Crecen las aceleradoras corporativas, ¿y sus egresados?

Las grandes empresas se suman a la tarea de acelerar 'start-ups'. Pero graduar emprendedores no debe ser su meta, consolidar negocios, sí.
Aumento.  El número de compañías que ofrecen a los emprendedores un programa de aceleración para impulsar el desarrollo de sus 'start-ups' se ha multiplicado en los últimos cinco años.  (Foto: iStock)
Elia Baltazar
CIUDAD DE MÉXICO -

El 2 de junio de 2016, Rob Cuevas y Roberto González viajaron al hangar de Volaris en Tijuana para presentar Kmimos, la start-up que fundaron en 2015 con 70,000 dólares. Si lograban convencer a un jurado de que su plataforma digital de cuidado de mascotas tenía potencial de crecimiento, ingresarían al programa de aceleración para emprendedores de la aerolínea. Y lo lograron.

A partir de su incorporación a la aceleradora de Volaris, Kmimos fortaleció su participación en el mercado. Los fundadores recibieron mentorías en innovación, estrategia de negocios y marketing. Además, en julio pasado, la aerolínea comenzó a ofrecer los servicios de la start-up como parte de su oferta de viaje.

El crecimiento ha sido “desproporcionado”, dice Cuevas. Volaris no invirtió en Kmimos, pero le ofreció una pista de despegue que elevó su meta de facturación de 1.65 millones de dólares en 2017 a 15 mdd para el año próximo. El éxito de Kmimos fue su propia capacidad para crecer, a partir del incremento en la demanda de sus servicios al aparecer en el sitio de internet de Volaris.

La empresa no comenzó de cero, pues ya había levantado capital y mostraba una tendencia de crecimiento, que se aceleró con el programa TakeOff de Volaris, que es ejecutado por la firma de emprendimiento Bluebox.

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En México, el número de compañías que ofrecen a los emprendedores un programa de aceleración para impulsar el desarrollo de sus start-ups se ha multiplicado en los últimos cinco años, aunque no todos los egresados de estas iniciativas tienen el éxito esperado. Empresas como Telefónica, Cinépolis, Axtel, Masisa y Grupo Bimbo, entre otras, se han sumado a esta oferta, que consiste en dar capacitación, financiamiento o, incluso, establecer alianzas comerciales.

Así como la oferta aumenta, la demanda también. El estudio Aceleración en México: datos iniciales de las start-ups mexicanas, que en mayo pasado presentaron Citibanamex Compromiso Social y la Red de Aspen de Emprendedores para el Desarrollo (ANDE), revela que 21% de los emprendedores busca un programa de aceleración por la red de contactos que les ofrece, 20%, por la posibilidad de contar con un mentor, 17%, por el interés de financiamiento directo, y 12%, por la posibilidad de hallar inversionistas.

Pero la graduación masiva de las aceleradoras corporativas no es la mejor opción para fortalecer el ecosistema. “Las start-ups tienen que aprender a vivir por su cuenta”, recomienda Luis Martín Cabiedes, socio de la firma española de capital de riesgo Cabiedes & Partners. El especialista considera que las aceleradoras corporativas “no aportan demasiado” a los emprendimientos. Sus programas, afirma, “son operaciones de relaciones públicas” que significan un ahorro en publicidad. “Es puro teatro corporativo”, agrega.

¿Y la eficacia?

La fiebre del emprendimiento en México ha multiplicado el número de start-ups, pero no su consolidación. El reporte de la ANDE apunta que, en el país, “los inversionistas de impacto suelen tener dificultades para desarrollar sus portafolios y se interesan en las aceleradoras, como forma de crear empresas aptas para recibir inversiones”.

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Con sus programas de aceleración corporativa, Bluebox es uno de los puentes entre emprendedores y fondos de inversión. La empresa implementó su primera iniciativa en 2014 con Cinépolis. A partir de ahí, replicó el modelo con Bimbo, Axtel, Grupo Modelo, Sura y Volaris. “Para cada aceleradora corporativa hay una tesis de búsqueda”, afirma Juan Pablo Sánchez, director de Operaciones de Bluebox.

La firma analiza con el corporativo las tendencias y las tecnologías innovadoras en su industria para conocer sus necesidades, luego hace una búsqueda de start-ups en América Latina y, de una base de datos de entre 200 y 500, eligen a 12 o 16 para trabajar durante cuatro meses en los programas de aceleración. Regularmente son emprendimientos con un promedio de vida de entre dos y tres años, que ya tienen clientes y, en muchos casos, también ya recibieron inversión, explica Sánchez.

Pero el éxito de una start-up, a partir de su ingreso en una aceleradora, no está garantizado, admite. “Les damos el soporte y las vías de acceso para que el emprendedor, si cumple con los requisitos del corporativo, pueda trabajar con éste”, detalla. Lamentablemente, dice, hay emprendedores que no visualizan la oportunidad o sus tecnologías no cumplen con los estándares del corporativo. “Son situaciones que no podemos controlar”, afirma.

Sin embargo, asegura que en cada uno de los programas de Bluebox hay al menos dos start-ups que se hicieron proveedores de los corporativos o están en un proceso de inversión con éstos.

Ganar-ganar

Para Sánchez, el mejor indicador de éxito de los programas de aceleración son los vínculos entre start-ups y corporativos y que, en ese modelo, las dos partes ganan. El especialista español compara esta práctica con un zoológico, donde exhiben al emprendedor como un animal y “le tiran un plátano” para atraerlo.

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Las críticas, sin embargo, no inhiben el interés de los corporativos por los emprendimientos, que representan un acercamiento a la innovación. “Si las aceleradoras corporativas han crecido es porque las empresas se dan cuenta de que tienen mejores resultados en su búsqueda de innovación”, explica Carlos Flores, jefe de la aceleradora de negocios Wayra México, de la empresa española Telefónica.

Sin embargo, Cabiedes considera que esto es pura probabilidad. “Aunque una empresa tenga 1,000 ingenieros trabajando en innovación, afuera habrá más probabilidades de innovar porque hay más ingenieros”, agrega.

Para Flores, de Wayra, se trata de animar el éxito de las start-ups mediante el consumo de emprendimiento. “Hay que vislumbrar a aquellas que están logrando cosas interesantes con los corporativos, para que sean cada vez más los interesados en crear sus propias aceleradoras”, dice.

Aceleradora corporativas

En 2017, al menos cinco empresas impulsaron sus programas de desarrollo de emprendedores.

Levadura: Para sumarlos a su aceleradora, Grupo Modelo inició en enero la búsqueda de emprendedores de la industria de bebidas.

Nave: En mayo, Axtel seleccionó la segunda generación de su programa para impulsar start-ups de tecnologías de la información.

Masisa Lab: La productora de tableros Masisa presentó en mayo su iniciativa para emprendedores del sector de construcción.

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Eleva: Grupo Bimbo lanzó en junio su programa para start-ups con innovaciones en alimentos, suministro y automatización.

Sura AM México: Impulsar empresas fintech es el objetivo de la aceleradora de Grupo Sura, que presentó su proyecto en julio pasado.

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