Proteak, un negocio que rompe con el esquema empresarial

Esta empresa, que hoy cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), es un ejemplo de iniciativa disruptora que creó un nuevo negocio en una industria sin tradición en el país.
Proteak, una empresa que no es como las demás
Sheila Sánchez Fermín /
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

“¿Esas plantaciones de qué son?” Eso le preguntó Héctor Bonilla a su tío en un viaje que realizaron en auto rumbo a Tabasco, en 1999, para celebrar el fin de año.

“Son de cedro, y es el mejor negocio que te puedas imaginar. La gente se esta haciendo rica con esto”, le contestó.

Bonilla —que trabajaba como consultor en The Boston Consulting Group, pero quería dejarlo para emprender algo propio—, se puso a investigar y descubrió tres cosas: que el cedro no era un árbol tan importante en la industria forestal mexicana, que no era tan buen negocio y que su tío no tenía ni idea de lo que decía. Pero ese fue el detonante que le despertó el interés por un sector que apenas existía en México.

“Concluí que si hubiera plantado cedro, todos hubiéramos quebrado rápidamente. Y plantamos teca”, cuenta. Así nació, en el año 2000, la empresa forestal Proteak.

El emprendedor eligió la teca porque es un árbol cuyo valor crece con el tiempo y porque su madera se comercializa en todas partes, pues se usaba para hacer barcos en la guerra.

“Es la única madera que se conoce en todo el mundo y con el mismo nombre, teca o teak”, detalla Bonilla. Su idea, que nació de estudiar ese sector en el mundo, era tener una especie de seguro para la vejez.

“Lo veíamos en aquella época como una especie de ahorro para el retiro”, dice. El modelo de negocio consistía en recaudar dinero, desarrollar plantaciones de teca, esperar 15 o 20 años a que crecieran, cortar la madera, venderla, recoger las utilidades y replantar nuevos árboles. Es decir, para ver ganancias habría que esperar unas dos décadas.

Esta empresa, que hoy cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), es un ejemplo de iniciativa disruptora que creó un nuevo negocio en una industria sin tradición en el país.

Estos ejemplos de innovación son escasos en México, donde las mayores firmas nacionales aún son compañías energéticas, constructoras o cementeras con cerca de 50 años de historia, y donde los emprendedores no suelen convertirse en negocios grandes, institucionales y con acciones en la Bolsa.

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Sin embargo, hay algunas excepciones: empresas que inventaron otras formas de hacer dinero, como Proteak, o que desarrollaron un nuevo sector, como Sports World con las cadenas de gimnasios, o que crearon estrategias diferentes en una actividad tradicional, como Hoteles City Express y Volaris. Hoy, todas tienen la confianza de los inversionistas y son firmas sólidas en la BMV.

“La innovación disruptiva no es hacer un cambio o mejora en un proceso. Es cuando haces un nuevo modelo de negocio”, explica Manuel Hinojosa, director de Innovación de KPMG. “Estas empresas aportan crecimiento, diversidad y una nueva oferta, incluso nuevas tecnología y mecanismos”

Proteak, madera para el retiro

El primer paso para Bonilla fue conseguir fondos. Para ello, buscó socios que aportaran dinero. “El sueño que yo vendía, y el que seguimos vendiendo, es que cuando llegues al retiro vas a tener un patrimonio importante basado en árboles”, explica.

Les contaba que la teca puede multiplicar su valor inicial por diez. “Es algo así como: ‘Tú me tiras 35,000 dólares y después podrías sacar 350,000 dólares en 20 años”.

Usando sus contactos como consultor, logró sumar más de 100 inversionistas, entre ellos algunos directivos de Cemex y Alberto Torrado, presidente de Alsea.

En poco tiempo, la empresa ya era otra. Durante la siguiente década, el capital reunido sirvió para adquirir nuevas plantaciones, sobre todo en Tabasco, e invertir en investigación genética y viveros para acelerar el crecimiento de los árboles y asegurar su calidad.

El siguiente paso para recaudar fondos fue salir a Bolsa, en 2010. Recaudó 828 millones de pesos (MDP): fue un hito, pues la empresa —concentrada en levantar capital para desarrollar las plantaciones— apenas generaba ingresos. En su caso, los tradicionales reportes trimestrales, con que los inversionistas valoran la evolución de un negocio, no tenían mucho sentido.

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“Hicimos 150 presentaciones y tuvimos 10 inversionistas. No fue fácil”, cuenta Bonilla. Al final, pudo convencer a las Afores, que buscan rentabilidad a largo plazo: estas instituciones se quedaron con cerca del 90% de la colocación. La salida a Bolsa le ayudó a Proteak a invertir en negocios de cortoplazo que le dieran ingresos recurrentes.

Compró plantaciones maduras de teca en Colombia y Costa Rica y comenzó a vender la madera en los principales países consumidores, como India, China y Vietnam.

“Lo que hacemos con Vietnam es que mandamos mucha madera, les compramos productos terminados —como tablas de picar— y luego los vendemos en Estados Unidos y en Europa”, explica Bonilla.

Las ventas en el extranjero representaron el 57% de sus ventas totales, de 237 MDP, en 2015, comenta Julián Fernández, analista de Bursamétrica.Además, tres años después de su colocación en Bolsa, Proteak compró plantaciones de eucalipto.

“Fue aprovechar una oportunidad que había, y nos volvimos una empresa mucho más de corto plazo”, explica Bonilla. Con ello, la compañía incursionó al negocio de la producción y venta de tableros MDF, un material muy empleado para hacer muebles, tanto por fabricantes artesanales como por industriales como IKEA, y que se produce a partir del eucalipto o del pino.

“Nadie estaba convencido de que pudiéramos hacer de esto una historia de éxito”, dice el CEO, Gastón Mauzevin. “La empresa funcionó con una visión más filantrópica que inversionista. Pero, entre más transcurría el tiempo, más nos convencíamos del potencial”.

La nueva mina de oro

A una hora de Villahermosa, la capital de Tabasco, se encuentra Huimanguillo. En esta localidad, muy cerca de las plantaciones de eucalipto de la empresa, está la planta con la que Proteak fabrica MDF. Es una nave industrial de más de 30 hectáreas, con capacidad de producir 6 millones de tableros al año, en la que invirtió 220 millones de dólares (MDD). Comenzó a operar en febrero.

Es la gran apuesta de la compañía. La estrategia es alcanzar el 40% de participación de mercado de la producción del MDF en México, donde también compiten firmas como Masisa y Duraplay, que ya se mueven para no perder terreno: Duraplay inició en 2015 la construcción de una planta en Chihuahua y Masisa acaba de inaugurar la suya, en junio, en Durango.

Las empresas están aprovechando la oportunidad que ven en México para desarrollar la industria del tablero, en donde más del 90% del MDF es importado, sobre todo de Chile y Brasil. La tendencia creciente en el uso del MDF, en muebles para oficinas y viviendas, se debe a su flexibilidad —lo que permite fabricar todo tipo de cosas con él— y su buen precio, dice Rigoberto Chávez, presidente de la Asociación de Muebles de Jalisco.

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El mercado potencial es muy grande. Los clientes van desde muebleros a empresasal público en general. Masisa, por ejemplo, planea crecer hasta 170% sus ingresos durante los próximos cinco años, gracias a su inversión de 130 mdd en la planta de MDF, afirma Ramiro de León, director general de la compañía.

“La gran mayoría de las oficinas de la industria automotriz están hechas por Masisa, y somos los proveedores de la empresa más grande de muebles para oficina”, afirma.

La inversión estimada por las empresas de esta industria para este año y 2017 es de 470 mdd, según la Comisión Nacional Forestal.

Ante este panorama, Proteak ya está pensando en una segunda planta de MDF en el mismo terreno de Huimanguillo. Incluso está en conversaciones para proveer a IKEA, revela Omar Nacif, director de Tecnotabla, la marca de la empresa para este negocio.

“La verdad, el que tiene la posibilidad de quedarse con el pastel conforme vaya creciendo somos nosotros, porque somos los únicos que tenemos la materia prima (la madera) y un negocio vertical que va desde la plantación hasta la venta”, comenta.


*Este reportaje fue publicado en la edición 1195 de la Revista Expansión, que salió a la venta en la segunda quincena de agosto de 2016.

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