OPINIÓN: La cueva de Alí Babá se trocará en la candidatura presidencial

Las fuerzas políticas están en su juego de poner y quitar candados para buscar el mejor suspirante para 2018, y quien gane podrá administrar la cueva llamada México, opina Fernanda Diez-Torres.
Cambios  En la 22 Asamblea Plenaria Ordinaria del Partido Revolucionario Institucional, en el Palacio de los Deportes, se votaron cambios a sus estatutos internos, como el de permitir que los candidatos presidenciales no cumplan con la militancia de diez años, como se pedía anteriormente.  (Foto: Cuartoscuro)
Fernanda Diez-Torres

Nota del editor: Fernanda Diez-Torres es directora de Relaciones Institucionales del Centro de Estudios Económicos Espinosa Yglesias. La puedes seguir en Twitter como @Fer10Torres. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) – La 22ª Asamblea Nacional del PRI discurrió en un ambiente de unidad (fingida o no), donde se avaló que EL CANDIDATO pueda surgir no solo de las filas priistas puras, sino ser también solo un “simpatizante” del expartidazo. Con ello, abrieron la posibilidad a diferentes pretensos, cerrándola también a otros.

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Mientras el ruido electoral se acrecienta en torno a las elecciones presidenciales del próximo año, las cábalas y las sinrazones de un tipo de candidato u otro prefiguran una interesante contienda al interior del PRI. Los duros, los simpatizantes, los dizque-rebeldes e inconformes se reunieron en las mesas temáticas y en la gran asamblea para debatir y acordar la fórmula de cómo lograr la nominación. A la voz de '¡ábrete, Sésamo!', la cueva del cuento de Alí Babá se trocará en la candidatura presidencial para solo uno de los precandidatos.

La cueva no es la candidatura del PRI, eso tan sólo será la “llave” para participar en las elecciones. Cada una de las fuerzas políticas está en su juego propio de poner y quitar candados para buscar el mejor suspirante para la justa que se avecina, y quien resulte vencedor podrá administrar la cueva llamada México.

En el caso del PRI, es un partido que se enfrenta (nuevamente) a la encrucijada de ser o no ser; de abrirse o cerrarse; de cambiar o permanecer igual; de ir para atrás o para adelante. Su decisión no solo tendrá implicaciones hacia sus militantes. Tal vez sea su única oportunidad de renovarse y con ello apelar a la ciudadanía con lo mejor que tiene dicho partido.

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No es el único. El PAN buscará ganar la presidencia aún a sabiendas de poder perder el partido (Castillo Peraza dixit). Además, sus hijos desobedientes deberán acatar cualquiera que sea la decisión de su partido, volviendo a demostrar la fuerza de su militancia cuando convencen al electorado.

Mientras, el PRD, con tal de no perder el registro, deberá hacer lo impensable por unir a todas sus tribus (y las que surjan), ya sea en una gran coalición o dando una sorpresa con un candidato beligerante como lo fue Juan Zepeda en las pasadas elecciones del Estado de México.

De Morena, es claro, Andrés Manuel tiene la (su…) candidatura lista. Los obstáculos a los que se enfrenta son internos; su equipo es una mezcla cada vez más disímbola y diversa de personajes que lo único que tienen en común es Andrés Manuel. Su segundo mayor obstáculo es él mismo.

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Los independientes proclaman que primero buscarán el programa y después el candidato. Eso dicen todos los partidos. Pero a diferencia de los primeros, los independientes tienen el beneficio de la duda y hasta ahora pareciera que son los únicos que no se dan zancadillas entre ellos mismos.

Por último están los partidos pequeños o satélites, venderán sus acémilas para llevar el tesoro de la cueva al mejor postor.

'¡Ábrete, Sésamo!', '¡Ciérrate, Sésamo!', la cueva a merced del ¿mejor? Una cueva de riquezas; antes más que ahora, sujeta o no a que entre y la administre un pillo o que entre y la administre un hombre virtuoso, con nuevos horizontes y visión como Alí Babá.

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Lo malo es que, sumando a todos los partidos, los 40 ladrones se superan en número y malicia. Lo bueno es que México no es un cuento y no solo depende de quién sea el próximo candidato o presidente. Dependerá de que todos los mexicanos exijamos el apego a la ley, seamos más competitivos y no permitamos que la corrupción, el hartazgo y la impunidad nos sigan consumiendo. Nuestra obligación no termina con ir a votar, pero eso es otra historia donde Alí Babá no tiene lugar.

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