La actividad de la amígdala puede predecir eventos cardiovasculares importantes

La amígdala es un componente crítico de la red cerebral del estrés que nos lleva a una clara conexión con enfermedades cardiovasculares cuando ésta se activa.
El hallazgo sugiere una compleja cadena de eventos que podrían explicar el vínculo entre el estrés y el riesgo cardíaco.
Conexiones  El hallazgo sugiere una compleja cadena de eventos que podrían explicar el vínculo entre el estrés y el riesgo cardíaco.  (Foto: Cortesía)
Jacqueline Howard
(CNN) -

Los científicos saben desde hace tiempo que el estrés puede influir en la salud de tu corazón, pero era un misterio exactamente cómo se daba esta relación… hasta ahora.

La actividad en la amígdala, una región del cerebro asociada con el miedo y el estrés, puede predecir tu riesgo de enfermedad cardíaca y embolia cerebral, de acuerdo con un estudio publicado el miércoles en la revista médica The Lancet.

"El estudio arrojó varios hallazgos novedosos. Demostró, por primera vez en modelos animales o humanos, la parte del cerebro -la amígdala- que se relaciona con el riesgo de futura enfermedad cardiovascular", expuso el Dr. Ahmed Tawakol, codirector del programa cardíaco PET/CT en el Hospital General de Massachusetts y principal autor del estudio.

"La amígdala es un componente crítico de la red cerebral del estrés y se vuelve metabólicamente activa durante los momentos de estrés", dijo Tawakol. Agregó que el estudio podría proporcionar nuevas ideas sobre cómo reducir las enfermedades cardiovasculares relacionadas con el estrés.

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Las enfermedades cardiovasculares (que involucran el corazón o los vasos sanguíneos) son la principal causa de muerte entre hombres y mujeres de todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.

En Estados Unidos, más de uno de cada tres adultos tiene al menos un tipo de enfermedad cardiovascular y la cardiopatía es la principal causa de muerte en el país.

‘Nos sorprendió’

El nuevo estudio incluyó a 293 adultos que se sometieron a tomografías por emisión de positrones (PET) y computarizadas (CT) en el Hospital General de Massachusetts en Boston entre 2005 y 2008. Los escáneres registraron la actividad cerebral, la actividad de la médula ósea, la actividad del bazo y la inflamación en las arterias del corazón.

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Algunos estudios en animales ya habían sugerido que el estrés puede conducir a una mayor actividad de las células en la médula ósea y el bazo.

Luego, los investigadores monitorearon la salud de cada paciente durante dos a cinco años, durante los cuales 22 de los pacientes tuvieron un evento de enfermedad cardiovascular, como una embolia, un ataque o una insuficiencia cardíaca.

Tras analizar las tomografías y la salud cardíaca de cada paciente, los investigadores encontraron que una mayor actividad en el cuerpo amigdalino estaba asociada con un mayor riesgo de un evento cardiovascular.

El vínculo entre la amígdala y los eventos de enfermedad cardiovascular siguió siendo significativo incluso después de que los investigadores tomaron en cuenta otros factores de riesgo cardiovascular, como el tabaquismo, la diabetes o la hipertensión.

"Nos sorprendió la forma tan sólida en que la actividad amigdalina predijo eventos cardiovasculares severos, ofreciendo también información sobre el momento de esos eventos", dijo Tawakol.

Los investigadores también encontraron que la actividad de la amígdala estaba relacionada con el aumento de la actividad de la médula ósea y la inflamación en las arterias.

El hallazgo sugiere una compleja cadena de eventos que podrían explicar el vínculo entre el estrés y el riesgo cardíaco.

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El estrés puede activar la amígdala, dando pie a la producción de células inmunitarias adicionales por la médula ósea, lo que a su vez puede afectar las arterias, causando inflamación, lo que podría conducir a un evento de enfermedad cardiovascular, como un ataque al corazón o un derrame cerebral.

¿Cómo medir el estrés?

Sin embargo, "las asociaciones señaladas en este estudio, aunque son estadísticamente significativas, no prueban la causalidad", reconoció Tawakol. Se necesita más investigación para replicar los hallazgos en una muestra más grande de pacientes.

"Yo diría que las conclusiones son definitivamente novedosas, prometedoras y pueden replicarse", comentó sobre el estudio Thomas Kamarck, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Pittsburgh. Ha escrito sobre el estrés psicosocial y las enfermedades cardiovasculares, si bien no participó en el nuevo estudio.

En su opinión, medir la actividad cerebral para predecir eventos cardiovasculares es "bastante único e interesante". Pero "la implicación del artículo es que esta medición de la actividad cerebral puede ser usada como un marcador de la exposición acumulativa al estrés. De eso último no estoy tan seguro y requerirá una validación adicional".

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Ello se debe al enorme debate que existe entre los científicos sobre cómo medir el estrés, dijo Kamarck. "No hay consenso sobre la mejor manera de definir y medir el estrés", señaló. "Una de mis preguntas sobre la medición de la actividad de la amígdala en reposo utilizada por estos autores es si es mejor conceptualizada como un marcador de exposición al estrés, reactividad al estrés o tal vez a ambos".

Por su parte, el Dr. Joel Dimsdale, profesor emérito de la Universidad de California en San Diego, calificó el nuevo estudio como "de vanguardia".

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Aunque no estuvo involucrado en este estudio, Dimsdale también ha realizado investigaciones sobre el estrés psicológico y las enfermedades cardiovasculares.

"La dieta, la actividad física y la genética juegan ciertamente un papel enorme en las enfermedades cardiovasculares. No obstante, este estudio demuestra que la forma en que el cerebro percibe el estrés también está vinculada con los riesgos futuros de enfermedades cardiovasculares", dijo. "Sugiere un nuevo enfoque para examinar los vínculos entre el estrés, la emoción y las enfermedades cardiovasculares".

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