A una semana del sismo que desgarró el centro de México, la herida sigue abierta

Los capitalinos viven siete días entre la ayuda desbordada y la esperanza del rescate de personas de entre los escombros del desastre, que también afectó al Edomex, Puebla, Morelos, Guerrero y Oaxaca.
Ánimos  Las labores de remoción de escombros mantienen la esperanza en lugares como el Multifamiliar de Tlalpan, a una semana del temblor del 19 de septiembre de 2017.  (Foto: Cuartoscuro)
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

A una semana del sismo de 7.1 grados que ha dejado al menos 333 personas muertas y destrozos principalmente en áreas de la Ciudad de México, Morelos, Puebla y el Estado de México, la región centro del país intenta iniciar los procesos de reconstrucción y regresar a la normalidad, mientras los cuerpos de rescate continúan en búsqueda de sobrevivientes y la ciudadanía contribuye con el acopio de ayuda.

Desde los primeros momentos tras el sismo que provocó el derrumbe de 38 edificios, tan solo en la capital de la República, ciudadanos y brigadistas unieron fuerzas con las autoridades para remover los escombros en auxilio de sus vecinos afectados, y para recopilar víveres y equipo para acelerar los trabajos, realizados a sol, a sombra y bajo la lluvia, y que se mantienen este martes.

El movimiento sorprendió a los habitantes, pues un par de horas antes se había llevado a cabo el simulacro conmemorativo del temblor de 1985 que dejó también en la Ciudad un número a 32 años todavía indeterminado de fallecimientos —estimado en al menos 10,000 personas, de acuerdo con revisiones al Registro Civil—. Los rostros de los capitalinos volvieron a llenarse de horror, pero también volvieron a encender los motores de la solidaridad para emprender de inmediato las labores de socorro.

Aunque este terremoto fue de 7.1 grados —apenas 12 días antes el país experimentó otro de más de 8 grados que no dejó este nivel de devastación en la Ciudad—, la proximidad del epicentro, registrado en los linderos de Puebla y Morelos, fue uno de los factores a los que se atribuyen sus efectos destructivos en esta región altamente poblada.

El evento de 1985 y el de este año guardan otras coincidencias, como la muerte de un grupo de costureras tras el colapso de uno de sus talleres, pero el de la semana pasada presentó signos particulares que marcarán la historia de la Ciudad, como la caída del Colegio Rébsamen, donde murieron 26 personas: 19 niñas y niños, además de siete adultos.

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Las colonias Roma y Condesa, emblemáticas en las afectaciones de este tipo de embates naturales, están repletas de cercos para prevenir el tránsito en zonas donde los edificios representan un riesgo para la ciudadanía, los cuales prácticamente prohíben el paso en este corredor frecuentado por los paseantes.

También quedaron ‘estampas’ que elevan el ánimo de los capitalinos, como la participación entusiasta de los jóvenes, de rescatistas de múltiples partes del mundo e incluso de perros de búsqueda y rescate que conquistaron corazones.

Mientras los que pueden regresan a sus trabajos y los estudiantes retoman clases a cuentagotas, otros desafortunados buscan refugio tras perder sus hogares, y los más afectados lloran la pérdida de sus seres queridos, cuya cuenta no para de incrementarse. En tanto, la esperanza se resiste a agotarse para una cuarentena de familias que permanecen expectantes de los incesantes trabajos de rescate en puntos que acaparan la atención de los ciudadanos, como Álvaro Obregón 286, las esquinas de Edimburgo y Escocia y de Petén y Zapata, o el Multifamiliar de Tlalpan.

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El tema sigue presente en el ambiente: los usuarios de redes sociales comparten las necesidades en tiempo real a través del hashtag #Verificado19s, prácticamente todas las tendencias han estado relacionadas con el tema del sismo, surgieron iniciativas como #60DíasConMéxico y los partidos políticos han avanzado en su promesa de renunciar al financiamiento público que reciben para contribuir con la reconstrucción.

En los días siguientes se prevé que la Ciudad desahogue temas pendientes, como la ayuda a personas damnificadas, los planes para restaurar las construcciones perdidas, completar la revisión de edificios cuyos daños pudieran resultar un riesgo para la población, determinar las posibles responsabilidades en probables irregularidades en las construcciones siniestradas y, finalmente, la normalización de las actividades cotidianas como las escolares, en la medida de lo posible.

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