OPINIÓN: ¿Es peligroso acudir a un estadio de futbol en México?

Las barras bravas reemplazaron a las tradicionales porras y ahora será muy complicado terminar con estos grupos de supuestos aficionados
Nueva ley de estadios, con 'vicios' jurídicos
Autor: Ernesto Campos | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Ernesto Campos dirige el área de RP deportivo en Edelman México, imparte el seminario de Periodismo Deportivo en la Escuela Carlos Septién García y actualmente es columnista del periódico Estadio. Síguelo en su cuenta de Twitter: @trotaestadios

(CNNMéxico).- ¿Realmente es peligroso ir a un estadio de futbol en México? Después de leer todas las portadas de los principales diarios deportivos en México o de ver los avances en los noticieros de radio y televisión, la respuesta sería de un sí abrumador y desesperado.

Sin embargo creo que el tema es mucho más amplio. Que las preguntas deben ser más y que aún se puede hacer algo para evitar escenas como las del Estadio Jalisco hace un par de fines de semana en la que seguidores del equipo Guadalajara atacaron a unos policías que, rebasados, fueron despojados de sus escudos y macanas para recibir un castigo brutal.

Las "barras bravas" son los villanos actuales del futbol, grupos radicales sin respeto que acuden a los estadios a atemorizar a la gente. Personas que reemplazaron a las tradicionales porras y que se pusieron a repetir las mismas canciones con acento argentino.

Al mismo tiempo han representado el colorido en las tribunas cuando saben comportarse, han contagiado al público que los siguen en sus rutinas, e incluso propiciaron la fidelidad de muchos aficionados que regresaban cada jornada a ver los partidos de local de su equipo o incluso se aventuraron a seguirlos a otras ciudades con el cobijo del mismo grupo de animación.

En algún punto lo que surgió como una idea para organizar a los grupos de animación del Pachuca se deformó para imitar los peores vicios de las pandillas. En Sudamérica, principalmente en Argentina esto es un tema fuera de control con aficionados muertos en estadios sin importar que sean de su mismo equipo los agresores. Además, la integridad de jugadores y directivos ha sido comprometida más de una vez.

En México, la influencia llegó y fue invadiendo a cada uno de los equipos de la Primera División y a los de la liga de ascenso. Hoy en día, si acaso el Atlante se salva de tener una barra.

No creo que ir a un estadio sea necesariamente peligroso en México, lo que sí creo es que hay zonas en las gradas que ya no pertenecen a un aficionado común que va con su familia a disfrutar del espectáculo deportivo, pues fueron tomadas por estos grupos de pseudofanáticos, a los que llamo así no por ser un lugar común, sino porque de verdad lo último que hacen en sus lugares es ver el partido y en ocasiones están incluso de espaldas al terreno de juego. 

El resto del estadio es un lugar en el que generalmente se puede ir a ver el partido, pero esto no impide las terribles experiencias de aquellos que por error o por no ser expertos se sientan cerca de una barra. Ahí todo cambia, aquellos que visten colores de los equipos rivales dejan de ser adversarios y se convierten en enemigos y son atacados. Aquí las barras son implacables y arruinan el sentido deportivo.

Más allá del escándalo deportivo por el Clásico del Futbol Mexicano que terminó con una goleada de 0-4 de América sobre Chivas hubo algo que sirve para alentar y creer que se puede hacer algo para regresarle el sentido familiar que ha tenido esta liga por años.

El operativo de seguridad implementado por la directiva del Guadalajara para impedir el ingreso de barras regresó el colorido a la tribuna, en la que aficionados de ambos equipos compartían indistintamente las zonas del estadio sin más riesgo que recibir burlas por lo ocurrido en la cancha.

Por supuesto que para lograr eso, se debieron hacer controles más estrictos y el ingreso al Estadio Omnilife tomó mucho más tiempo, aún así medio centenar de seguidores del América quisieron juntarse y comenzar a cantar, pero la policía les pidió sus boletos y los separó pues no eran de la misma zona.

Cuando Pachuca comenzó imitando el esquema de las barras no lo hizo a imagen y semejanza de Argentina, incluso al "animador" que contrató para componer canciones lo importó del Saprissa de Costa Rica. Lo malo fue que en otras instituciones se alentó la creación de grupos con tal de llenar las gradas sin verificar de quienes se trataban.

El problema es grande, las culpas son repartidas igual que las soluciones. Borrar de tajo a todas las barras del futbol mexicano me parece realmente imposible a corto plazo a pesar de lo visto en el estadio de las Chivas. Estos grupos no se dejarán "matar" tan fácil y darán pelea. Son jóvenes que han encontrado en estas organizaciones su forma de vivir y de ganar dinero.

Aún no hay tragedias que contar dentro de un recinto deportivo, pero si no se trabaja desde hoy el día no estará lejos. Hace unos días Santiago Taboada, presidente de la Comisión de Seguridad Pública en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), me llamó para platicarme la iniciativa que proponen para tratar el tema en la Ciudad de México.

Lo que se busca es que las agresiones cambien de ser una sanción administrativa a una sanción penal. Que en lugar de pagar una multa ahora puedan ser castigados hasta con seis años de prisión en caso de que se agreda a un policía o a otro aficionado. Aquí las autoridades están dando un primer paso para atacar el problema.

El polémico Jorge Vergara ya puso al menos la muestra de que del lado de los directivos se intenta lo mismo, aunque de inmediato fue revirado por algunos de sus colegas que no quieren ser tan tajantes en el tema. Hasta ahora buena parte de la subsistencia de las barras ha sido porque los equipos les regalan los boletos y son permisivos con ellos.

Esas concesiones mutaron en líderes que controlan a todo el grupo, que incluso revende los boletos y que lucran al momento de hacer giras para seguir al club a otros estados, generando un buen número de ingresos. Por años algunos medios también han documentado que comercializan las bebidas alcohólicas con las que entran a los estadios pese a estar prohibido; se aprovechan de ser intocables a cambio de no atacar a su propio club con abucheos o insultos.

El tema no es tan simple de atacar, tiene muchos factores y se ha ignorado por muchos años, aún así creo que no es peligroso ir a un estadio de futbol en México si se sabe de antelación a qué zona ir, lo cual pese a no ser trágico aún, sí es muy triste.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ernesto Campos.

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