¿Y si el Reino Unido se saliera de la Unión Europea?

Estas son las implicaciones para la región si decide alejarse del grupo de naciones; este 23 de junio los británicos decidirán la permanencia en un referéndum.
Una directiva de la UE es utilizada por los países de la Unión para expulsar a personas consideradas
comisión europea  (Foto: Getty, )
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LONDRES (EFE) -

De entrada, una pesadilla para los eurófilos y un peso menos para los eurófobos. Pero un Brexit - salida del Reino Unido de la Unión Europea- supondría en realidad un salto al vacío puesto que hasta ahora ningún país se ha separado del bloque.

La UE, a través del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, afirmó que no existe un plan B y Downing Street no tiene uno alternativo. Paso entonces a la improvisación.

Algunos incluso lo han convertido en el tema de un War Game (simulacro) organizado en enero en Londres en presencia de exresponsables europeos. El juego se avinagraba ante la eventualidad de un Brexit.

La primera etapa para una eventual salida pasa por una negociación entre las dos partes, como prevé el artículo 50 del Tratado de Lisboa. En dos años tendría que hallarse una solución, a no ser que las dos acordaran prolongar el plazo.

De "benéfica", nada

La segunda fase dependería del desenlace de estas negociaciones: Reino Unido permanecería en el Espacio Económico Europeo (EEE) como Noruega o Islandia, y por lo tanto seguiría como miembro del mercado único. ¿O no?

En la City londinense, el barrio de negocios más importante de Europa, contrario al Brexit, se han estudiado todas las posibilidades. El presidente del gigante bancario europeo HSBC, Douglas Flint, que optó por quedarse en Londres, adelantó que podría deslocalizar 1,000 empleos.

El primer ministro, David Cameron, ha advertido del peligro de pensar que una salida de Europa sería benéfica.

Según un estudio del think tank Open Europe, un Brexit costaría alrededor de un punto del Producto Nacional Bruto en 2030. "Salir del mercado único y de la unión aduanera no se compensaría con un nuevo acuerdo comercial con la UE", estima. 

La prosperidad del país fuera de la UE pasa, según el estudio, por una "liberalización comercial y una desregulación".

Pero abrir sus fronteras a la competencia de países de mano de obra barata contradice la voluntad declarada de limitar drásticamente la inmigración, espina dorsal del Brexit.

Una evidencia en cualquiera de los casos. Reino Unido retomaría el control de sus fronteras y limitaría la inmigración de todos los países, incluidos los de Europa del Este, privando a sus ciudadanos de subsidios sociales.

Y es que el parlamento podría derogar las normas de la UE integradas en la legislación británica.

Queda otro asunto: ¿la policía fronteriza británica seguiría apostada en Francia o este país decidiría detener los controles y dejar partir por el Eurotúnel (túnel ferroviario submarino en el Canal de la Mancha) a los miles de migrantes bloqueados en la llamada Jungla de Calais?

También tendría consecuencias para los ciudadanos de la UE residentes en el Reino Unido, que serían tratados como los demás extranjeros y necesitarían un permiso de residencia y de trabajo. Los países de la UE podrían responderle con la misma moneda aplicando las mismas reglas a los británicos.

En el ámbito de la seguridad y la defensa, es razonable apostar por que todo el mundo tendría interés en proseguir con la cooperación y el intercambio de información.

Vuelta a las "medidas imperiales"

Pero el papel del Reino Unido a nivel mundial se debilitaría. El presidente estadounidense, Barack Obama, y el chino Xi Jinping pidieron a Londres que siga en la UE.

Las consecuencias no se limitan a lo dicho. Escocia organizaría un nuevo referéndum sobre su independencia, furiosa por un divorcio por la fuerza de una UE de la que quiere seguir formando parte. Y esta vez, al contrario de 2014, la secesión sería un hecho.

Para Cameron también sería un duro golpe. Pasaría a la historia como el primer ministro que no ha sabido lidiar con el euroescepticismo consustancial a su país. Yendo un poco más allá en las quinielas, podría aventurarse que sería desbancado por el euroescéptico Boris Johnson, alcalde de Londres y candidato a su sucesión.

Todo ello sin contar con una infinidad de repercusiones más inesperadas: nada impediría el abandono del sistema métrico impuesto por una regulación europea en 2009 y la vuelta a las "medidas imperiales", dando la razón al grupo de presión de los "Mártires métricos".

 

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