La crisis de la confianza excesiva

Expertos señalan que esta percepción es un rasgo que podría ser vital para tener éxito; los más audaces pueden obtener mayores recompensas que aquellos que evalúan el riesgo racionalmente.
Exito  (Foto: Jupiter Images)
David Ewing Duncan
NUEVA YORK -

Hace miles de años, nuestros ancestros comenzaron a salir de África convencidos de que había algo mejor detrás de la siguiente colina. Descaradamente se enfrentaron a un mundo lleno de peligros y bestias mucho más feroces que ellos mismos, y su audacia como cazadores probablemente contribuyó a que algunas especies, como los tigres con dientes de sable y el mamut, se extinguieran.

Aunque parece haber pocas similitudes entre aquellos tiempos prehistóricos y la actuala época, parece ser que la misma audacia que nos convirtió en predadores exitosos también ocasionó los implacables avances del homo sapiens, de las cuevas a los condominios, y del regateo a los fondos de cobertura.

Se puede decir que nuestra excesiva confianza es la que nos mantiene en movimiento, y ahora, un nuevo ensayo llamado "La evolución de la confianza excesiva", realizado por investigadores en Escocia y San Diego, sugiere que este distintivo rasgo humano podría ser vital para tener éxito.

Pero esta predilección para sobreestimar las capacidades, adversarios y resultados, también tiene su lado oscuro, pues no todos pueden ser el mejor con tan sólo pensarlo. Veamos el ejemplo de los conductores: más del 90% cree que sus habilidades de manejo son superiores a las del promedio de la gente; o los profesores universitarios: 94% de ellos cree que son superiores al promedio de los maestros.

Aunque algunos sí se califican y evalúan de forma correcta, eso simplemente no puede ser cierto para todos, pero su excesiva confianza puede seguir siendo un punto a favor, pues impulsa la toma de decisiones, las ambiciones, la moral y la tenacidad, incluso para el conductor o profesor promedio.

Aun cuando por definición la confianza excesiva dificulta que se logre evaluar el riesgo de forma correcta, también ha contribuido a que los peligros cambien, pues hace 15,000 años el temor era ser engullido por un felino gigante, y ahora es el calentamiento global, la guerra de Vietnam y la catastrófica respuesta ante el huracán Katrina.

Con el colapso financiero reciente, se enfrenta una epidemia de confianza excesiva en casi todos los sectores: inmobiliarias, compradores, inversionistas, banqueros, legisladores, etc. Cuando nos acercábamos al colapso del año pasado, las señales de advertencia eran claras a medida que la deuda se acumulaba, los precios en la vivienda y las ventas comenzaron a caer y el punto más alto de los mercados estaba muy alejado de la economía real. 

Incluso así, en julio de 2008, el secretario del Departamento del Tesoro, Henry Paulson, dijo que "nuestro sistema bancario es seguro y fuerte".

La propensión humana a la confianza excesiva ha llevado a psicólogos experimentados a que descifren cómo un rasgo que puede ser tan destructivo sigue teniendo tanta presencia en nuestro código genético.

Los biólogos Dominic Johnson, de la Universidad de Edimburgo, y el científico político James Fowler, de la Universidad de California en San Diego, autores de "La evolución de la confianza excesiva", ofrecen una explicación: empleando un modelo matemático que compara la confianza excesiva con la confianza tenue, llegaron a la conclusión de que los más audaces normalmente obtienen mayores recompensas que aquellos que evalúan el riesgo de forma racional.

Johnson y Fowler estiman que cuando los beneficios potenciales representan al menos el doble del costo de la competencia, la confianza excesiva es la mejor estrategia. "Esto se debe a que los individuos con confianza excesiva aceptan más retos cuando existe incertidumbre sobre la fuerza de sus oponentes, y por consecuencia, también del resultado de los conflictos", escribieron Johnson y Fowler, "mientras que los individuos con niveles de confianza menores se alejan tímidamente de muchos de los conflictos que podrían ganar".

Si es cierto, esto contradice la teoría económica y social prevaleciente desde hace 30 o 40 años, la cual afirma que los individuos y las sociedades tienden a tomar decisiones racionales, sopesando los costos y beneficios de una forma razonable, ya sea para comprar un auto nuevo o para ir a la guerra.

El escenario propuesto por Johnson y Fowler también explica por qué la teoría de las decisiones racionales parece haber fracasado espectacularmente en el último par de años. Visto a través de su modelo, los comerciantes financieros estaban tomando riesgos más fantásticos, casi siempre con dinero ajeno, creyendo, aparentemente, que podrían obtener grandes ganancias. Al igual que los conductores, la mayoría asumió que no sólo estarían por encima del promedio, sino muy por encima.

Como hemos aprendido, existe un límite exterior que parece ocurrir cuando la confianza excesiva se vuelve demasiado extrema y el rango entre los costos y las recompensas se vuelve peligrosa o potencialmente suicida. Los antiguos griegos llamaban a este tipo de confianza excesiva "hubris": orgullo, confianza y ambición excesiva de la que los mitos y las historias griegas constantemente advertían tanto a los mortales como a los dioses. En aquel entonces no había gestores de fondos de inversión.

Pero no hay una formula para predecir el momento en el que la confianza excesiva se convierte en hubris, y la optimización ocasiona el desastre. Si la hubiera, nuestros ancestros distantes hubieran evitado matar hasta el último de los tigres dientes de sable, y en nuestros tiempos económicos turbulentos auto-ocasionados, tal vez habríamos sabido qué tan desenvueltos necesitamos ser para reparar el daño que ocasionó nuestra propia desenvoltura.

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