OPINIÓN: Las tácticas con las que Vladimir Putin sometió a sus oponentes

Su ataque de encanto hacia Donald Trump podría durar mientras crea que puede obtener lo que quiere del nuevo presidente de Estados Unidos.
Personalidad  El carisma de Putin deja en evidencia la "diplomacia asimétrica": maniobras geopolíticas impredecibles de un maestro cinta negra en judo, cuyo objetivo es desconcertar a sus oponentes, dicen analistas.  (Foto: iStock)
JILL DOUGHERTY

Nota del editor: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) — Con las torres del Kremlin brillando en el fondo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, sonó inusualmente fantasioso cuando dio su discurso de Año Nuevo.

"Todos nos volvemos un tanto magos en la noche de Año Nuevo", dijo con un toque de misterio. "Para hacerlo simplemente tenemos que tratar a nuestros padres con amor y gratitud, cuidar a nuestros hijos y a nuestra familia, respetar a nuestros colegas en el trabajo, cultivar nuestras amistades, defender la verdad y la justicia, ser piadoso y ayudar a quienes necesitan apoyo".

"Este es el secreto", dijo con una sonrisa en el rostro.

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No es la imagen que muchas personas fuera de Rusia tienen de este exagente de la KGB. Pero en este nuevo año, el mundo fue testigo de un Putin más amable, más gentil… un líder que durante su discurso anual a la nación, a principios de diciembre, insistió en que "no estamos buscando ni nunca hemos buscado hacer enemigos. Necesitamos amigos".

Algunas personas en Occidente afirman que lo dice en serio… o que al menos es una esperanza, una oportunidad de que regresen a la normalidad las relaciones con un líder ruso que considera al próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como un socio potencial.

El judo geopolítico de Putin

Para otras personas, el carisma de Putin deja en cruel evidencia la "diplomacia asimétrica": maniobras geopolíticas impredecibles de parte de un maestro cinta negra en judo, cuyo objetivo es desconcertar a sus oponentes.

Por ejemplo: el derribo que Putin le aplicó a Barack Obama, presidente de Estados Unidos, a finales de 2016. En un esfuerzo por castigar a Rusia por el presunto hackeo a las elecciones presidenciales de ese país, y con el fin de evitar ciberataques futuros, Obama pidió que se aplicaran sanciones a los altos mandos de las agencias de inteligencia de Rusia y expulsó a algunos diplomáticos rusos de Estados Unidos.

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Todos esperaban que Putin pagara con la misma moneda. Luego, como si fuera una obra dramática de teatro político, dijo que no expulsaría a nadie y además extendió una cordial invitación a los hijos de los diplomáticos estadounidenses radicados en Moscú a la celebración de Navidad y Año Nuevo en el Kremlin, con lo que Obama quedó como el Grinch que se robó la Navidad.

Una de las primeras veces en las que Putin experimentó con la asimetría fue durante la crisis de Crimea, en 2014. En vez de desplegar sus fuerzas militares en una demostración franca de desafío, Moscú envió soldados bien entrenados (sin insignia) a Ucrania y los llamó "personas corteses".

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Gracias a su toque irónico, esa expresión pronto terminó impresa en camisetas que se vendieron en Moscú y fue motivo de orgullo de los rusos, quienes estaban ansiosos por ver que sus muchachos le ganaran una a Occidente.

Siria: ¿Quién está en el atolladero?

Putin volvió a tomar a Estados Unidos por sorpresa en septiembre de 2015, cuando envió aviones militares a Siria en el primer despliegue a gran escala fuera del espacio aéreo soviético del que Moscú se había hecho cargo después de la guerra con Afganistán.

Al principio, las autoridades rusas dijeron que había sido una maniobra "defensiva", pero pronto se hizo evidente que era algo más: un gran esfuerzo por evitar la caída del gobierno del presidente de Siria, Bachar al Asad.

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Obama predijo que Putin quedaría atrapado en un "atolladero", pero la incursión cuidadosamente planeada del gobierno ruso, con su enorme poderío aéreo y casi ningún soldado en el terreno, permitió que las fuerzas sirias tomaran el control de la ciudad clave de Alepo.

Entretanto, Obama quedó atrapado en su propio atolladero en el intento por separar a la oposición "moderada" de Siria de ISIS y de otros grupos terroristas. Las fuerzas rusas y sirias ejecutaron una campaña de bombardeos implacable pero efectiva. Pronto, el presidente electo de Estados Unidos, Trump, dijo que estaba dispuesto a cooperar con Putin para combatir al enemigo número uno: el terrorismo internacional.

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Una vez más, Obama recibió una zancadilla cuando el líder ruso le tendió la mano a Trump, quien incluso habló de la posibilidad de unirse a Rusia para apoyar al gobierno de al Asad. "Siria está combatiendo a ISIS", dijo, "y hay que deshacerse de ISIS".

Primero, en contra de Estados Unidos; ahora, en contra de Obama

Putin, sus altos funcionarios y los medios de comunicación que controla, han empleado técnicas asimétricas para hacer una transición rápida del sentimiento antiestadounidense hacia un sentimiento anti-Obama.

Esa estrategia podría facilitar la preparación de la opinión pública rusa ante una relación más estrecha con Estados Unidos en la presidencia de Trump… si es que Trump puede hacer realidad su deseo de llegar a un "acuerdo" con Putin.

Mientras Putin la hace de policía bueno, sus altos funcionarios reprueban a Obama y afirman que fue un fracasado que intentó lastimar a Rusia.

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Maria Zakharova, portavoz de la cancillería rusa, ha tildado al equipo de Obama de "grupo de perdedores, amargados e intolerantes en política exterior".

"…El pueblo estadounidense sufrió una humillación por parte de su propio presidente", dijo. "No de terroristas internacionales, no de tropas enemigas. Esta vez, Washington recibió el castigo de su propio amo, quien ha complicado al extremo la tarea que apremia al equipo entrante", señaló la funcionaria.

La embajada rusa en Londres incluso tuiteó un dibujo irónico con el texto: "Todos, incluso el pueblo [estadounidense], estarán contentos de ver el final de esta administración desafortunada".

Como ejemplo de otra de sus técnicas para desorientar a su oponente, Putin ha negado, en términos generales, las acusaciones de que Rusia hackeó las elecciones estadounidenses, pero sutilmente provoca a Obama y a los demócratas al declarar a la agencia noticiosa Bloomberg: "Escuchen, ¿acaso importa siquiera quién hackeó esta información? Lo importante es que el contenido se puso al alcance del público".

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Putin ha tratado de tornar a la democracia estadounidense contra sí misma al criticar el sistema de Colegio Electoral que determina los resultados de los comicios. "Allí no hay una verdadera democracia", dijo en el Club de Debate de Valdai. "¿Y encima están tratando de convencernos de que nosotros no somos (democráticos)?".

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Detrás de sus tácticas, Putin está en dificultades porque la economía rusa resiente profundamente la caída del precio del petróleo y las sanciones económicas de Occidente. Su ataque de encanto hacia Trump podría durar mientras crea que puede obtener lo que quiere del nuevo presidente de Estados Unidos.

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