OPINIÓN: ¿El escándalo de Trump sobre Rusia es como el Watergate de Nixon?

La Casa Blanca presentó la salida de Flynn como consecuencia de que éste negó haber discutido las sanciones en una llamada con el embajador ruso cuando, de hecho, sí habló sobre el tema.
Trump descarta filtraciones que revelan una constante comunicación con Rusia
JULIAN ZELIZER

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton e investigador de New America. Escribió "Jimmy Carter" y "The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society". También copresenta el podcast " Politics & Polls ". Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) – Cuando Michael Flynn dimitió como consejero de seguridad nacional, se convirtió en el segundo funcionario de alto rango en el círculo íntimo de Donald Trump en renunciar debido a las investigaciones de los supuestos vínculos de la campaña con Rusia.

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En el clásico estilo de Washington, algunos apodaron el escándalo "Rusiagate", recordando el escándalo de Watergate que tumbó a un presidente en 1974, sin embargo, es muy pronto para saber cómo se compara este escándalo con los escándalos presidenciales de las últimas décadas.

La Casa Blanca presentó la salida de Flynn como consecuencia de que éste negó haber discutido las sanciones en una llamada telefónica con el embajador ruso cuando, de hecho, sí habló sobre el tema. Después de su renuncia, CNN y The New York Times publicaron historias que detallaban el contacto frecuente entre la campaña de Trump y los rusos.

El presidente Trump, junto con muchos otros republicanos que lo apoyan, ha abrevado del libro de jugadas del presidente Richard Nixon al intentar enfocar la historia en quién está filtrando la información. En lugar de negar esos reportajes, hablan de la amenaza a la democracia que proviene, dicen, de dichas filtraciones.

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Trump ha tratado de culpar al presidente Obama, afirmando que fue débil con Rusia, y continúa arremetiendo contra los medios que califica de "fake news" por sus "teorías conspirativas y odio ciego", como dijo en un tuit. Trump y Reince Priebus han negado los informes de contactos con Rusia, aunque fuera del círculo de los partidarios de Trump, pocos creen en esos desmentidos.

La pregunta del millón de dólares ahora es, ¿qué pasará con esta presidencia?

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Cada vez hay más peticiones de una investigación legislativa sobre preguntas como las siguientes: ¿De qué hablaron los consejeros del presidente Trump con los rusos y qué dijeron con respecto a las sanciones? ¿Qué tan involucrado estuvo el presidente Trump, si es que lo estuvo, en estas comunicaciones ahora y durante la campaña? ¿Hubo conexiones entre esa interacción y el extensivo hackeo que perpetraron los rusos para influir en el resultado de las elecciones? ¿Cuáles son los intereses comerciales del presidente Trump en Europa del Este?

Puede ser demasiado fácil compararlo con Watergate dado lo que sabemos hasta ahora. Y de hecho, la historia muestra que los escándalos presidenciales pueden moverse en direcciones muy diferentes.

Lance-gate

Hay muchos escándalos que parecen grandes por un momento, pero se desvanecen rápidamente. El presidente Jimmy Carter se enfrentó a un escándalo que involucró a su asesor Bert Lance, expresidente del Calhoun First National Bank of Georgia que fungió como director de la Oficina de Administración y Presupuesto.

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Las participaciones y transacciones financieras de Lance fueron el blanco de muchos cuestionamientos. Los medios lo llamaron "Lance-gate". Y cuando más revelaciones salieron a la luz, Lance renunció. El escándalo dañó el índice de aprobación de Carter, pero también se evaporó. En este caso, no hubo evidencia de irregularidades y la presidencia pudo pasar página.

Varios de los escándalos que enfrentó el presidente Bill Clinton, incluyendo “Whitewater “y "Travel-gate", también resultaron inflados y más tarde quedaron en nada.

Lewinsky

Hay otros escándalos presidenciales que no son devastadores en sí mismos, pero abren la puerta a algo más perjudicial. Clinton fue llevado a juicio político por la Cámara de Representantes en 1998 como resultado de haber mentido sobre su relación sexual con Monica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca.

Las fuerzas partidistas que presionaban para una investigación eran extremadamente fuertes, y la investigación del fiscal independiente Kenneth Starr sobre cargos de acoso sexual contra Paula Jones abrió la puerta a otra habitación que dio a los republicanos la munición que necesitaban para lanzarse al ataque.

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Mientras la Cámara juzgó al presidente, el Senado votó por absolverlo. El público estaba con Clinton, convencido de que los republicanos se habían extralimitado, y los enemigos de Clinton fueron los que sufrieron el mayor daño político.

Irán-Contra

Algunos escándalos con clara evidencia de conducta indebida tumban a funcionarios de la Casa Blanca sin riesgo directo para el propio presidente. Watergate generó la frase: "¿Qué sabía el presidente y cuándo lo supo?", una pregunta que a menudo determina cuánto daño puede causar un escándalo a un presidente.

El escándalo de Irán-Contra reveló que el gobierno de Ronald Reagan había vendido secretamente armas a Irán, y los funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional utilizaron las ganancias para financiar a los Contras en Nicaragua a pesar de que el Congreso había prohibido hacerlo.

El escándalo fue enorme y provocó que Reagan sufriera la peor caída en los índices de aprobación desde el registro de esas cifras de popularidad, la Casa Blanca quedó paralizada mientras luchaba por sobrevivir. Mientras muchos funcionarios de alto nivel fueron declarados culpables en un tribunal por sus acciones, Reagan no se vio afectado personalmente.

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Reagan se mantuvo en el cargo, y además terminó su presidencia de dos mandatos con un histórico avance diplomático al firmar un importante acuerdo armamentista con la Unión Soviética.

Irán-Contra no tumbó a Reagan porque no hubo ninguna clara evidencia que demostrara que el mandatario sabía que el dinero se estaba desviando a los Contras nicaragüenses.

Políticamente, la administración fue capaz de hacer que la investigación del Congreso le favoreciera. Cuando el teniente Oliver North, el hombre clave en la operación del Consejo de Seguridad Nacional, testificó, muchos estadounidenses amaban su atractivo patriótico y su afirmación de haber hecho lo que era mejor para su país. La mayoría de los republicanos apoyaron a Reagan.

Watergate

Luego están los grandes escándalos como Watergate que tienen el potencial de derribar a un presidente. El escándalo comenzó con pruebas de que la campaña de reelección de Nixon había estado involucrada en un robo en la sede de los demócratas en el complejo de oficinas Watergate.

El presidente estaba paranoide y picajoso, atacaba a cada parte del establishment que, en su mente, actuaba en su contra. El escándalo se hizo cada vez más grande hasta que hubo pruebas claras de que Nixon había tratado de obstruir la investigación.

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La comunidad periodística, encabezada por The Washington Post, se movilizó al completo para averiguar qué sucedió y produjo una de las coberturas más duras que los estadounidenses habían visto. No sólo los demócratas, que entonces controlaban el Congreso, lideraron la acusación contra Nixon, un número significativo de republicanos, incluyendo a Barry Goldwater, le dijeron que era hora de dimitir.

En ese caso, la evidencia y el escándalo hicieron que su presidencia llegara a un final dramático en agosto de 1974.

¿Nuevo escándalo?

Es demasiado pronto para saber cómo evolucionará este escándalo. Si hay evidencia clara de una conexión directa entre la campaña de Trump, o los intereses económicos personales de Trump, y la intervención rusa en las elecciones, esto podría ser peor que Watergate, convirtiéndose en un trauma para la nación.

Pero Trump puede sobrevivir a esto. Si no hay evidencia de que estuviera directamente involucrado en estas comunicaciones, el público podría perdonar. Y el partidismo juega a su favor. Si la mayoría de los republicanos del Congreso se mantienen firmes contra cualquier investigación seria, los demócratas quedarán bloqueados.

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Mientras Washington se centra en este escándalo, la administración ha hecho avances con algunas iniciativas bastante importantes -entre ellas la desregulación de enormes sectores de la economía- para gran satisfacción de los republicanos. Los opositores de Trump deberían advertir que la aprobación de su trabajo se ha mantenido fuerte entre sus partidarios.

Como informó The New York Times, los estadounidenses están siguiendo este escándalo a través de distintos canales mediáticos. La prensa conservadora se ha centrado en las filtraciones, no en los contactos del equipo de Trump con Rusia, y es posible que una parte crítica del electorado entienda la historia a través de una perspectiva solidaria y comprensiva.

En otras palabras, puede que ya no haya una plataforma nacional común de medios de información a través de la cual los "Woodward y Bernstein" de hoy puedan tener el máximo impacto con sus reportajes sobre esta historia.

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Trump podría sobrevivir al escándalo mientras los demócratas se consumen con él, perdiendo de vista la pelota y permitiendo que la administración de Trump apuntale su posición política. La capacidad de Trump para distraer a la prensa y cambiar perpetuamente la conversación podría impedir la atención periodística sostenida que produjo Watergate.

Una cosa es segura, el mundo entero está observando, y el presidente Trump encara una prueba como ninguna otra que haya enfrentado antes.

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