OPINIÓN: ¿Por qué México es un país globalizado que no crece?

Las grandes empresas globales que operan en México, deben compartir recursos con las tradicionales, cuyos intereses también deben considerarse en los acuerdos comerciales.
Sin crecimiento  México no es capaz de articular políticas que verdaderamente ayuden a las empresas tradicionales a crecer.  (Foto: iStock)
Vidal Llerenas

Nota del editor: Vidal Llerenas es diputado federal de Morena por la Ciudad de México en la Legislatura LXIII. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Esa es la pregunta que tratamos de responder junto con el economista Dani Rodrik, a quien invitamos a conversar en la Cámara de Diputados. Rodrik ha sido desde hace tiempo un crítico de los procesos de globalización. Su punto es que los países que se beneficiaron de la globalización combinaron la apertura con acciones internas para generar crecimiento como políticas industriales, macroeconómicas, de inversión en infraestructura, de regulación financiera, de formación de capital humano, entre otras.

La sola apertura no genera crecimiento. En eso México es el mejor ejemplo. En nuestro país, después del TLC se multiplicó el comercio y aumentó la inversión extranjera directa, también logramos estabilidad de precios y cierto control de las finanzas públicas, pero crecimos menos que el resto de los mercados emergentes y que el promedio de América Latina. México, para crecer, tendría que desarrollar una nueva política industrial que permita conectar a la mayoría de las empresas mexicanas con los sectores de alto dinamismo.

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Rodrik apunta que México claramente presenta un problema estructural de economía dual. En las empresas tradicionales, que generan el 42% del empleo, se presenta una caída constante en la productividad. Los sectores más productivos y de mayor crecimiento, como la exportación de manufactura a América del Norte, no crece ni genera los empleos suficientes para absorber a los trabajadores agrícolas y a los informales. El problema es que es difícil que el empleo manufacturero crezca de manera importante, debido a los procesos de automatización en las industrias. Es por eso que, además de enfocarse en nuevas industrias, la atención debe de darse a sectores como el de los servicios y los otros bienes no comerciables.

El privilegiar sectores de alta tecnología puede tener resultados, pero también el problema de que no se generen los empleos que se requieren, debido al nivel de capital humano del país. En este caso, aunque el punto es relevante, me parece que México sí cuenta, a diferencia de otros países emergentes, con condiciones para desarrollar y absorber tecnología en varios sectores productivos, con consecuencias positivas en el empleo.

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La recomendación principal, sin embargo, consiste en conectar a más empresas más productivas con las pequeñas firmas que hoy están aisladas, por lo que crecen poco y generan empleos precarios. Romper la dualidad de la economía es el principal reto del país para crecer, de acuerdo con el profesor Rodrik. Eso implica que recursos que hoy solamente están a disposición de las grandes empresas globales que operan en México, como el financiamiento, se compartan con las tradicionales y que sus intereses también se consideren en los acuerdos comerciales.

En realidad existen recetas para romper con este fenómeno de la dualidad estructural. Se requiere cambiar los procesos comunes de política industrial por procesos de colaboración estratégica entre los sectores público y privado para entender cuáles son las barreras relevantes a remover, cuáles son las agencias del gobierno con mayor capacidad de apoyar a las empresas y cuáles son los métodos adecuados para evaluar estas políticas y evitar su captura. Es posible hacer política de fomento con eficacia, retroalimentación, transparencia, evaluación y rendición de cuentas.

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La respuesta a la pregunta de por qué no crecemos y no generamos empleos de calidad si somos una economía abierta y relativamente estable, es que no somos capaces de articular políticas que verdaderamente ayuden a las empresas tradicionales a crecer, a ser productivas, a conectarse con las cadenas globales de valor, a absorber tecnología, a tener acceso a financiamiento y a las compras de gobierno. Eso implica también que las agencias del gobierno sean capaces de establecer con las grandes empresas mecanismos para la inversión en tecnología y el desarrollo de nuevos productos, especialmente para atender problemas nacionales como la salud, la movilidad o la soberanía alimentaria.

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Eso implica incrementar la inversión en infraestructura y orientarla a facilitar el desarrollo de las empresas. Eso requiere seguir incrementando la productiva de la manufactura, pero también la de otros sectores, intensivos en mano de obra, como el agrícola, el turístico o de la construcción. Es decir, la respuesta es no limitarnos a las políticas que reducen los trámites y la regulación, sino también a las que permiten el fomento inteligente de las industrias.

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