Obama y Bush rompen 'pacto de silencio' y critican a Trump

Los expresidentes de Estados Unidos han mostrado con la actual administración de la Casa Blanca, rompiendo una regla no escrita de no hablar de un sucesor.
Modificación de códigos  El gobierno de Trump ha generado cambios en la política de EU, el más reciente es sobre las críticas de expresidentes a la gestión vigente, dice Stephen Collinson.  (Foto: Reuters)
STEPHEN COLLINSON

Nota del editor: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN).- El club de los presidentes de Estados Unidos se está poniendo en contra de su miembro más reciente.

Rompiendo el código de silencio que los presidentes retirados suelen mantener hacia la administración de sus sucesores, el jueves 19 de octubre, tanto George W. Bush como Barack Obama lanzaron golpes claros al ocupante actual del despacho oval.

Aunque Donald Trump probablemente ni se inmutó. Su estilo político es una refutación viviente al aparato político que ambos hombres encabezaron y a los tradicionalistas que creen que su conducta está erosionando el prestigio de la presidencia misma.

Aunque ni Bush ni Obama mencionaron a Trump por su nombre ni hablaron de las afirmaciones que hizo esta semana respecto a que les había prestado más atención a los familiares de los soldados estadounidenses caídos que a ellos, aprovecharon su participación en eventos para manifestar que están alarmados con las políticas de Trump.

En Nueva York, Bush criticó seriamente el populismo nacionalista de Trump, condenó el proteccionismo comercial y lamentó que la política haya caído presa de “teorías de conspiración” y de “inventos rotundos”. También advirtió del impacto que tienen “el acoso y el prejuicio” en la vida pública. No fue difícil notar de quién habló en una de sus intervenciones más vehementes en la política desde que dejó el cargo, en enero de 2009.

En las primeras presentaciones en campañas después de su presidencia, Obama advirtió sobre el tono y el contenido de la política estilo Trump… luego de pasar varias semanas viéndolo socavar sus más grandes logros, tales como el tratado nuclear con Irán y la Ley de Atención Médica Asequible.

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Así es como Donald Trump puso en aprietos al gobernador de Puerto Rico  Frente a los medios de comunicación, el presidente de EU le preguntó si pensaba que su gobierno hizo “un gran trabajo” para responder a la emergencia por el huracán María en la isla.  (Foto: AFP)

Refiriéndose aparentemente a la forma en la que Trump manejó la violencia racial en Charlottesville, Virginia, y su lentitud para condenar a los supremacistas blancos, Obama lamentó la “misma vieja política de división” mientras hacía campaña a favor de Phil Murphy, candidato demócrata a la gubernatura de Nueva Jersey.

“Pensábamos que parte de la política que vemos ahora ya había quedado atrás”, dijo Obama. “La gente está retrocediendo 50 años. Es el siglo XXI, no el siglo XIX”. En un segundo evento de campaña, en Virginia, habló de los métodos que Trump usó para ganar las elecciones. “Hay gente que trata deliberadamente de hacer enojar a la gente… de satanizar a quienes tienen ideas diferentes; de irritar a las bases porque se obtiene una ventaja táctica a corto plazo”, dijo una vez más sin mencionar específicamente a Trump.

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No hay duda de que Obama y Bush están atónitos con algunas de las travesuras del actual mandatario en la presidencia.

Ambos estaban profundamente conscientes de la imagen que proyectaban con su conducta y sus palabras, tanto en EU como en el extranjero. Ambos hablaron de que para ellos, la presidencia era un voto de confianza que la gente depositaba en ellos por un lapso breve, no un vehículo para la glorificación personal.

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Por otro lado, parece que a Trump no le impresionan los convencionalismos, el legado ni los protocolos de la presidencia. Sus detractores se quejan constantemente de que está dañando la institución misma.

Hasta ahora, Trump no ha reaccionado a las críticas de sus predecesores, aunque no hay que descartar que emprenda una ofensiva en Twitter.

Aunque es extraordinario que los expresidentes critiquen tan evidentemente a un presidente en funciones, también es un parámetro de los tiempos tan inusuales que vivimos y de la sacudida que Trump propinó al aparato político al resultar electo.

Ana Navarro, estratega republicana, destacó la tradición de que los expresidentes se mantengan fuera de la mirada pública, pero agregó que “ya fue suficiente”. “Hay mucha gente frustrada, desconsolada, triste. Es hora de alzar la voz y de adoptar una postura”, dijo.

Es probable que el impacto político de las críticas de Bush y de Obama sea limitado. Por definición, los expresidentes carecen de la influencia que tuvieron alguna vez.

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El Partido Republicano de Bush, con su “conservadurismo compasivo”, sus esperanzas perdidas de llegar a una reforma inmigratoria integral, y la promoción de la democracia a punta de pistola en el extranjero, ya quedó muy atrás.

La coalición electoral de Obama reescribió las reglas de la política electoral en 2008, tal como lo hizo Trump en 2016. No obstante, el 44º presidente de Estados Unidos nunca pudo transmitirle esa fórmula mágica a nadie más… como lo demostró la campaña electoral fallida de Hillary Clinton.

De hecho, para los partidarios de Trump, el resurgimiento de Obama y Bush el jueves pudo haber parecido más validación que refutación. Después de todo, ¿qué mejor respaldo para una campaña antisistema contra las élites de Washington y contra un sistema político roto que chocar con los dos presidentes anteriores de ambos partidos?

Parece poco probable que cuando deje la presidencia, se incorpore al cómodo club de los expresidentes, o que se lo vea divirtiéndose en el torneo de golf President’s Cup, como lo hicieron recientemente Bush, Obama y Clinton. Es casi imposible creer, por ejemplo, que en vista de sus antecedentes, se presente a la inauguración de la biblioteca presidencial de su sucesor.

Trump también tiene una historia personal tormentosa con ambos hombres, que se origina en su campaña sobre el lugar de nacimiento de Obama y en haber sacado de la contienda a Jeb, hermano de Bush, el favorito de los republicanos para la candidatura presidencial de 2016.

El sitio Breitbart News, a cargo del exasesor presidencial Steve Bannon, resumió la actitud de muchos de los partidarios del también empresario, con su encabezado sobre el discurso del presidente número 43 de Estados Unidos: “El primogénito de la dinastía Bush emerge para atacar al ‘nativismo’ de Trump”.

Las críticas de Bush y Obama también eclipsaron la contribución involuntaria de ambos hombres al ascenso de Trump.

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Fue la guerra de década y media que Bush emprendió, particularmente la invasión a Iraq con el argumento de que tenía armas de destrucción masiva (que nunca se encontraron), lo que fomentó el clima actual de aislacionismo entre los partidarios de Trump.

Obama pasará a la historia por haber sacado al país de la peor crisis económica en 70 años, que se desató al final del segundo mandato de Bush. Sin embargo, la recuperación que presidió pasó por alto a muchos trabajadores de sectores tradicionales, particularmente en estados decisivos del Medio Oeste, que terminaron siendo terreno fértil para el mensaje económico ganador de Trump a finales de 2016.

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