OPINIÓN: Putin lo hizo para humillar a Clinton y ayudar a Trump

El exdirector de Inteligencia de EU dijo que Rusia, sin lugar a dudas y con pocas consecuencias, desplegó recursos y tácticas para perturbar las elecciones presidenciales.
El exdirector de Inteligencia Nacional de Estados Unidos durante la audiencia relativa a la intervención de Rusia en las elecciones estadounidenses.
James Clapper  El exdirector de Inteligencia Nacional de Estados Unidos durante la audiencia relativa a la intervención de Rusia en las elecciones estadounidenses.  (Foto: EFE)
Juliette Kayyem

Nota del editor: Juliette Kayyem es analista de seguridad nacional de CNN y autora del libro Security Mom: An Unclassified Guide to Protecting Our Homeland and Your Home. Da clases en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, fue secretaria asistente de Seguridad Nacional en el gobierno de Obama, conduce el podcast de seguridad nacional The SCIF y fundó Kayyem Solutions, un despacho de consultoría en seguridad. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) — Se ha escrito tanto sobre la exfiscal general interina de Estados Unidos, Sally Yates, desde que Donald Trump la despidió en enero por negarse a implementar su decreto antiinmigrante, que su testimonio ante una subcomisión judicial del Senado estadounidense despertó gran interés. Pocas personas habían escuchado su voz antes.

Como personaje principal, no decepcionó. En la audiencia, relativa a la intervención de Rusia en las elecciones estadounidenses, detalló sus contactos, por teléfono o en reuniones, con la Casa Blanca y con Donald McGahn, asesor de la Casa Blanca; también habló de que cada vez le preocupa más que es posible que el exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, esté comprometido debido a sus lazos desconocidos con los rusos.

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Con serenidad y franqueza, invocó la Constitución para argumentar que sus preocupaciones eran apremiantes porque involucraban al vicepresidente, Mike Pence, y la cuestión de si le habían mentido. Además, respondió fácilmente a las preguntas de los senadores Ted Cruz y John Cornyn.

Pero no robó cámara. De eso se encargó James Clapper, exdirector de Inteligencia Nacional. En su argumento de apertura y durante el interrogatorio, hizo gala de su compostura usual (además de un toque de fastidio porque lo sacaron de su jubilación para esto) al responder preguntas clave y disipar de una vez por todas las sospechas sobre la investigación.

Primero, Clapper dejó en claro que no él no es un tema de discusión. Desde hace varias semanas, la Casa Blanca y muchos de sus partidarios usaron los testimonios que Clapper dio en declaraciones previas (que no había visto pruebas de la colusión entre el equipo de campaña de Trump y Rusia) para argumentar que, de hecho, no hay pruebas de colusión.

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Sin embargo, esa declaración inicial de Clapper se atemperó con una concesión importante: dijo a la subcomisión que ni siquiera sabía de la investigación del FBI sobre la posible colusión para influir en las elecciones, la cual dio a conocer James Comey, director del FBI, el 10 de marzo.

Esa es una concesión importante de parte de Clapper, pero quería dejar algo bien claro: esencialmente, estaba fuera de la jugada. Dijo a la subcomisión que siempre dejaba al FBI la decisión de informar a los servicios de inteligencia sobre las acciones de las corporaciones policiales; también dejó en claro, durante el escéptico interrogatorio del senador Lindsey Graham, que tal vez en ese momento la prueba de colusión del FBI no había alcanzado el nivel necesario para notificar a los servicios de inteligencia.

Pero la cuestión quedó clara: Clapper ya no cree que pueda hablar sin lugar a dudas sobre las pruebas de colusión. Le ha quitado una defensa importante a la Casa Blanca.

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En segundo lugar, Clapper hizo comentarios totalmente innecesarios que evidentemente estaban dirigidos al público en general y dijo que los rusos "también habían recabado información sobre ciertos objetivos afiliados al Partido Republicano, pero que no dieron a conocer información relacionada con los republicanos". Una vez más pareció que Clapper quería dejar las cosas en claro: los rusos tienen información sobre los republicanos y optan por no revelarla.

Algunas personas han sospechado que los rusos podrían chantajear a los republicanos con esta información, pero yo creo que es más probable que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, haya querido perjudicar a la candidata demócrata, Hillary Clinton, y ayudar al republicano, Donald Trump. Clapper dijo más o menos eso… y no quiere que olvidemos esa historia.

En tercer lugar, en lo que fue una discusión legal retorcida, Clapper se defendió de la ofensiva republicana basada en si había habido filtraciones con motivos políticos sobre la identidad de ciudadanos estadounidenses (también conocidas como "desenmascaramiento"), en este caso del exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn.

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El desenmascaramiento puede ser consecuencia de la "recopilación incidental" de identidades durante una operación de vigilancia en el exterior o de algún otro objetivo. Clapper explicó que la solicitud de las autoridades de los servicios de inteligencia para desenmascarar a un ciudadano estadounidense es "legítima" y esencial para determinar los motivos del agente extranjero al que se vigila… y que es diferente a la filtración "indebida".

¿Por qué importa esto? Desde hace tiempo, el hecho de que se haya "desenmascarado" el nombre de Michael Flynn se ha usado como una especie de prueba nefasta de que el gobierno de Obama lo estaba persiguiendo ilegalmente. Clapper, que ha fungido como líder de los servicios de inteligencia en gobiernos demócratas y republicanos, puso en contexto la cuestión del desenmascaramiento.

Finalmente, Clapper terminó su declaración con un recordatorio de la intención verdadera de esta investigación para la opinión pública estadounidense y para los senadores: Rusia, sin lugar a dudas y con pocas consecuencias, desplegó recursos y tácticas para perturbar las elecciones presidenciales estadounidenses… para socavar a Hillary Clinton y para ayudar a la campaña de Trump. A pesar de que lo dijo sin dramatismo ni emoción, su declaración fue esclarecedora.

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Esto fue lo que dijo: "Los rusos usaron operaciones cibernéticas contra ambos partidos políticos e incluso hackearon los servidores del Comité Nacional Demócrata y publicaron datos robados en WikiLeaks y otros medios de comunicación. Rusia también recabó información sobre ciertos objetivos afiliados al Partido Republicano, pero no publicó información relativa a los republicanos.

En la Evaluación de la Comunidad de Inteligencia se concluyó primero que el presidente Putin dirigió e influyó en la campaña para socavar la fe y la confianza del pueblo estadounidense en nuestro proceso de elecciones presidenciales.

En segundo lugar, lo hizo para humillar a la secretaria Clinton, y en tercer lugar, su intención fue darle la ventaja al Sr. Trump. Se llegó a estas conclusiones con base en la riqueza de la información recabada y analizada minuciosamente; posteriormente, los directores de las tres dependencias y yo la aprobamos".

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En un momento dado, Clapper cometió un error al usar lenguaje de la Guerra Fría y se refirió a Rusia como "los soviéticos". Se corrigió riendo ("disculpen, desliz freudiano"). Pero de alguna forma, fue un buen recordatorio de que la Guerra Fría sigue presente y se sigue librando.

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