Qué sigue para el CEO después de la jubilación

El retiro, después de años en un puesto de alta dirección, no tiene por qué significar el fin de los negocios o de la actividad para los CEO de las empresas.
"No es una relación de una sola vía: el mentor comparte su experiencia, pero también se actualiza con la perspectiva de los emprendedores".
Jesús Bush.  "No es una relación de una sola vía: el mentor comparte su experiencia, pero también se actualiza con la perspectiva de los emprendedores".  (Foto: Anylú Hinojosa-Peña)
Samantha Álvarez /
CIUDAD DE MÉXICO (Revista Expansión) -

Jesús Bush preparó su salida del mundo laboral con cinco años de anticipación, tiempo suficiente para saber que quería ser mentor de emprendedores después de dejar de trabajar en 3M durante más de dos décadas, en las que se dedicó a la innovación y el desarrollo de tecnología como Chief Information Officer, Technology, Quality y Global Business Processes.

Todo comenzó en 2005, cuando la empresa, conocida por marcas como Post-it o Scotch-Brite, diseñó un programa de mentores internos para los colaboradores de mandos medios. Cada directivo tenía a su cargo tres mentees o discípulos, como se les llama a quienes reciben la guía y los consejos de gente más experimentada.

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La tarea de Bush era desarrollar y potenciar el talento de las personas a su cargo. “Hacerlos hábiles, eficaces y desarrollar su visión como futuros ejecutivos de la empresa”, cuenta. Unas características y fortalezas que sólo se adquieren con la práctica.

En 2012, casi tres años después de su salida de 3M, Bush comenzó a participar activamente en el Comité de Emprendimiento del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), que acompañaba y asesoraba a emprendedores para que diseñaran su plan estratégico de negocios y así evitar que su curva de aprendizaje terminara por extinguir sus jóvenes empresas.

Hoy ya no trabaja en el Instituto, se prepara para crear su propio centro para formar mentores, al que llamará Instituto Latinoamericano del Mentor y que estará listo este año, asegura. En él reunirá a los CEO o fundadores de empresas para capacitarlos, desarrollarlos y certificarlos por disciplinas.

El coach de start-ups quiere que la mentoría deje de ser simplemente anecdótica y empírica y se convierta en reuniones formales, calendarizadas y con objetivos trazados. Inglaterra y Estados Unidos ya llevan a cabo estas prácticas a través de sus institutos y secretarías de Estado que apoyan a los emprendedores. Y Bush se inspiró en ellas.

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Mientras prepara su gran proyecto, Bush dedica de 20 a 30 horas a la semana a dar mentorías pro bono. Hasta el momento, sus consejos hay sido escuchados por más de 100 mentees. Entre sus recientes discípulos están Tumbiko, una firma localizada en Taxco, Guerrero, dedicada al diseño y producción de joyería, y Solena, empresa de biofertilizantes ubicada en Guanajuato.

Víctor y Aldo Uribe, fundadores de Tumbiko, recibieron la asesoría de Bush desde antes de crear la empresa en 2015. Una vez al mes, quedaban para comer y, entre las preguntas que tenían que contestar al mentor cada mes, estos hermanos se encontraban temas como qué iba a aportar su negocio a México o cuánto estaban facturando. Bush nunca cobró por sus consejos y, hasta la fecha, definen juntos cada mes las metas y comentan los logros de las que fijaron el mes anterior.

Experiencia compartida

Para mentores como Bush, no es sólo una relación de una sola vía, en la que los exdirectivos comparten su experiencia. La riqueza para ellos está en el diálogo con el emprendedor, asegura el exejecutivo de 3M.

Al estar en contacto con ellos, se actualizan y conocen la nueva realidad que viven los negocios en el mercado. Para Bush, un mentor no debe participar como inversionista en la misma empresa donde vierte sus consejos, porque puede darse un conflicto de intereses.

Éste es el caso contrario de Guillermo Cruz, fundador de la empresa familiar ACAD Asesores de Consejo y Alta Dirección, una consultora de negocios para medianas empresas, que ha llevado a la Bolsa Mexicana de Valores al menos a 30 firmas. Cruz está preparando su retiro para los 70 años, ahora tiene 57.

El plan incluye entre seis y siete años de entrenamiento a su sucesor, pues quiere dejar a su hijo al frente del negocio. Así, dejará de ser un operador para convertirse en un estratega. Por el momento, se involucra en el mundo de las inversiones en start–ups a través de un fondo que construyó en su etapa productiva.

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La posición actual que toma en las empresas en las que invierte es como consejero, de esta manera se asegura de que la compañía tenga resultados positivos. Y ése es el camino que quiere seguir hasta que cumpla 80 años. “No más porque luego nos volvemos necios”, asegura.

Cuando se trata de sólo ser consejero de las compañías, Cruz recibe pago por sus honorarios. Dedica 60% de su tiempo a dar mentorías a sus asesorados y 25% a atender a su grupo empresarial, compuesto por cinco compañías. Para el fundador de ACAD, el mentor tiene la responsabilidad de transmitir las mejores prácticas administrativas a los emprendedores, ayudarles a reconocer la importancia del control adecuado, la integración de un gobierno corporativo y darles una visión estratégica que les evite cometer errores y les ayude a crecer más rápido.

Cruz y Bush han logrado establecer vínculos de amistad con sus mentees: aseguran que, para poder guiarlos, tienen que entender el contexto de las personas más allá de los negocios. Christian Hauswaldt, inversionista de Play Business y especialista en planeación financiera para el retiro asegura –basado en estudios del World Report y UBS– que en México la inversión en start-ups y fondos de capital privado es aún baja.

En el país hay 120,000 personas que tienen inversiones líquidas por 1 millón de dólares, sin contar su vivienda; en Estados Unidos son 3.5 millones. Hauswaldt recomienda a los CEO que quieran convertirse en mentores inversionistas que el dinero que dediquen sea un excedente que no ponga en peligro su calidad de vida, ya que invertir en start-ups es riesgoso. Seis de cada 10 muere en etapa temprana, pero las que llegan al éxito compensan la pérdida de las otras. El portafolio de inversión debe estar compuesto por 20 o 50 empresas y los montos destinados a cada una deben ser pequeños, sugiere.

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Ser mentor e inversionista es una vía para vivir la etapa del retiro, apoya Adriana Berrocal, presidenta nacional del IMEF. Es una actividad que les ayuda a mantenerse ocupados y activos, dice. Hay personas que aun con 80 o 90 años tienen sabiduría que compartir y sus consejos en cuanto a gestión de negocios, manejo de crisis o red de contactos es de gran utilidad para las nuevas generaciones de empresarios.

Nota del Editor: El texto fue publicado en la revista Expansión CEO No. 1215, del 1ro de julio de 2017.

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