México y la desigualdad en la distribución de la riqueza (I)

Falta de transparencia y abuso de poder son algunas de las causas, indica Alfredo Coutiño; la educación de baja calidad también contribuye a la brecha salarial, dice el directivo de Moody’s.
pobreza 4  (Foto: Agencias)
Alfredo Coutiño*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

La desigualdad del ingreso en un país se explica tanto por factores económicos como políticos y sociales. Sin embargo, el deterioro y agravamiento de la concentración de la riqueza se explica mayormente por la naturaleza y el actuar de sus gobiernos.

Falta de transparencia, abuso de poder, otorgamiento de privilegios, y sobre todo obstáculos a una competencia más libre y más justa, son razones que perpetúan y agravan la inequidad en la distribución de la riqueza en una nación.

La historia demuestra que un menor nivel de desarrollo económico generalmente está asociado a un menor grado de competencia económica. No obstante, cuando la apertura económica se distorsiona por el otorgamiento de privilegios y uso del poder, la concentración de la riqueza se agrava.

En México se puede apreciar a simple vista la gran inmensidad en la desigualdad económica. Por un lado, se puede ver el floreciente ambiente de negocios junto a una clase burócrata con privilegios. Por el otro lado se encuentra la mayor parte de la población, los mexicanos de a diario, que son los que hacen caminar al país con jornadas que van desde muy temprano en la mañana hasta ya bien entrada la noche, para poder afrontar al menos el gasto diario de la familia.

Hay una separación muy marcada entre el grueso de los mexicanos y la clase pudiente. En el primer caso llama la atención la clase formada por empresarios y funcionarios públicos de alto rango, donde destaca tanto la grandeza de sus mansiones como las tiendas y restaurantes de lujo que frecuentan.

En el segundo caso da tristeza, pero a la vez es motivo de admiración, ver a un ejército de trabajadores férreos saliendo a tomar el desayuno o la comida en las fondas de la esquina o en el triciclo que a diario vende tamales y atole afuera de los centros de trabajo.

Estos últimos representan la grandeza de una raza que siempre ha sido más grande que sus problemas, pero que desafortunadamente enfrenta una fuerte restricción de oportunidades para salir adelante.

Este es el México doble donde la disparidad de ingresos puede alcanzar más de 100 veces el salario mínimo, y no precisamente porque los primeros sean 100 veces más productivos que los segundos, como sería ideal en un sistema de competencia perfecta y justa, sino más bien porque esto es propio de un sistema que privilegia no solo a los grupos de poder, sino también a una clase política.

La inequidad o desigualdad de ingresos en un país tiene varios factores explicativos, entre los cuales se encuentran aquellos de carácter económico, político y social.

Entre los de carácter económico se cita con más frecuencia la disparidad de salarios, dado el diferencial de productividad entre los mismos trabajadores, y también con respecto a los propietarios del capital. Así, mientras el grueso de los trabajadores recibe sueldos con base en su entrenamiento o destreza física, la clase dirigente lo hace ya sea con base en sus méritos propios, cercanía o lealtad con los dueños del capital, o bien por recomendación política.

En lo político, el arribo de cierto grupo al poder siempre conlleva el ascenso de nuevos personajes que no necesariamente tienen carrera política o que han destacado por su contribución a la política del país. Sin embargo, se les otorga un status mayor no solo en términos económicos, sino también de poder.

El otorgamiento de privilegios, la falta de transparencia, y en algunos casos, el abuso del poder también son causas de la disparidad de ingresos en beneficio de unos pocos.

La promoción de una educación masiva y de baja calidad no sólo contribuye a los bajos salarios, sino también a atemperar la efervescencia social, la cual al final encuentra cabida en un mercado informal o bien se acomoda en sectores totalmente ajenos a la misma profesión. En este sentido, no es extraño encontrar médicos trabajando de taxistas ante la falta de oportunidades dignas en una economía con estructuras ineficientes.

En el aspecto social, la marginación de grupos étnicos y la falta de acceso a la educación y oportunidades de trabajo también los convierte en grupos deprimidos y muy vulnerables a los vaivenes del ciclo económico.

Este es el grupo en donde la pobreza extrema no solo se ha enraizado, sino que además se ha hecho más difícil de combatir de manera estructural, aunque muy fácil de solucionar de manera transitoria. Esto debido a  que la pobreza extrema se puede reducir “estadísticamente” a través de simples transferencias públicas que eleven el ingreso familiar por encima de la línea de pobreza a lo largo de un periodo de Gobierno.

Así, tanto la desigualdad como la concentración del ingreso también pueden ser el resultado de acciones deliberadas o solapadas por los gobiernos.

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* Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Twitter: @AlfredoCoutino

Las ideas expresadas son de la exclusiva responsabilidad del autor y de ninguna manera deberían ser atribuidas a la institución para la cual trabaja.

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