OPINIÓN: El nuevo mapa político sudamericano, otro enredo para el Mercosur

En medio de la crisis en Brasil y la oposición a una presidencia venezolana, el Mercosur busca un nuevo rumbo ante su pérdida de vitalidad.
El viraje del presidente brasileño en materia de política exterior se topa con los enredos del Mercosur.
Michel Temer  El viraje del presidente brasileño en materia de política exterior se topa con los enredos del Mercosur.  (Foto: Reuters)
Por: RINA MUSSALI

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad de su autora.

(Expansión)— Mientras que el presidente de Brasil, Michel Temer, enfila todas sus energías para participar en la Cumbre del G20 en China, después de haber conspirado junto con la derecha conservadora para despojar de su cargo constitucional a una presidenta que fue electa democráticamente por 54 millones de votantes en la segunda vuelta electoral del 2014, la política exterior del gigante sudamericano se ha puesto en cuestión.

Su arribo como presidente en plenas funciones lo hará acercarse más hacia Estados Unidos y la Unión Europea (UE) y concretizar su alejamiento de los países de la Alianza Bolivariana (ALBA), al tiempo de actualizar el Mercosur.

El viraje de Michel Temer en materia de política exterior se topa con los enredos del Mercosur y su negativa a traspasar la presidencia pro témpore a Venezuela de este esquema de integración regional. Justamente el fin del súperciclo de las materias primas dictó una nueva correlación de fuerzas políticas en el Cono Sur, palpables con la llegada de Mauricio Macri en Argentina, el arribo de Temer en Brasil, el rechazo a que Evo Morales se presente a un cuarto mandato consecutivo en Bolivia y la pérdida chavista de la Asamblea Nacional en Venezuela. Este recambio político ha remarcado las diferencias ideológicas entre sus países miembros y cuestionado la misma arquitectura generada por sus países fundadores: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

El Mercosur busca un nuevo rumbo ante su pérdida de vitalidad. En los últimos años este esfuerzo de integración regional no ha dado los resultados esperados en materia de liberalización comercial y ha enfrentado negociaciones fallidas y muy prolongadas en aras de alcanzar un entendimiento económico birregional con la UE.

Bajo la consigna de Argentina y Brasil de reconectarse con el mundo, el gran temor es que la presidencia de Venezuela del Mercosur dilate o incluso acorrale más las negociaciones, un esfuerzo que se pudiera dejar en el limbo ante el nuevo credo del nacionalismo y antiglobalización que sacude al mundo, tras la salida del Reino Unido de la UE (brexit) y la narrativa proteccionista y aislacionista de Donald Trump en EU.

A diferencia de la Alianza del Pacífico (AP) —la iniciativa de integración regional comandada por México, Perú, Colombia y Chile—, los dolores de cabeza del Mercosur pasan por la desaceleración económica de China y su “vuelta a la normalidad”. Mientras que la AP está anclada al nodo geopolítico de EU, el Mercosur se encuentra sustentado en los vínculos con China, el gigante asiático que está posicionado como un país de primer orden en los países del Cono Sur. Asimismo, la crisis del Mercosur se agudiza debido a las crisis simultáneas que golpean a Brasil, el poder hegemónico que representa más de la mitad del PIB sudamericano.

Otro escollo que ha abonado a los desencuentros políticos del Mercosur está relacionado con el ingreso de Venezuela a este mecanismo de integración comercial y la enorme conflictividad que se ha suscitado entre las capitales de Asunción y Caracas. Recordemos que el ingreso de Venezuela al Mercosur se concretizó a partir del golpe parlamentario en contra de Fernando Lugo en Paraguay (2012), una coyuntura que fue aprovechada por Venezuela ante la falta de voluntad del parlamento paraguayo de ratificar su entrada al Mercosur.

Tres años después, con contextos políticos muy distintos, el Brasil de Michel Temer, la Argentina de Mauricio Macri y el Paraguay de Horacio Cartes se oponen a que Venezuela ejerza la presidencia semestral del Mercosur ahora que se agrava la crisis política, económica, social y hasta humanitaria en dicho país.

Bajo los alegatos de que Venezuela no ha adecuado sus legislaciones económicas y comerciales a las normativas del Mercosur y tampoco respeta el protocolo en materia de derechos humanos del Mercosur, Brasil, Argentina y Paraguay han escalado las tensiones con el gobierno de Nicolás Maduro, quien pierde cada vez más el respaldo ciudadano a la hora de gobernar. Con este trasfondo, las relaciones diplomáticas han quedado congeladas entre Venezuela y Paraguay, y ha subido de tono los diferendos de Brasil y Uruguay, este último país que traspasó la presidencia del Mercosur a Venezuela.

Entre las dificultades atravesadas por el Mercosur también figura el viejo y conocido problema de las asimetrías entre sus países miembros. Desde su tratado fundacional el mercado sudamericano no incluye un trato especial y diferenciado con sus eslabones más débiles de la integración como Paraguay y Uruguay. De igual manera, la frustración se ha puesto en evidencia con el ADN más proteccionista y menos flexible que porta el Mercosur, cuando establece que ningún país miembro puede negociar unilateralmente acuerdos de comercio con terceros estados.

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La nueva brújula del Mercosur encontrará destino con el nuevo acomodo de fuerzas políticas y la consigna de flexibilizar sus estrategias de inserción económica regional e internacional. Por ello resulta clave facilitar el proceso de convergencia del Mercosur con la AP –una idea fuerza que ha sido sustentada por la CEPAL y líderes regionales.

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Estas dos propuestas económicas con signos políticos e ideológicos dispares y con visiones comerciales distintas deben acercarse bajo el cobijo de las relaciones México-Brasil, los dos gigantes de América Latina que deben acercarse más para imprimir un nuevo impulso en toda la región.

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