TLC y maquiladoras

Las empresas maquiladoras de exportación constituyen el eje de mayor dinamismo industrial en el pa?

A tres años de iniciado el TLC, las sombras que existían en torno al futuro de las maquiladoras ya se disiparon. Si bien se observan algunos cambios, todo indica que este sector continuará siendo estratégico para México y Estados Unidos. Actualmente, los flujos comerciales efectuados por las maquiladoras representan para México 39 y 24% de las exportaciones e importaciones totales, mientras que para Estados Unidos representan 2.5 y 9.3% de sus exportaciones e importaciones.

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Tercer socio comercial de Estados Unidos, detrás de Canadá y Japón, las exportaciones de México a la Unión Americana sumaron en 1996 $74,200 millones de dólares, con lo que las ventas mexicanas se incrementaron a una Tasa de Crecimiento Media Anual (TCMA) de 23.6%. Paralelamente, las compras a Estados Unidos sumaron $54,700 millones de dólares, lo que representa un crecimiento medio anual de 5.5%. De esta manera, México registró un superávit comercial con Estados Unidos por $19,500 millones. Además de que a lo largo de tres años de TLC casi duplicó sus exportaciones. La explicación de este comportamiento está en la importancia creciente de la producción compartida dentro de los flujos comerciales de México.

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El desempeño de las Empresas Maquiladoras de Exportación (EME) ha sido sorprendente: el número de establecimientos promedio pasó de 620 en 1980 a 2,411 en 1996; los puestos de trabajo se -incrementaron 531.4%, al pasar de 119,500 a 754,500; los flujos comerciales también crecieron, al punto que si en 1980 aportaban 16.1 y 8.3% de las -exportaciones e importaciones totales, para 1996 aportaron 39 y 34%.

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Por otra parte, mientras que el comercio de manufacturas muestra un déficit permanente entre 1980 y 1996, las operaciones de la producción compartida registran superávit en el mismo periodo. No obstante, es necesario señalar que la TCMA previa a la operación del TLC fue de 13.9%, mientras que bajo el Tratado ha sido de sólo 6.3%. Esto se explica porque al entrar en vigor el TLC y el proceso de desgravación que supone, el incentivo para operar a través de la maquila se ha reducido.

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De esta manera, la importancia de algunos sectores ha cambiado. Por una parte, los sectores de servicios, industria maderera y el así llamado otras industrias manufactureras han mostrado un retroceso en su importancia relativa, mientras que los de papel, minerales no metálicos, industrias metálicas básicas y sustancias químicas han ocupado una mejor posición. Aunque algunos sectores siguen manteniendo su participación, al interior de las ramas que los componen se aprecian cambios significativos. Tal es el caso del automotriz, que en 1988 representaba 37% del Valor Bruto de la Producción (VBP) del sector de productos metálicos, maquinaria y equipo, y para 1995 cayó a 28.6%. En el mismo sector, la rama de equipos y aparatos electrónicos pasó de 38.4 a 46% en el mismo periodo. En el sector textil, la rama de prendas de vestir aumentó de 38.8 a 56.1%, constituyéndose en el eje de expansión de este sector.

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MAQUILAR CON SUB O SOBREVALUACIÓN
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Sin duda, los niveles de sobre o subvaluación del peso restan o añaden atractivo y competitividad a las operaciones de producción compartida, más conocidas como maquila, pero no son el único factor que las determina.

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Entre 1980 y 1996 el nivel del tipo de cambio ha pasado por tres periodos: en 1980-82 estuvo -sobrevaluado hasta en 50%; en 1982-87 se mantuvo subvaluado hasta en 28%, y finalmente, entre 1988 y 1996 se sobrevaluó de nuevo, con excepción de 1995, cuando el “error de diciembre” hizo que el peso tuviera una subvaluación de 14.2% en promedio.

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De otra parte, el crecimiento de establecimientos durante el mismo periodo muestra que la producción compartida no se alteró por estos efectos, ya que mantuvo sus tasas. Esto se debe, primero, a que los ciclos de expansión o contracción de la maquila dependen más de los ciclos económicos de Estados Unidos que de los nacionales; segundo, a que el diferencial de los costos salariales pagados en la manufactura entre México y Estados Unidos -constituye una plataforma difícil de cambiar aun en el largo plazo.

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Obviamente, el nivel de sobre o subvaluación del peso frente al dólar incide de manera directa en el diferencial de costos salariales entre México y Estados Unidos. Por ejemplo, la devaluación de diciembre de 1994 y sus secuelas hicieron caer el costo salarial por hora pagado en México de $2.47 dólares a $1.23 en 1996. No obstante, una revisión de los -costos-hora promedio en la manufactura en diferentes países muestra que, si en los años 80 los salarios pagados en México se localizaban en un nivel semejante al de los países de Europa del Este o los “tigres asiáticos” –Corea, -Taiwan, Hong Kong–, durante la última década estos últimos aumentaron sus niveles -salariales mientras que México conservó, en el mejor de los casos, el mismo nivel.

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Paralelamente, en Estados Unidos, entre 1988 y 1995 los salarios-hora promedio pagados en la manufactura pasaron de $13.9 a $17.2 dólares la hora. Esto significa que durante más de 10 años los salarios-hora pagados en México han representado menos de un décimo del costo-hora promedio pagado en Estados Unidos. Así, aunque el nivel del tipo de cambio ha influido, no alteró sustancialmente esta relación.

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Es necesario reconocer la importancia de los otros factores competitivos existentes antes de las reformas económicas de los años 80, todavía vigentes, aunque con otro peso.

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Independientemente del nivel de sobre o subvaluación del peso, los bajos costos de transporte, la disponibilidad de fuerza de trabajo, la cercanía geográfica y la facilidad de controlar la producción han formado un primer grupo de ventajas para localizar operaciones de maquila en México. En un segundo grupo están la disponibilidad de infraestructura y energía eléctrica, los niveles de calificación de la fuerza de trabajo en ascenso y la existencia de un marco jurídico favorable para la inversión y el comercio.

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EL TLC Y LA PRODUCCIÓN COMPARTIDA
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El dinamismo observado en la maquila obedece a fenómenos estructurales de tiempo atrás, pero también a nuevas fuerzas. En este contexto, es clara la contribución de las reformas económicas comerciales originadas en la década de los 80. El TLC ha impulsado el -desarrollo de fenómenos preexistentes a su firma, que han reforzado la importancia de la maquila, y que pueden resumirse en cuatro grandes tendencias:

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La primera de ellas está vinculada a la apertura del mercado mexicano. En sus orígenes, el Programa Maquilador sólo permitía la importación libre de impuestos de las materias primas e insumos para su transformación (y posterior exportación) en las zonas libres o a lo largo de la faja fronteriza y prohibía la venta de estos productos localmente. La producción compartida era una actividad “cerrada” al mercado mexicano, ya que sus productos no competían en el mercado interno, sino de manera muy lateral y siempre y cuando no existiera oferta local. Esta situación complementaba el papel como centros de costos que estas operaciones tenían para sus empresas matrices en el extranjero.

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Con la puesta en marcha del TLC se amplió y calendarizó la posibilidad –existente ya desde 1994– de vender en el país productos manufacturados en las maquiladoras en porcentajes crecientes, hasta que esta prohibición desaparezca en el año 2001. Esta desregulación ha sido tomada por algunas compañías como un incentivo para abrir en México nuevas operaciones o ampliar las existentes. Es significativo que las más interesadas en ampliar sus ventas en el mercado doméstico han sido las firmas que se localizan en ciudades del interior, más cerca de los grandes mercados de consumo.

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La segunda tendencia se expresa en un aumento en el número e importancia de las operaciones asiáticas en la producción compartida en México. Los países de Asia –Japón, Hong Kong, Corea y Taiwan– representan un tercio de las importaciones totales norteamericanas y cerca de 60% de las que realizan las operaciones de producción compartida. Las reglas de origen pactadas en el TLC han propiciado un aumento en el número de empresas asiáticas dentro del programa de producción compartida. Esto ha facilitado que estas empresas aumenten el consumo de insumos intermedios de origen norteamericano, en aras de minimizar los impuestos causados en partes producidas fuera del área del TLC.

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Como es sabido, los componentes de origen norteamericano de los productos manufacturados en Japón dentro de la producción compartida sólo representan 1.6%, mientras que en México es de 58%, según estadísticas de la United States International Trade Commission (USITC).

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El TLC establece que algunos insumos deben ser de origen norteamericano, ya que se consideran estratégicos para la elaboración de ciertos productos, como es el caso de los televisores: se estableció que deben contener cinescopios hechos en Estados Unidos. Las compañías asiáticas que manufacturan televisores utilizando plantas de ensamble en la frontera de México, reaccionaron ante esta regla de origen con dos estrategias: realizando nuevas inversiones en plantas de producción en Estados Unidos y cambiando sus proveedores asiáticos por proveedores estadounidenses.

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La lista es larga y elocuente sobre el curso que ha adquirido este fenómeno. Por ejemplo, la planta de Sony en San Diego, California, produce los cinescopios que se ensamblan en televisores en las plantas de Tijuana, Baja California, y del mismo San Diego. Mitsubishi expandió su producción de circuitos impresos en Mexicali, Baja California, transfiriendo toda su producción de tarjetas para televisores de gran tamaño de Asia a México, y dejando el ensamblado final en Santa Ana, California. Las empresas coreanas Samsung y Daewoo construyeron en Tijuana y Mexicali, respectivamente, plantas para producir tubos de rayos -catódicos que antes se producían en Asia.

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En coinversión con Ashai Glass y Corning Glass, Samsung además inició la construcción de una planta para producir vidrio para monito-res de computadoras y televisores (hoy todavía la mayor parte del vidrio utilizado en Tijuana para manufacturar televisores japoneses y coreanos es importada de Asia). Asimismo, la firma coreana GumSung construyó una planta en Mexicali para producir chasises para televisores y monitores de computadoras. La compañía taiwanesa Delta Products construye una planta en Nogales, Sonora, que remplazará a las de China y Tailandia en donde ensamblan baterías para computadoras.

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Otras compañías asiáticas han seguido distintas estrategias para -participar del mercado norteamericano cumpliendo con las reglas de origen del TLC. Así, la coreana LG -Electronics prefirió adquirir la planta de televisores Zenith, utilizando cinescopios manufacturados en la Unión Americana, mientras que Acer, de origen taiwanés, adquirió la fábrica de computadoras portátiles de Texas Instruments, en El Paso, Texas.

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El sector textil también se ha visto motivado por el TLC en la misma dirección. Como se recordará, al entrar en vigor este Tratado, se dio por terminado el Convenio Textil que limitaba las exportaciones, con lo que las compañías estadounidenses de esta rama encontraron en las actividades de maquila en México una alternativa para trasladar sus operaciones de Asia, en donde además existen restricciones para aumentar las cuotas hacia México. En este contexto, México desplazó a China como el mayor exportador de prendas de vestir a Estados Unidos.

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El listado que a continuación se presenta constituye una muestra de las operaciones que realizan las empresas maquiladoras establecidas en México.

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El informe Las Maquiladoras de Exportación en México fue elaborado por el Departamento de Investigación y Desarrollo del Grupo Editorial Expansión bajo la coordinación de Carmen Aguilar Vega y Gerardo Mendiola P.

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