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El planeta ya tiene más dispositivos conectadas que personas, y la crisis eléctrica apenas comienza

El crecimiento de los centros de datos, la inteligencia artificial y el Internet de las Cosas presiona a las redes eléctricas del mundo y convierte a la energía en un factor clave para atraer inversiones.
crisis electrica por dispositivos conectados
IoT Analytics anticipan que el número de conexiones pasará de alrededor de 19,000 millones en 2024 a 40,100 millones en 2030. (Foto: Gorodenkoff Productions OU/Getty Images/iStockphoto)

Entre 2008 y 2009, por primera vez en la historia, la cantidad de dispositivos conectados a internet superó al número de habitantes del planeta. Aunque este hito ocurrió en ese periodo, fue hasta 2011 cuando Cisco dio a conocer un reporte que identificó formalmente ese momento como el nacimiento conceptual del Internet de las Cosas (IoT). El análisis revelaba que el mundo había superado el promedio de un objeto conectado por persona, un contraste drástico con el panorama de 2003, cuando ni siquiera existía un dispositivo por cada diez habitantes, marcando el inicio de una etapa en la que la red dejó de conectar únicamente seres humanos para incorporar teléfonos, cámaras, sensores industriales, electrodomésticos y una larga lista de objetos cotidianos.

Desde entonces la diferencia no dejó de ampliarse y en la actualidad Statista estima que existen alrededor de 19,800 millones de dispositivos conectados, mientras que la Organización de las Naciones Unidas calcula una población mundial cercana a 8,300 millones de personas, lo que equivale a poco más de 2.3 dispositivos conectados por cada habitante del planeta.

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Gabriel Zurdo, fundador y director general de BTR Consulting, calcula que después de 2030 habrá entre 50,000 millones y 70,000 millones de dispositivos conectados. Otras proyecciones de la industria, como las de IoT Analytics, anticipan que el número de conexiones pasará de alrededor de 19,000 millones en 2024 a 40,100 millones en 2030, mientras que Ericsson proyecta cerca de 39,600 millones de dispositivos conectados para el mismo periodo.

Además de la expansión del Internet de las Cosas, el crecimiento está influenciado por el despliegue de redes satelitales como Starlink, que busca ofrecer cobertura sobre prácticamente toda la superficie terrestre mediante miles de satélites en órbita, además de proyectos similares que impulsan la Unión Europea y China.

Toda esta gigantesca red en expansión conlleva una exigencia energética sin precedentes, donde cada sensor, satélite y dispositivo conectado suma presión a la red eléctrica global.

Más recientemente a esa tendencia se sumó la carrera por la inteligencia artificial, que requiere centros de datos con una capacidad de procesamiento mucho mayor que la infraestructura tradicional. Esto ha llevado a empresas como Microsoft, Amazon, Google, Meta y Oracle a anunciar inversiones multimillonarias para ampliar su infraestructura digital, una apuesta que incrementa tanto la demanda de servidores como el consumo de electricidad necesario para alimentarlos y mantenerlos refrigerados.

"La dificultad definitiva es el consumo de energía eléctrica. Si no se genera más electricidad, sostener todos los aparatos que vamos a conectar durante la próxima década será simplemente imposible", advirtió Zurdo.

La electricidad cambia de ritmo

La advertencia coincide con las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA), que identifica que entre 2014 y 2024, el consumo eléctrico global creció 2.8% anual en promedio. En 2023 aumentó 2.5%, el último año con un ritmo cercano a esa tendencia histórica, sin embargo, el panorama cambió de forma marcada un año después, cuando la demanda mundial de electricidad aumentó 4.4%, uno de los mayores incrementos registrados en los últimos años.

En 2025 el crecimiento se moderó a 3%, aunque permaneció por encima del promedio de la década previa. Hacia adelante, la IEA proyecta que la demanda eléctrica mundial crecerá 3.6% anual entre 2026 y 2030, un ritmo 50% superior al promedio registrado entre 2014 y 2024.

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El organismo atribuye ese repunte principalmente a las olas de calor que elevaron el uso de sistemas de refrigeración, aunque también identifica un mayor consumo asociado con la electrificación de la economía, la expansión de los centros de datos, la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos, la electrificación de edificios e industrias y mantener miles de millones de dispositivos conectados de forma permanente.

Es decir, cada cámara de vigilancia, reloj inteligente, automóvil conectado, sensor industrial o electrodoméstico que se incorpora a la red incrementa la demanda sobre los sistemas eléctricos.

A juicio de Zurdo, la infraestructura eléctrica deberá crecer al mismo ritmo que la infraestructura digital para evitar un escenario en el que la conectividad avance más rápido que la capacidad de generación eléctrica, el problema es que mientras que un centro de datos de última generación o una red de miles de nuevos dispositivos conectados pueden proyectarse y construirse en un plazo de uno a tres años, la ampliación de la infraestructura de transmisión y distribución eléctrica requiere procesos de planificación, permisos y construcción que suelen demorar entre cinco y quince años.

Estimaciones de la IEA revelan que actualmente existen más de 2,500 gigavatios (GW) en proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes consumidores de electricidad, como centros de datos, permanecen detenidos en listas de espera para conectarse a las redes eléctricas, debido a que la infraestructura de transmisión y distribución no cuenta con capacidad suficiente para integrarlos.

Para dimensionar esta cifra, ese volumen de energía "atascado" equivale a más de 27 veces la capacidad instalada total de generación de todo el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de México, la cual ronda los 90.5 gigavatios, un reflejo de cómo la demanda de la conectividad corre a una velocidad que la infraestructura física apenas puede asimilar.

"Cada una de esas conexiones que vamos a agregar durante las próximas décadas es una ventana que abre nuevos retos para la infraestructura”, sentenció Zurdo.

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Si la infraestructura eléctrica no aumenta al mismo ritmo que la digital, la disponibilidad de energía podría convertirse en uno de los principales límites para el crecimiento de sectores como la inteligencia artificial, los centros de datos y el Internet de las Cosas. Zurdo advierte que ese escenario podría materializarse durante la próxima década si la capacidad de generación no acompaña la expansión de los dispositivos conectados.

En ese contexto, el especialista concluye que la disponibilidad de electricidad también comenzará a influir en la competencia entre países por atraer inversiones, ya que las empresas tecnológicas buscarán instalar centros de datos y nueva infraestructura digital en mercados con capacidad suficiente para garantizar el suministro energético.

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