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La belleza de las solitarias máquinas expendedoras de Japón

Son omnipresentes y casi siempre están en exteriores, por lo que son inmediatamente evidentes para cualquiera que visite Japón; venden de todo, incluso algunos artículos bastante peculiares.
Monte Fuji
Monte Fuji El fotógrafo Eiji Ohashi ha pasado nueve años fotografiando máquinas expendedoras en ubicaciones remotas y escasamente pobladas en su isla natal de Hokkaido y en todo Japón. Sus mejores imágenes se han reunido en un libro titulado "Roadside Lights". (Foto: Eiji Ohashi)

Las máquinas expendedoras son un pilar de la cultura japonesa. Hay más de 5.5 millones en el país, una por cada 23 personas, la proporción más alta del mundo.

Son omnipresentes y casi siempre están en exteriores, por lo que son inmediatamente evidentes para cualquiera que visite Japón. Venden de todo, incluso algunos artículos bastante peculiares. La mayoría están abastecidas con bebidas calientes y frías. Algunas tienen nombres divertidos en inglés, como "Pocari Sweat" o "Calpis Water".

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Por la noche, en lugar de apagarse, las máquinas cobran vida con colores y luces vibrantes. El fotógrafo Eiji Ohashi ha pasado años fotografiándolas a lo largo de Japón bajo el manto de la noche, y ahora ha reunido las imágenes en un libro titulado "Roadside Lights".

Para Ohashi, las máquinas alguna vez sirvieron como faros: "Comencé este proyecto hace nueve años, cuando noté una resplandeciente máquina expendedora cerca de mi casa mientras volvía de mi turno de noche", dijo en una entrevista por correo electrónico. "En ese momento, vivía en un pueblo en el norte de Japón que sufría terribles ventiscas durante los meses de invierno. Conducía mi auto en esas condiciones y usaba la luz de las máquinas expendedoras para guiarme".

A la cultura japonesa le fascinan los procedimientos. Hay señales por doquier que explican cómo hacer fila, cómo cortarse el pelo o cómo usar el baño. Aborrecen andar adivinando.

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Pueblo de Urakawa, Hokkaido
Ohashi nació en Wakkanai, la ciudad más septentrional de Japón. En el extremo opuesto de la isla, en la punta sur, se encuentra Urakawa, un pueblo con una densidad poblacional de apenas 18 personas por kilómetro cuadrado.

Por tanto, las máquinas expendedoras ofrecen certeza. Su mecanismo solo permite un posible curso de acción. Al igual que los teléfonos inteligentes, brindan un escudo contra las interacciones personales. También están arraigadas en la tradición: en las zonas rurales, al borde del camino, aún es posible encontrar puestos de madera solos donde los agricultores dejan frutas, verduras y otros bienes que se pueden comprar dejando la cantidad correcta de dinero, no hay nadie para cobrar, no hay interacción.

Quizás esto solo pueda funcionar en un país con una tasa de criminalidad entre las más bajas del mundo. Las máquinas expendedoras en Japón rara vez son robadas o vandalizadas. De hecho, están bien cuidadas, lo que significa que siempre funcionan, lo que contribuye aún más a la satisfacción del cliente.

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Para Ohashi, esta es una de las razones detrás de su popularidad. "Puedes ponerlas en cualquier sitio y nadie las roba o maltrata", dijo. "Además, funcionan incluso cuando están enterradas en la nieve, ya que reciben un mantenimiento regular, algo que demuestra cuán metódicos son los japoneses".

Otra razón de su popularidad, señala Ohashi, es que a los japoneses les encanta la comodidad: "No creo que nadie en Japón piense que una máquina expendedora pueda alterar el paisaje de una ciudad. Siempre estamos pensando en formas de hacer la vida más cómoda. Creo que la máquina expendedora es un símbolo de eso".

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Curiosamente, el fotógrafo afirma que muchas de las máquinas tienen el mismo aspecto: "La forma de la máquina y los productos que vende son bastante similares en todo Japón".

Ciudad de Sapporo, Hokkaido
Esta máquina expendedora en particular se encuentra junto a una tienda que comenzó a operar hace 100 años, acercando lo viejo y lo nuevo.

Esto es inusual en un país que destaca con orgullo sus diferencias regionales, y donde incluso los bocadillos y los dulces se producen en variedades locales: los más de 300 sabores de KitKat son un famoso ejemplo.

Idénticas en todas partes, las máquinas expendedoras pueden brindar cierta sensación de confort a quienes viajan a diferentes partes del país, sugiere Ohashi. "Quería capturar la forma estandarizada de las máquinas expendedoras. Pensé que las diferencias entre las regiones podían verse a través de el paisaje que las rodea".

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Las fotografías de Ohashi transmiten una sensación de soledad al mostrar las máquinas en lugares remotos y en entornos nocturnos. En una foto que Ohashi cita como su favorita, el nevado Monte Yotei aparece detrás de una máquina expendedora que está sola en un lugar donde solía haber dos: "Las ganancias eran bajas y quitaron una de ellas", dijo.

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"Creo que de alguna manera comparo a las personas de hoy con las máquinas expendedoras. En nuestra vida cotidiana, también somos como máquinas expendedoras que pueden resistir tormentas de nieve pero que finalmente no reciben recompensa".

La exposición "Roadside Lights" de Eiji Ohashi estará en la Galerie &co119 en París del 7 de diciembre de 2017 al 18 de enero de 2018.

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