La última entrevista de Lorenzo Servitje

El fundador de Grupo Bimbo habló con Expansión en noviembre de 2015 y detalló su visión de los negocios.
Lorenzo Servitje, fundador de la panificadora más grande del mundo, falleció a los 98 años.
Uno de los grandes empresarios.  Lorenzo Servitje, fundador de la panificadora más grande del mundo, falleció a los 98 años.  (Foto: Duilio Rodríguez)
Alberto Bello /
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

Expansión entrevistó a Lorenzo Servitje en noviembre de 2015, para un reportaje de portada que la revista publicó un mes después sobre los secretos que llevaron al éxito de Bimbo a 70 años de su fundación. En la entrevista, el empresario que creó la mayor panificadora del mundo, hoy con ingresos de cerca de 190,000 millones de pesos al año, detalló la historia de la empresa y su filosofía de los negocios. Ésta fue la conversación:

Expansión: ¿Cuál es el secreto del éxito de Bimbo?

Lorenzo Servitje: Suerte (risas).

Pero para que una empresa familiar perdure tantos años, debe haber otros factores. Usted es una persona con mucha atención a los valores y al trabajo, ¿qué papel cree que ha tenido eso en el crecimiento de Bimbo?

La lealtad, el amor por la camiseta, ha sido el secreto de nuestro éxito, el personal es muy cercano de la empresa. Le cuento una anécdota que siempre cuento: un vendedor se jubila muy bien, y hay un momento en que sabe que sale un nuevo uniforme para los vendedores, y dice: 'Aunque estoy jubilado, quiero que me regalen un uniforme'. '¿Y para qué quieres un uniforme?' 'Es que quiero que me entierren con él'.

Es único, el cariño que tenemos para esa gente, la verdad es que los queremos. A mí me preguntan mucho por qué hay esa relación con nuestro personal, y les digo: 'Es que los queremos, punto' (risas).

Usted es una figura fundamental en el mundo empresarial mexicano, ¿qué le gusta que piensen de usted? ¿Cuál cree que es su legado? ¿Qué es lo que deja usted en el mundo empresarial mexicano?

Que la empresa no es sólo un negocio, sino que es un proyecto de vida. Es decir, que no nos interesa el negocio sólo por dinero, nos interesa porque se hace una obra, lo que en cierto modo usted recoge. Uno construye una empresa, empleo, tenemos 126,000 personas en todo el mundo y tratamos que la filosofía, que la cultura de la empresa se reproduzca en todos los países. Y no nos está costando trabajo: la gente se sorprende y responde, los colaboradores nuestros se empapan del asunto y responden. Tenemos la filosofía de la doctrina social y cristiana, de estar cerca de los pobres y de tener una responsabilidad, por tener dinero, así es.

Usted aún viene a la oficina a diario. ¿Cuál es su agenda?

Vengo para cuestiones digamos sociales, personales, de obras que aporto, como Más Ciudadanía, esos. Nuestra meta es hacer política no partidista.

Ahora en México se está poniendo de moda ser empresario, ser emprendedor. ¿Qué consejo le daría a todos esos emprendedores que quieren arrancar una empresa? ¿Qué ha aprendido usted en todos estos años?

Mucha gente antes buscaba tener un trabajo, punto. Es decir, entrar a la burocracia o hacer negocitos. Sin embargo, el concepto de ser empresario se ha ido desarrollando, en buena parte ha ayudado el Ipade (la escuela de negocios que contribuyó a fundar), pero sí hay más gente que quiere ser empresaria, que no se resigna a ser burócrata.

El consejo que doy es que trabajen mucho, que ahorren y que se arriesguen. Son las tres cosas. Trabajar mucho: no ocho horas, ni diez, sino mucho, como Daniel. Ahorrar, no gastar: la gente hace negocios y luego luego comienza a gastarse lo que gana, en lugar de invertir. Y luego que se arriesguen, que no sean conservadores, que tomen ciertos riesgos, calculados.

¿Cuál es el mayor riesgo que tomó usted con la empresa?

Que nos endeudamos al 100%. Es decir, el negocio necesitó un millón de pesos y nosotros conseguimos 50, la mitad, nosotros aportamos 500,000 y los bancos aportaron otros 500,000. Fue un banco español que desapareció, se llamaba el Banco de la Propiedad.

¿En qué año fue eso?

Hacia 1944, al arrancar.

Y arrancaron endeudados.

Sí. Tomé el riesgo: trabajar, ahorrar y arriesgarse. Tan arriesgarse que debíamos la mitad del negocio.

¿Cómo empezaron la empresa, usted y socios, el señor Jorba y el señor Mata?

Acabábamos de salir de la universidad, a hacer negocios, no de Bimbo, sino un negocio como representantes de empresas extranjeras en México. Teníamos 23 o 24 años y entonces el mundo estaba en guerra, por el 39 y 40 (la Segunda Guerra Mundial). Entonces, nos pusimos a vender productos en el extranjero y a importarlos. Fuimos primero comisionistas, vendiendo lo que fuera. Recuerdo que nuestro primer pedido fue un pedido de aguarrás mexicano, y exportamos aguarrás, conseguimos a un proveedor mexicano que nos dio una comisión por venta.

Ahí hicimos los primeros centavitos, fue así, primero fuimos comisionistas, los tres comisionistas, después fuimos importadores y exportadores y finalmente acabamos de industriales, porque vendíamos oxido de zinc y de plomo, los tres comerciantitos.

Entonces hicimos el primer dinero, los tres teníamos un 25% cada uno, y había otro, el señor Sendra. Yo tenía el negocio de mi padre, era una pastelería en el centro de la ciudad, la pastelería El Molino, que fue importante. Ahí trabajaba el señor Sendra, un primo mío, primo-tío mío, que vino de España huyendo de la Guerra Civil, llegó a México y entonces él fue un socio con el 15%, y el restante lo conseguí con un tío mío, ya por último. Del 100% de la empresa sólo teníamos nosotros el 75%.

Son los socios con los que arranca Bimbo.

Sí, con familia y amigos.

Y empezaron ustedes con ambición, con un terreno muy grande y muchas camionetas de reparto.

Nosotros íbamos a necesitar 3,000 metros cuadrados, para la fábrica, y mi suegro tenía un fraccionamiento donde vendían terrenos. Entonces me dijo: 'No te voy a vender 3,000 metros, te voy a vender toda la manzana'. 'Don Daniel —así se llamaba mi suegro—, no tenemos dinero. 'Se lo fío'. Y la manzana nos la vendió a crédito.

Otro riesgo.

Otro riesgo, para él y para nosotros también (risas). Dos años después construimos otros 3,000 metros, y a los cinco años construimos el resto del terreno. Terminamos la manzana. Y luego, más o menos unos 10 años después, fuimos a Azcapotzalco, ahí compramos un rancho muy grande, tan grande que nos sobró terreno, y dijimos: 'Ya no hay que construir aquí, hay que irse fuera de la ciudad'. Y nos fuimos a invertir a Toluca, y de ahí ya vino todo.

Ya crecieron exponencialmente.

Sí, ésa es la historia.

Vivieron ustedes un México muy diferente, un México que no estaba abierto al mundo comercialmente.

Pero no muy diferente, no, nos tocaron unos presidentes analfabetos en lo económico. López Portillo y Echeverría, que no sabían nada de economía, y pasamos malos ratos con más devaluaciones.

Y cómo ve a México, cómo ha cambiado?

No acaba de encontrar su camino, ése es el problema. Tiene muchas cualidades, pero no encuentra su camino. Los políticos... como en todas partes.

¿Cuál debe ser la relación de un empresario con los gobiernos?

El empresario tiene que pagar impuestos, porque la costumbre era evadir impuestos en nuestra época, cuando estuvimos en Bimbo hubo que portarse bien y pagar impuestos.

Usted se ha mantenido lejos de la política, ¿no?

Lejos, sí, aunque he participado a través de las organizaciones empresariales, del Consejo Coordinador Empresarial, yo fui vicepresidente del Consejo Coordinador, cuando había vicepresidentes.

Háblenos de Daniel, su hijo (hoy presidente de Bimbo). ¿Cómo se involucró en la empresa?

Fue una suerte. Cuando él termina la preparatoria, le digo: 'Qué vas a hacer, hijo mío'. La gran pregunta. Me podía salir con que quiere ser religioso, me podía salir con que quiere ser músico, quién sabe. Y con mucho tino, dijo esto: 'Papá, tenemos un buen negocio, ésa es la palabra, tenemos un buen negocio. Voy a estudiar la carrera de negocios'. Y él se fue e hizo su maestría en Stanford, de ahí ya vino su vocación de empresario, y resultó tremendo, cómo trabaja.

Le cuento: el domingo 27 de septiembre tuvo lugar una carrera, una caminata de varios kilómetros en 22 ciudades en todo el mundo, simultáneas, para correr (los empleados de Bimbo) con sus uniformes. Y Daniel estuvo ahí... En primer lugar, dicen que se equivocó y en lugar de llegar a las 7 de la mañana a la caminata, llegó a las 5, y terminada la carrera, a las tres o cuatro de la tarde, se fue a Brasil, casi inmediatamente, para trabajar. Estamos en desacuerdo con esas locuras, debería descansar más, pero ahí le muestro qué responsabilidad tiene con la empresa.

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Bimbo es hoy una empresa que está en casi todos los continentes. En cambio, cuando usted cuando era presidente y director general, era una empresa 100% mexicana. ¿Cuáles son las diferencias más grandes o lo que más le sorprende del Bimbo de hoy respecto del Bimbo que era en sus inicios?

El crecimiento que ha tenido en otros países. A mí me sorprendió una de las últimas adquisiciones, que fue en Canadá, y cómo a través de Canadá nos relacionamos con Europa, aunque ya teníamos el negocio en España... El negocio de España es muy curioso, porque en 1963, mi socio Jaime Jorba, uno de los socios fundadores de este negocio, y que sus descendientes siguen siendo socios de esa empresa, se decidió a entrar en España, él en lo personal, como que nos invitó a nosotros en minoría. Entonces, él trabajó en España y lo desarrolló, pero creció tanto en la distribución y en créditos que recibió, que se vio obligado a asociarse con una compañía americana, al 50%, y luego vendimos a los americanos, que se quedaron con Bimbo España. Pero hubo unos hechos recientes, hará unos pocos años, cuando al comprar nosotros la compañía Sara Lee en Estados Unidos, adquirimos de nuevo España. Ha sido extraordinario recuperar la marca, un sueño.

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