Karl Lagerfeld, el niño exótico

El influyente diseñador y fotógrafo alemán contó los secretos de su vida a la revista Life & Style; el duro carácter de su madre y sus ganas de ser diferente lo hicieron emigrar a París y crecer.
Karl Lagerfeld AP  (Foto: AP)
(CNNExpansión) -

Cuando era pequeño, el alemán Karl Otto Lagerfeld, uno de los diseñadores más influyentes del siglo XX,  ícono de Chanel y fotógrafo de vanguardia, odiaba la niñez.

"Me parecía un momento de interminable estupidez", admite a sus 77 años en una entrevista publicada en la edición de febrero de la revista Life & Style.

"Era demasiado exótico para el lugar en el que me encontraba", dice, al recordar que era un pequeño autodidacta, solitario, al que le gustaba escribir y, sobre todo, ser diferente a los demás en un pueblo de 4,500 hectáreas al norte de Alemania, donde fue criado en la década de 1930.

"Sólo tenía una idea: salir de aquí", confiesa.

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El padre de Karl, Christian, era distribuidor de una empresa que introdujo la leche condensada en Alemania.

Su madre, Elisabeth, era vendedora de lencería de seda hasta antes de conocer a su marido; sin embargo, era bien educada -al grado que dominaba con maestría el violín-, con buen gusto y bastante rígida.

Quizá su sentimiento sobre la infancia se vio ahondado por el duro carácter de ella. Cuenta Karl varias experiencias: En una, a pesar de ser corto de vista, su madre no le permitía usar lentes, "los niños con lentes son la cosa más fea del mundo", decía.

O bien, que Karl nunca debería fumar, porque sus manos eran bastantes feas y el cigarro sólo llamaría la atención sobre ellas.

En referencia al lento hablar y a las largas historias de cualquier niño, le decía "Tú puedes tener seis años, pero yo no", lo que lo obligaba a hablar y a contar sus historias con rapidez.

Cierto día, con furia y conocedor de esas experiencias, el hermano de su madre le dijo: "Tu hijo va a ser igual de superficial que tú". Y desde temprana edad, el pequeño Karl recortaba imágenes de revistas de moda, era bastante crítico con el modo de vestir de sus compañeros de clase y, en general, con el de la gente a su alrededor.

Karl tenía una hermana mayor. Debido su corta edad, no sabía nada sobre lo que sucedía en el mundo, ni de Hitler ni de la guerra.

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A los 15 años, Karl emigró a París, donde trabajó como asistente de la casa de alta costura Pierre Balmain y comenzó la meteórica carrera que lo llevó, como se lo predijo una adivina por esas fechas, a aumentar su éxito a medida que fue avanzando en edad.

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