La respuesta de Trump por Puerto Rico divide opiniones

Los reportes de la desesperada situación de los habitantes del territorio estadounidense contrastan con el mensaje optimista del gobierno de Trump sobre los esfuerzos de ayuda.
Situación extrema  La reacción de Trump ante la crisis humanitaria que enfrenta Puerto Rico ha ocasionado múltiples críticas en contra de su gobierno.  (Foto: Reuters)
STEPHEN COLLINSON
WASHINGTON (CNN) -

Puerto Rico y Washington parecen más distantes que a solo 2,400 kilómetros; de hecho están experimentando una versión diferente de la realidad.

A nueve días de que el huracán María arrasó la isla, reportes de noticias y videos de una desgarradora crisis humanitaria están chocando con la evaluación optimista del gobierno estadounidense de Donald Trump del esfuerzo de socorro.

Y a medida que se revela la difícil situación de los isleños, la Casa Blanca corre el riesgo de quedar más expuesta políticamente en un momento en que ya está siendo golpeada por una marea de escándalos y derrotas, incluida la controversia sobre los miembros del gabinete que utilizan jets privados y el último intento fallido por derogar el Obamacare.

La urgente situación y la renuencia del presidente Trump a aceptar públicamente las complicaciones en el esfuerzo de ayuda también plantean preguntas sobre por qué la respuesta a María parece más lenta que los esfuerzos del gobierno después de las tormentas monstruosas que afectaron a Florida y a Texas durante el mes pasado.

El propio presidente, que no apareció en público el jueves, recurrió a Twitter para refutar las crecientes críticas de la respuesta de su gobierno, al decir que cantidades “masivas” de comida y agua habían sido entregadas mientras que señalaba su visita prevista la próxima semana.

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Y recurrió a una táctica que le es familiar cuando está bajo el fuego: atacar a los medios de comunicación.

“¡Espero que la prensa nos trate justamente!”, escribió.

"FEMA (la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) y los servicios de emergencias están haciendo un GRAN trabajo en Puerto Rico. Comida masiva y agua entregadas. Muelles y red eléctrica muertos. Los lugareños tratando verdaderamente de ayudar, pero muchos han perdido sus hogares. Los militares están ahora en el sitio y yo estaré allí el martes. ¡Espero que la prensa nos trate justamente!”, tuiteó desde su cuenta @realDonaldTrump.

Trump regresó a Twitter el viernes por la mañana para defender la respuesta de su gobierno después de que el gobernador de Puerto Rico apareciera en CNN: “El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, acaba de decir: 'El gobierno y el presidente, cada vez que hablamos, han cumplido...”. En un segundo tuit, Trump continuó: “... El hecho es que Puerto Rico ha sido destruido por dos huracanes. ¡Tendremos que tomar grandes decisiones sobre el costo de su reconstrucción!”.

Parte del problema es la forma en que el gobierno está hablando de Puerto Rico.

El martes, Trump se jactó repetidamente durante una conferencia de prensa de que su equipo estaba haciendo un “gran trabajo” y dijo cuán “agradablemente” había sido tratado por el gobernador de la isla, quien dijo que elogió el trabajo del gobierno.

Tres días después, incluso a medida que surgían escenas angustiosas del territorio, la secretaria de Seguridad Interior de Trump, Elaine Duke, describió la respuesta federal al desastre como “una buena noticia”.

Los comentarios aún no parecen coincidir con la notoriedad del comentario del ex presidente George W. Bush a su director de FEMA, Michael Brown, de que estaba haciendo un “excelente trabajo” durante el huracán Katrina.

Pero las desafortunadas evaluaciones podrían perseguir al gobierno si la situación en Puerto Rico se deteriora aún más.

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, rechazó la valoración de Duke.

“Tal vez desde donde ella está parada es una buena noticia”, dijo en New Day.

“Cuando está bebiendo de un arroyo eso no es una buena noticia, cuando no tienes comida para un bebé, eso no es una buena noticia”.

Condiciones

Y ya están entrando en conflicto con la realidad emergente de la vida en Puerto Rico, donde casi la mitad de la población sigue sin agua potable, los hospitales luchan por mantenerse abiertos, los alimentos escasean y el 97% de las personas no tienen electricidad. Reporteros relataron el jueves historias conmovedoras de la vida después de María, incluida la de una mujer que sufre de diabetes y una infección, que fue llevada al hospital por el equipo de la cadena noticiosa.

La ayuda tras el huracán María llega a Puerto Rico a cuentagotas

Tal cobertura está haciendo que algunos críticos de Trump sugieran que hay que hacer más.

“¿Dónde está la caballería?”, preguntó el senador demócrata Bill Nelson en Twitter.

Nadie está diciendo que responder a un desastre de tal magnitud sea fácil.

Los funcionarios de la FEMA están agotados después de ocuparse de su tercer huracán masivo en pocas semanas después de que Harvey golpeara Texas e Irma arrasara con Florida. Puerto Rico es menos desarrollado y rico que esos estados, y los retos logísticos de ayudar a una isla en alta mar con terreno montañoso son inmensos. El territorio también carece de la red de ONGs y grupos del sector privado que ayudaron cuando las tormentas golpearon el territorio continental de Estados Unidos.

La Casa Blanca dijo el jueves que 10,000 trabajadores de socorro federales y más de 7,000 soldados estaban en la isla en una operación que en muchos aspectos tiene más en común con los esfuerzos estadounidenses por mitigar los desastres naturales en Haití que las tormentas en la parte continental de Estados Unidos.

Sin embargo, hay preguntas cada vez mayores acerca de si el gobierno hizo lo suficiente para prepararse para la tormenta, y si las acciones que ha tomado desde entonces han sido suficientes. Y la repetida explicación de los altos funcionarios de cuán dura es la situación está empezando a desgastarse.

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“El escenario de la isla presenta obstáculos logísticos que no existen en el continente, donde camiones de todo el país pueden converger en áreas de desastre”, dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, el jueves, usando una formulación repetidamente expresada por funcionarios en los últimos días.

A medida que crece la crítica a los esfuerzos de la Casa Blanca, son evidentes varias amenazas políticas emergentes. El creciente contraste entre la situación en la isla retratada en los informes noticiosos y la Casa Blanca está comenzando a abrir una brecha de credibilidad que está poniendo en duda las declaraciones del gobierno sobre la crisis.

También hay una sensación de que los funcionarios están batallando por ponerse al día con los reportes en el terreno y, en la ausencia de un líder de alto perfil para ejecutar la operación, o al menos para hablar de ella públicamente, la emisión de mensajes políticos sobre la tormenta ha sido inconsistente.

Mientras que Duke se refirió a una buena noticia el jueves, el administrador de FEMA, Brock Long, declaró que no estaba “satisfecho” con la situación en una entrevista con CNN.

La respuesta del gobierno dejó enfurecido al general retirado Russel Honoré, quien reestructuró la respuesta fallida a Katrina en 2005.

“¡No sé qué demonios está pasando!”, dijo y pidió al pedir que los militares establezcan controladores de tráfico aéreo a la isla para abrir aeropuertos, especialistas en transporte para despejar carreteras y el despliegue de muchas más tropas, barcos y helicópteros.

“Puerto Rico es más grande que Katrina”, dijo.

Operaciones normales

Si el esfuerzo del gobierno sigue pareciendo superado por la escala del desastre, inevitablemente se realizará un escrutinio al hombre que recibe los dólares.

El presidente aún no ha hablado formalmente a Puerto Rico en un discurso en solitario. Sin embargo, ha mencionado el desastre durante varios encuentros con la prensa y durante otros compromisos.

El lunes, negó que su pelea con la NFL, que alimenta todos los días, lo haya distraído de la situación en deterioro en la isla.

Sin embargo, el presidente ha seguido adelante con sus operaciones normales, que incluyó un viaje a Indiana el miércoles para promover su prioridad política, la reforma tributaria.

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Sus únicas observaciones sobre la situación el jueves fueron en Twitter, y no reflejaban exactamente empatía por las víctimas.

“La red de energía eléctrica en Puerto Rico está totalmente cerrada, y un gran número de generadores están en la isla. Comida y agua en el lugar”, escribió en una publicación a través de su cuenta de Twitter.

Sin embargo, el gobierno actuó como si supiera que tenía un problema de percepción el jueves.

El presidente emitió una exención de la Ley Jones, que exige que la carga transportada entre los puertos de los Estados Unidos sea transportada en buques de bandera estadounidense, para facilitar la entrega de la ayuda.

Mientras tanto, el Pentágono nombró al general de tres estrellas Jeffrey Buchanan para dirigir la operación militar en Puerto Rico.

Y la Casa Blanca desplegó a Tom Bossert, el principal asesor de seguridad nacional del presidente, quien obtuvo buenas críticas de su actuación durante Irma y Harvey, para informar a los reporteros de la Casa Blanca.

Aun así, algunas de sus respuestas parecieron defensivas.

Cuando Jeff Zeleny, de CNN, le preguntó por qué habían tardado ocho días en nombrar a Buchanan, Bechert contestó: “No se necesitaba un general de tres estrellas hace ocho días”.

También defendió el momento de la exención de la Ley Jones, al decir que “no era demasiado tarde, ni siquiera era demasiado pronto”.

Bossert también defendió más adelante a Duke en una aparición en CNN, al decir que sus observaciones buscaban destacar el trabajo altruista de los trabajadores federales durante el desastre.

En otra entrevista con CNN el viernes, Bossert defendió fuertemente el esfuerzo del gobierno, pero admitió que había problemas logísticos que superar.

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“No acepto que estemos haciendo menos de lo todo lo que somos capaces de hacer”, dijo Bossert en New Day.

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