Un hombre cruza la selva de Camerún para sanar a los más pobres

Ni el lodo o la corriente de agua de un río impide a George Bwelle llegar a las zonas sin servicios médicos
¿Conoces a un Héroe que haga algo por la comunidad?
Autor: Meghan Dunn y Daniell Berger
(Reuters) -

Durante 21 años, Georges Bwelle ha observado a su padre enfermo entrando y saliendo de su conciencia, con la necesidad de acudir a hospitales que no están equipados para ayudarlo.

James Bwelle resultó herido en un accidente automovilístico en 1981 cerca de Yaounde, capital de Camerún. En primera instancia, solo sufría de un brazo roto, pero desarrolló una infección que se propagó hasta su cerebro, provocando un hematoma que lo afectaría por el resto de su vida.

"No había neurocirujanos en Camerún", dijo Bwelle. "De haber tenido dinero, él sería atendido fuera de Camerún".

En cambio, Bwelle pasó años con su padre en clínicas y hospitales sobrepoblados, donde recibía un tratamiento de acuerdo a lo que había.

"No es fácil", dijo Bwelle. "Puedes salir de casa por la mañana, con la presión de ser el primero en el hospital, y aún así no lo eres. Hay muchos pacientes, algunas personas pueden morir mientras esperan".

La situación ha cambiado mucho desde que el padre de Bwelle falleció en 2002.

En Camerún solo hay un doctor por cada 5000 personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Estados Unidos es de un doctor por cada 413 personas.

Incluso si tuvieran el acceso, muchos habitantes no podrían pagarlo. Dos de cada cinco personas en el país viven por debajo de la línea de pobreza y casi tres cuartas partes de los gastos en salud son privados.

"El único problema que tienen es ser pobres", dijo Bwelle. "Y en la pobreza no pueden disfrutar de su vida".

Después de ver a su padre y a tantos miembros de su comunidad sufrir, Bwelle tenía la determinación de hacer algo al respecto.

Se convirtió en doctor y trabajó como cirujano vascular en el Hospital Central de Yaounde. También fundó una organización no gubernamental, ASCOVIME, que ofrece servicios médicos gratuitos en áreas rurales los fines de semana. Desde 2008, él y su grupo de voluntarios han ayudado a casi 32,000 personas.

Casi cada viernes, Bwelle y hasta 30 personas se reúnen en camionetas, atan los suministros médicos al techo y viajan a través de terrenos intransitables para llegar a los pueblos que lo necesitan.

No siempre tienen suerte. Han tenido que empujar vehículos para cruzar ríos y lodo más de una vez. Pero cuando llegan, reciben una bienvenida digna de un héroe: una fiesta, cantos y bailes, y el mejor alojamiento que la comunidad puede ofrecer.

En estos pueblos, el servicio médico gratuito es una verdadera razón para celebrar y Bwelle (con su gran risa y energía ilimitada) está feliz de unirse a la diversión.

Al siguiente día, el equipo comienza a recibir a cientos de pacientes.

"En cada viaje recibimos a más de 500 personas", dijo Bwelle. "Vienen de lugares que se encuentran a 60 kilómetros del pueblo y llegan a pie".

Cada fin de semana el equipo ofrece una variedad de servicios médicos. Tratan a muchas personas por malaria, tuberculosis, desnutrición, diabetes, parásitos y enfermedades de transmisión sexual. Otros pueden recibir muletas, un par de anteojos donados o certificados de nacimiento gratuitos, documentos que son necesarios para la escuela, pero que muchas familias pobres no pueden pagar.

Por las tardes, el equipo realiza cirugías sencillas con anestesia local. Normalmente las operaciones se hacen en la escuela, en el palacio de gobierno o en las casas; después del procedimiento, los pacientes pueden levantarse y caminar al área de recuperación para darle oportunidad al siguiente paciente.

El grupo médico cuenta con su propio generador, que ilumina la sala de operaciones y también sirve para esterilizar el equipo. Bwelle y sus voluntarios trabajan hasta altas horas de la madrugada. Es una misión agotadora, pero los músicos del pueblo normalmente mantienen motivado al equipo.

"Tocan sus tambores toda la noche para mantenernos despiertos y poder continuar trabajando", dijo Bwelle.

El domingo, el equipo regresa a la ciudad cansado pero orgulloso de su trabajo.

El grupo: una mezcla de doctores cameruneses y estudiantes médicos extranjeros realizó 700 cirugías gratuitas el año pasado, y saben que su ayuda puede hacer la diferencia para aquellos que la reciben.

Un hombre explicó que la cirugía gratuita que le practicaron de una hernia le permitirá trabajar de nuevo.

"Esto cambiará mi futuro y el de mi familia", dijo el hombre.

Además de organizar estas clínicas de fin de semana y trabajar como cirujano en el hospital, Bwelle también ayuda por las noches en clínicas médicas privadas de la ciudad de Yaounde. Es su segundo trabajo, dijo, que financia cerca del 60% de su organización no lucrativa; el resto está cubierto por donativos privados.

"No estoy segura de cuándo duerme", dijo Katie O’Malley, estudiante de segundo año de medicina de la Universidad de Drexel en Filadelfia y voluntaria en el grupo de Bwelle. "Siempre está en el hospital o en algún evento para intentar recaudar fondos y poder continuar con sus visitas".

Para estudiantes de medicina y enfermería como O'Malley, que vienen de Estados Unidos y Europa unirse a las misiones de Bwelle es una oportunidad directa que nunca tienen en casa.

"Podemos participar en cirugías, eliminamos el exceso de sangre o ayudamos con los instrumentos del doctor Bwelle", dijo O'Malley. "No es algo que puedas hacer en Estados Unidos como estudiante de segundo año de medicina".

Normalmente los estudiantes voluntarios pagan sus propios viajes a Camerún y con frecuencia traen con ellos suministros médicos donados. Pero cuando llegan a Yaounde, Bwelle paga su alojamiento, transporte e instrucción.

"Sin duda es un héroe", dijo O'Malley. "Da su vida por esta organización y su deseo de ayudar a la gente de Camerún no tiene límite".

Para Bwelle, el trabajo casi constante no es una adversidad. Ayudar a otros a vivir vidas felices y cumplir con la promesa que hizo a su padre, es algo que lo hace satisface.

"Soy feliz cuando hago este trabajo", dijo Bwelle. "Y pienso en mi padre. Espero que lo que vea".

"Hacer que la gente ría y reducir su dolor, por eso lo hago”.

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