El duelo entre Lula y juez anticorrupción pone en vilo a Brasil

El expresidente es interrogado por el juez Sergio Moro, a cargo de investigar la corrupción en Petrobras, una audiencia que podría reconfigurar el futuro político del país.
Una sombra sobre Lula  El expresidente brasileño encabeza los sondeos de intención de voto para los comicios de 2018, pero el juicio podría frenar sus aspiraciones políticas.  (Foto: AFP/Instituto Lula)
CURITIBA, Brasil (AFP) -

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva presta declaración el miércoles en Curitiba ante el juez anticorrupción Sergio Moro, a cargo del caso Petrobras, en un juicio que puede abortar sus pretensiones de volver al poder en 2018.

El exmandatario de izquierda (2003-2010), de 71 años, ingresó poco antes de las 14:00 locales (12:00 tiempo del centro de México) al recinto rodeado por un importante despliegue de seguridad, entre vítores de cientos de partidarios.

La audiencia se lleva a cabo a puertas cerradas y su filmación de debería liberarse unas horas después de finalizada.

El exsindicalista y cofundador del Partido de los Trabajadores (PT), vestido de traje oscuro y corbata con los colores de Brasil, saludó a sus partidarios, que coreaban: "¡Lula guerrero del pueblo brasilero!".

Los manifestantes no pudieron aproximarse a la corte, custodiada por centenares de policías.

La Policía montó una operación de gran escala para separar a los grupos antagónicos en distintos puntos de la ciudad y levantó un cerco perimetral en torno al edificio de la Justicia, donde solo se permitirá el ingreso de las partes involucradas. El resto de los expedientes fueron suspendidos.

Lula responde a los cuestionamientos de Moro sobre un caso que investiga si recibió un departamento tríplex de lujo en un balneario de Sao Paulo de manos de la constructora OAS, sumergida en el escándalo de sobornos en Petrobras, a cambio de "ventajas indebidas", según la definición judicial.

El esperado duelo con Moro, ídolo de los detractores del exmandatario, puede ser crucial para el futuro de este político que dejó la presidencia con un 80% de popularidad.

"El expresidente está preparado para dar su testimonio al juez Sergio Moro. Y va con la fuerza de la verdad", dijo a la AFP su abogado defensor, Cristiano Zanin Martins.

Pese al consenso generalizado entre analistas de que Lula, señalado por la fiscalía general como el comandante de la red de sobornos en Petrobras, será condenado en esta primera instancia, Martins sostiene que aún no han probado una sola de las acusaciones.

"No tuvo ninguna participación en un esquema ilícito en Petrobras. Nada demuestra que eso pasó. Al contrario, las pruebas demuestran su inocencia. Y ahí es donde se constata que es un asunto político ¿Para qué continuar acusando a Lula si ya demostró su inocencia?", agregó.

El expresidente lidera holgadamente los sondeos de intención de voto para los comicios de 2018 y los estudios más recientes muestran que la brecha en su favor crece, pese a tener un amplio índice de rechazo junto a su Partido de los Trabajadores (PT), que fue barrido en las últimas elecciones municipales.

"Yo conocí el hambre, y cuando uno conoce el hambre, no desiste jamás", afirmó Lula recientemente.

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"Hace dos años que estoy leyendo en los periódicos que el PT acabó y que mañana Lula estará preso. Si ellos no me meten preso en breve, quien sabe si un día yo los hago detener por las mentiras que cuentan", amenazó el viernes pasado en un mitin.

Sentencia

La sentencia se conocerá entre 45 y 60 días después y sería la primera ligada al exmandatario en el marco de la operación Lava Jato, que desvendó un fraude de más de 2,000 millones de dólares en la petrolera estatal.

De acuerdo con las leyes brasileñas, Lula no podría postularse si una eventual condena es ratificada en segunda instancia, que según los plazos habituales del tribunal en el estado de Paraná, es un proceso que suele insumir un año.

El expediente, conocido como el "apartamento de Guarujá", es una de las cinco acusaciones que hasta el momento pesan en contra de Lula, por corrupción pasiva, lavado de dinero, tráfico de influencia y obstrucción a la justicia.

El exmandatario niega todos los cargos y afirma que se trata de una ficción creada para maquillar una disputa política que pretende impedirle volver al poder en 2018, cuando lidera todos los sondeos de intención de voto.

La fiscalía lo acusa de haber recibido 3.7 millones de reales (1.16 millones de dólares al cambio actual) de OAS, incluyendo el departamento de Guarujá (Sao Paulo) y si se benefició del costeo del almacenamiento de sus bienes personales y de su acervo presidencial entre 2011 y 2016.

Si es condenado, y el fallo ratificado en segunda instancia, el hombre que ganó fama mundial por capitanear el "milagro brasileño" hace una década deberá bajarse de la carrera al 2018.

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El día D del interrogatorio estuvo precedido por un nuevo cimbronazo en su contra: un juez de Brasilia ordenó suspender las actividades del Instituto Lula, que transmite su legado político, por sospechar que esa entidad podría haberse usado para cometer "varios ilícitos criminales".

La suspensión fue firmada el 5 de mayo y comunicada el martes, víspera de la audiencia.

Polarización

Moro, de 44 años, considerado un ícono de la lucha contra la corrupción, había instado a sus admiradores a permanecer en sus casas para evitar enfrentamientos.

Pero no todos siguieron sus consejos y algunos grupos se manifestaban con un muñeco gigante que figuraba a Lula vestido de presidiario, al grito de "Lula, ladrón, tu lugar es la prisión".

"Hoy es un día importantísimo, porque una personalidad de la importancia de un expresidente está aquí como acusado y no como invitado", afirmó Marli Resende, una profesora jubilada, de 59 años.

La presidencia de Temer está en la cuerda floja

El presidente conservador Michel Temer, acusado de "golpista" por el PT, llamó el miércoles a superar la polarización del país, en recesión desde hace dos años y con un índice récord de desempleo 13.7%, o 14.2 millones de desocupados).

Los brasileños tienen que "eliminar cierta rabia", dijo Temer en Brasilia. "Necesitamos pacificar el país. Necesitamos tener más tranquilidad. No podemos permanecer en nuestra posición de permanente enfrentamiento entre brasileños", declaró, sin referirse expresamente al proceso de su predecesor, que durante años fue también su aliado

De lustrabotas a presidente

Nacido en el árido nordeste en octubre de 1945, Lula conoció desde la cuna lo más dramático de la pobreza que azotaba a casi un tercio de los brasileños.

Séptimo hijo de un matrimonio de analfabetos, fue abandonado por su padre antes de que la familia emigrara a la prometedora e industrial Sao Paulo, como millones de coterráneos.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas, a los 15 años inició su formación de tornero mecánico, perdió un meñique en una máquina y al final de la década de 1970 se convirtió en el líder sindical al mando de una histórica huelga que desafió a la dictadura (1964-85).

Brasilia, sin embargo, se hizo esperar y en tres ocasiones fue derrotado como candidato presidencial al frente del PT, que él había cofundado en 1980. Llegó finalmente a la presidencia en 2003 bajo promesas de justicia social.

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Durante sus dos mandatos, empujados por el viento a favor de la economía mundial, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza.

Lula coronó su mandato, y su popularidad mundial, consiguiendo para Brasil la sede de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016.

La sombra de la corrupción

Idealista pero pragmático, Lula es considerado un maestro en el arte de tejer alianzas aparentemente contranaturales o de deshacerse de amigos incómodos.

En 2005, descabezó a la dirección del PT implicada en el gran escándalo del "mensalão", una millonaria contabilidad ilegal para pagar a partidos y congresistas a cambio de apoyo político.

El mandatario logró mantenerse al margen, fue reelegido en 2006 y en 2010 consiguió la victoria de Rousseff.

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Un año después de dejar el poder, le diagnosticaron un cáncer de laringe que superó, aunque dejó huella en su voz áspera con la que declaró a la justicia haber sufrido una "canallada homérica" cuando fue impedido de ser ministro de una acorralada Rousseff.

Aunque ya avisó el mismo día en que la Policía le llevó a declarar de madrugada: "Si querían matar a la serpiente, no le golpearon en la cabeza, le pegaron en el rabo, y la serpiente está viva como siempre".

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