OPINIÓN: La peligrosa visión de Trump y Tillerson sobre el mundo

Sin una estrategia clara para enfrentar la amenaza de ISIS y de Corea del Norte, ni el presidente de EU ni su secretario de Estado se han dado cuenta del alcance del poder que ostentan en conjunto.
Tillerson  El Departamento de Estado de EU necesita a un visionario que pueda aportar cierta visión del mundo a un presidente que probablemente no sepa ni qué es eso.  (Foto: EFE)
David A. Andelman

Nota del editor: David A. Andelman es editor emérito del World Policy Journal y miembro de la junta de colaboradores del diario estadounidense USA Today. Escribió el libro A Shattered Peace: Versailles 1919 and the Price We Pay Today. Síguelo en Twitter como @DavidAndelman. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Un peligro existencial acecha en el fondo de la política exterior de Donald Trump y Rex Tillerson y podría surgir antes de la cumbre de jefes de Estado de la OTAN, que se llevará a cabo en mayo. Este será el primer acto del presidente de Estados Unidos en el exterior desde que asumió el cargo.

La analista Masha Green dijo en entrevista con el sitio web Politico que es "el peligro de tener a… dos hombres desequilibrados, hambrientos de poder frente a sus respectivos botones nucleares, a quienes no puede subestimarse". Habla, desde luego, de Trump y Putin. Pero también podría estar hablando de Trump y del dictador norcoreano Kim Jong Un, o incluso del presidente de China, Xi Jinping. Pero en realidad, ninguno de ellos es el peligro real.

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El peligro real es evidente en las palabras que Tillerson usó al principio de su gira por Asia: que el momento de usar la diplomacia suave o, en sus palabras, la "paciencia estratégica", estaba llegando a su fin.

Eso indica que ni él ni Trump se han dado cuenta del alcance ni de los matices del poder que ostentan en conjunto. Es manifiestamente más grande que el poder de una de las mayores corporaciones del mundo (es decir, ExxonMobil, la empresa para la que Tillerson trabajaba) y más grande que el del magnate inmobiliario más exagerado del mundo.

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Cada día parece que Kim Jong Un está más cerca de tener un arma nuclear funcional. Así que es posible que llegue el momento de que el Pentágono tenga que ofrecer a Trump y a Tillerson alternativas viables al apocalipsis.

Cabe señalar que los encuentros más interesantes de Tillerson en su visita a Asia fueron sus escasas conversaciones "intensas, cercanas, cara a cara" con el general Vincent K. Brooks, comandante de las fuerzas estadounidenses en Corea, en la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur, de acuerdo con Erin McPike, periodista de la revista de derecha Independent Journal Review, a quien Tillerson llevó consigo en esta gira.

El general Brooks entiende mejor que nadie la delicada situación en la que se encuentran Corea y las fuerzas a su cargo.

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Hasta cierto grado, este escenario (en el que los generales son una voz de moderación con matices) ya se ha dado discretamente en la estrategia del gobierno de Trump para enfrentar a ISIS. Hay que recordar que durante su campaña, Trump afirmó que tenía un plan secreto para derrotar a ISIS y que era mejor que cualquier cosa que los generales habían propuesto. Luego, el flamante presidente exigió a sus generales que le presentaran un plan dentro de los siguientes 30 días.

Esos 30 días pasaron sin pena ni gloria. Parece que el plan del Pentágono se transformó en un plan estilo Obama para enfrentar a ISIS: que unos asesores estadounidenses entrenen y viajen con las fuerzas iraquíes y kurdas, pero con un poco más de presencia estadounidense en el terreno, misma que probablemente aumente discretamente a lo largo de los próximos meses, ya que las tropas se acercan a Al Raqa, la capital del Estado Islámico.

En cuanto a Corea del Norte, el peligro más próximo para Estados Unidos, es probable que los generales pronto tengan que hacer por Trump lo que hicieron los generales de Netanyahu en su momento: retirarse silenciosamente del borde de un abismo que no tendría un fondo visible si Estados Unidos o el mundo cayeran en él. Netanyahu quería deshacer el pacto nuclear con Irán, cosa que Trump prometió hacer alguna vez, pero ahora ha aceptado discretamente que sus fuerzas armadas no podrían con el programa nuclear iraní que resultaría de ello.

Si se usara un arma nuclear en la superpoblada península coreana, los efectos colaterales serían incalculables.

Hace varios años, le pedí a un investigador de la Rand Corporation que simulara un juego de guerra para el World Policy Journal. La guerra nuclear, biológica y química se extendió rápidamente por Corea del Sur y por regiones densamente pobladas de China.

De hecho, Seúl, la capital de Corea del Sur, está a tan solo 56 kilómetros de la frontera con Corea del Norte y a 190 kilómetros de su capital, Pyongyang.

Ciertamente no podemos contar con que Kim Jong Un tenga la capacidad de controlarse si percibe una amenaza, real o imaginaria, de parte del país al que considera su enemigo jurado (Estados Unidos) y de sus aliados, particularmente Corea del Sur y Japón. La retórica beligerante del diplomático de mayor rango en Estados Unidos podría avivar la llama en una región que está casi al rojo vivo.

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Hace poco, Trump accedió a asistir a la cumbre de la OTAN que se llevará a cabo en Bruselas en mayo. Este será su primer viaje al extranjero como presidente.

El mejor resultado de esta visita sería, ciertamente, que los jefes de Estado que se reúnan refuercen cierto grado de pensamiento estratégico mesurado, ya que Trump estará rodeado de varios de sus homólogos y ninguno de ellos quiere que se desate entre las grandes potencias un enfrentamiento que rápidamente podría llegar a escala nuclear.

Esperemos que ese proceso haya comenzado a mediados de marzo en Washington: Tillerson convocó a la Coalición Mundial para Derrotar a ISIS, que comprende a 68 organizaciones y países que en gran medida han sido víctimas o sedes involuntarias de redes o individuos terroristas.

La conferencia se llevó a cabo el mismo día en el que ocurrió el más reciente ataque terrorista en Londres. El delegado británico, Boris Johnson (que alguna vez fue alcalde de Londres), señaló que la lucha contra el terrorismo, ya sea patrocinada por el Estado o individual, no cesaría. Pero sobre todo, la respuesta debe ser mesurada y adecuada.

Como primer paso, Tillerson anunció que Estados Unidos implementaría "zonas provisionales de estabilidad" para ayudar a los refugiados a regresar a casa.

Esta probablemente sea la primera prueba concreta del desarrollo de un nuevo eje tras las bambalinas en Washington. Un "eje de la racionalidad" incluiría al secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis; a Mike Pompeo, director de la CIA, y al general H. R. McMaster, asesor general de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Esperemos que ellos logren atraer a Tillerson a su círculo y que se centren en una verdadera visión estratégica, de forma que llegado un momento crítico, puedan decirle "no" a Trump y a sus asesores más beligerantes: Steve Bannon y Stephen Miller.

Tillerson cree que su prioridad hasta ahora ha sido trazar un plan para hacer más eficiente al Departamento de Estado y ahorrar dinero. Pero la dependencia no necesita un experto en eficiencia ni alguien que recorte presupuestos. Necesita cuando menos a un diplomático e, idealmente, a un visionario que pueda aportar cierta visión del mundo a un presidente que probablemente no sepa ni qué es eso.

Todo el mundo está a la expectativa.

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