OPINIÓN: Michelle Obama, una apuesta fuerte para el Partido Demócrata

Tras la paliza que recibieron los demócratas en estas elecciones, la primera dama estadounidense parece destacar en el relevo generacional de los liderazgos dentro del partido.
Figura  La opción de Michelle Obama es atractiva debido a la ausencia de liderazgos en el Partido Demócrata.  (Foto: AFP/Archivo)
Por: HORACIO VIVES SEGL

Nota del editor: Horacio Vives Segl es Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Argentina). Es profesor del Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM y Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Puedes seguirlo en Twitter, @HVivesSegl. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión) — Al estupor del triunfo de Donald Trump le siguieron diversas protestas que se han dado en varias ciudades de Estados Unidos al grito de Not my President.

En el ánimo de buscar una salida al enojo y pesimismo por el que pasa la polarizada sociedad estadounidense, muchos especulan con la posibilidad de que Michelle Obama, con la enorme popularidad con la que cuenta, pudiera postularse como candidata del Partido Demócrata para regresar a la Casa Blanca en 2021. ¿Qué tan factible es un escenario así? Aquí algunos elementos de análisis.

Usos y costumbres

En primer lugar, los presidentes en Estados Unidos tienden a ser reelectos. El electorado suele contratarlos por ocho y no por cuatro años. Si bien es una obviedad que es una incógnita cómo le irá a Trump, ya no como el extravagante y outsider candidato que fue, sino en su gestión como presidente, es un hecho que las tasas de reelección son altísimas.

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Adicionalmente, al margen de lo sorprendente e incomprensible, el futuro inquilino de la Casa Blanca tuvo un saldo electoral exitosísimo. Hacía mucho tiempo que un presidente republicano no contaba con los recursos políticos que le permitirán gobernar a Trump como quiera: mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, y una alta posibilidad de nominar a ministros de Corte que la inclinen hacia un equilibrio más conservador. Esto es, se alinean las fuerzas políticas que podrían no hacer el contrapeso institucional que les corresponde en una república con división de poderes.

Esposas al poder

No es ninguna novedad que aspiren a suceder a sus maridos en la presidencia. Ya sea a través de elecciones o por crisis políticas, cada vez se dan más casos. Además de matrimonios, se convierten en sociedades políticas. Hay varios antecedentes en América Latina. Al fallecer Juan Domingo Perón en 1974, asumió la presidencia en Argentina su vicepresidente y esposa, Estela Martínez (curiosamente, intentó la misma maniobra con Eva Duarte en 1952, que no le salió).

También en Argentina, Néstor Kirchner fue sucedido en 2007 por su esposa Cristina Fernández (que además consiguió ser reelecta). Álvaro Colom se tuvo que divorciar de su esposa, Sandra Torres en 2011, porque la Constitución guatemalteca le impedía aspirar en esa condición a la presidencia.

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Actualmente en México, Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, encabeza las preferencias de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Sin duda alguna y para estos casos más recientes, el camino que abrieron los Clinton fue determinante —al igual que los Blair en Gran Bretaña, aunque en menor medida.

Carta fuerte

La opción de Michelle Obama es atractiva debido a la ausencia de liderazgos en el Partido Demócrata. Después de Hillary Clinton, el político mejor posicionado en ese partido es Bernie Sanders (senador por Vermont).

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De las actuales figuras y que inclusive intentaron tibiamente disputarle la pasada candidatura a Clinton, ni Martin O’Malley (exgobernador de Maryland), ni Nancy Pelosi (líder del bloque parlamentario en la Cámara de Representantes), ni Harry Reid (líder de la minoría en el Senado) ni ninguno de los gobernadores demócratas parecen tener posibilidad de construir una candidatura viable en el mediano plazo.

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Claves y desafíos

Hay dos razones por las que Michelle Obama pasará a la historia de las primeras damas estadounidenses en un lugar destacado. En primer lugar, su innegable carisma e infatigable activismo. Pero no menos cierto es que cumplió con los estándares de un rol que tradicionalmente ha sido apreciado cuando se ejerce de manera conservadora. Esto es, a la primera dama no se le valora cuando ha intentado cruzar la línea de influir en asuntos de gobierno.

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La propia Hillary es ejemplo y víctima de ello. Se metió en asuntos de política pública durante el gobierno de Bill Clinton al promover el plan de asistencia sanitaria —conocido y ridiculizado como Hillarycare— lo cual le generó enormes críticas. Entendió bien la lección: para influir en la política de Washington, retomó su propia carrera y al final de su periodo como primera dama, asumió como senadora por Nueva York.

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¿Entonces?

En suma, una posible candidatura de Michelle Obama a la presidencia dentro de cuatro años se percibe por ahora en extremo complicada. Hillary abrió brecha para que una mujer pueda ser presidente de Estados Unidos. Lo que es más, no llegó a serlo por el sistema electoral (ganó en el voto popular, aunque perdió en el colegio electoral, quien es finalmente quien lo elige).

Pero considerando la paliza que acaba de recibir el Partido Demócrata, en el necesario relevo generacional de sus liderazgos y pensando en el mercado electoral del futuro, no parece una mala idea.

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