más detalles.

Nota del editor: Consulta más historias de Asia y el mundo  en CNNGo

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