“Es real, la inteligencia artificial va a generar una revolución en todo lo que trabajamos en cuestiones relacionadas con conocimiento. Lo que debemos es prepararnos para ello”, afirmó Calos Álvarez, socio y director creativo de la firma. Su propuesta es desarrollar habilidades transversales, también conocidas como soft skills, es decir, aquellas que permiten a una persona adaptarse a diferentes situaciones y entornos y no están ligadas a un trabajo o área de conocimiento específica.
De acuerdo con Álvarez, la inteligencia artificial está sustituyendo personas en labores especializadas, por ejemplo, como sucede en el campo de la traducción, cuyo trabajo altamente especializado se ha visto desplazado por sistemas de traducción automática. En contraste, explicó, lo que distingue a los humanos es la capacidad de pensar de forma creativa, adaptarse y liderar.
De acuerdo con el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, entre las diez habilidades más demandadas hacia 2030 estarán el pensamiento analítico y creativo, la resiliencia, la curiosidad y el aprendizaje continuo, además de la alfabetización tecnológica.
Además, el Capgemini Research Institute subraya que el 44 % de las habilidades laborales serán transformadas por la digitalización en los próximos años, lo que hace imperativo desarrollar capacidades transversales que permitan navegar esa transición.
Para Rodolfo Ramírez, CEO de Redbox, la palabra innovación ha perdido claridad por su uso indiscriminado. “Se habla de ser innovadores, pero pocas veces se explica qué significa. En esencia, es un proceso para generar crecimiento”, refirió.
Si bien Redbox colabora con grandes corporativos para crear estrategias de marca, el preámbulo de sus directivos es que ese mismo enfoque puede aplicarse al trabajador común. La clave, sostienen, está en aprender a identificar en qué áreas puede aportar valor único e incorporar la innovación como parte de la rutina, más que como un proyecto extraordinario.
Sergio Caétano, director de consultoría de la compañía, cuestionó la idea de que innovar siempre es sinónimo de disrupción tecnológica: “El 98% de las innovaciones que vemos en las empresas no reinventan la rueda, simplemente mejoran procesos o experiencias. Solo el 2% son realmente nuevas. Y eso está bien: innovar también significa resolver pequeños puntos de dolor que hacen la diferencia en la relación con los clientes o dentro de la organización”.
Los especialistas coincidieron en que, en tiempos en que la IA ya remplaza tareas técnicas, la innovación entendida como práctica cotidiana aparece no como un lujo de las grandes compañías, sino como una herramienta indispensable para cualquier persona que busque mantener su relevancia en el futuro del trabajo.