Pati Ruiz Corzo, la profesora que dejó la ciudad para recuperar montañas

La activista ecológica Martha Isabel Ruiz Corzo ha sido clave en la preservación y cuidado de la Reserva de la Biósfera de Querétaro
directora del grupo ecologico sierra gorda
martha-isabel  directora del grupo ecologico sierra gorda
Autor: Verónica Díaz Favela | Otra fuente: CNNMéxico

A los 30 años, Martha Isabel Ruiz Corzo decidió que necesitaba un cambio. Era profesora en una escuela a la que asistía todos los días “maquillada” y “con tacones”, y participaba en una orquesta de Cámara. Pero pensaba que ya había aprendido todo lo que su estilo de vida podía enseñarle.

Un cuarto de siglo después, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) concedió el 11 de septiembre a Pati Ruiz Corzo, como se le conoce, el premio Campeones de la Tierra de 2013, considerado el premio Nobel de la Ecología.

La Reserva de la Biósfera Sierra Gorda de Querétaro es un área natural protegida que abarca la tercera parte del estado de Querétaro. Es hábitat de especies en peligro de extinción, como el jaguar, y es la reserva más diversa en ecosistemas, según información publicada en el sitio de internet del Grupo Ecológico Sierra Gorda, el cual dirige Ruiz Corzo.

El reconocimiento a Ruiz Corzo se debe, en parte, a que ha contribuido a que la reserva se convierta en un laboratorio vivo de prácticas ambientales. 

“Somos la única reserva de la biósfera en México que se generó de la base social hacia arriba, y fue totalmente por el entusiasmo y la gente local”, dice Ruiz Corzo en entrevista telefónica con CNNMéxico desde su oficina en la Sierra Gorda cuatro días después de recibir el reconocimiento en Nueva York.

Cuenta que su oficina se ubica junto a la presa Jalpan, una zona rodeada de naturaleza. “Respiro aire de montaña y vienen los búhos a trabajar a la oficina; es un privilegio servir a la Sierra Gorda”.

Su historia en la sierra comenzó cuando ella, su marido y sus dos hijos llegaron a vivir a “un bosque con jilgueros y luciérnagas” donde había nacido su esposo. Los siguientes siete años los pasaron “aprendiendo el placer de la autosuficiencia” y viviendo “los preciosos momentos que la vida simplemente te da”.

Ruiz Corzo comenzó a dar clases de ecología en las escuelas locales donde se ganaba la simpatía de todos tocando el acordeón, mientras su marido llevaba árboles de viveros para reforestar algunas zonas y ayudaba a colocar alambres de púa para que el ganado no se comiera el bosque, según cuenta ella misma.

El proyecto creció y ella, su esposo, un tío, primos y cuñados formaron el Grupo Ecológico Sierra Gorda I.A.P.

El grupo asesoró y organizó a las 638 comunidades que son dueñas de la reserva para lograr que el gobierno federal la decretara reserva de la biósfera en 1998.

El Grupo Ecológico Sierra Gorda gestiona actualmente 162 proyectos. Cada mes ofrecen talleres de sensibilización ecológica a 17,000 niños, crean y mejoran proyectos de ecoturismo, han plantado seis millones de árboles con el apoyo de los propietarios de la reserva y “tropicalizaron” los planteamientos del Protocolo de Kyoto.

El protocolo propone que los países industrializados paguen a los países en desarrollo para que estos cuiden sus bosques en compensación por las emisiones de dióxido de carbono que los primeros emiten a la atmósfera.

Tras 16 años de intentarlo atraer recursos a través de esta vía, la activista  se convenció que nunca verían un peso a través del Protocolo de Kyoto debido a los requisitos, como exigir a los dueños del bosque registros de propiedad cuando a menudo no tienen siquiera un acta de nacimiento. “Esas reglas las hizo un cara pálida de Londres”, dice Ruiz Corzo.

En lugar de rendirse, Ruiz Corzo, dijo, consiguió gestionar que el gobierno estatal les comprara 4,000 toneladas de captura de carbono en la Sierra Gorda con el dinero recaudado al gravar con 30 pesos el canje de placas. El dinero se usa, entre otras cosas, para que a lo largo de todo el año 70 jornaleros restauren laderas, reforesten y hagan el trabajo necesario para conservar el bosque.

CNN no pudo verificar de forma independiente la información.

“Necesitamos que los ecosistemas recuperen su integridad para que nos sigan brindando servicios que son más reales que la Bolsa de Valores, como la frescura, infiltrar acuíferos", reflexiona la activista.

Su labor se extiende hasta la fecha a su familia, dedicada también a la Sierra Gorda. Mario, uno de sus hijos, es coordinador del Manejo Regenerativo de Suelos. “Es un vaquero nato, con un gran liderazgo y respetado por los 400 productores agropecuarios de la región. Él les ayuda a hacer planes de negocio”, dice.

Roberto, su otro hijo, es el naturalista de la reserva. “Sabe de mariposas, árboles, moluscos, es mi asistente técnico y fotógrafo”, cuenta.

Su marido, Roberto, tiene a su cargo el programa de Pago por Servicios Ambientales así como de compra y renta de tierras.

Ruiz Corzo cree que el premio de la ONU es un aval para seguir gestionando recursos, acudir a dependencias federales y seguir dando a conocer las innovaciones de la Sierra Gorda a través de foros nacionales e internacionales, donde ya es una cara conocida.

Cuando mira hacia atrás y recuerda su vida como profesora de música, entiende que tuvo un sentido. La música le permitió conectar con los propietarios de la Sierra Guerra, gente "humilde", a quienes no ve como el enemigo que destruye el bosque para subsistir sino “como una fuerza amorosa”.

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Su experiencia como profesora le dio confianza para dar charlas y conferencias y ser capaz, por ejemplo, de abrir la plenaria del Foro Económico Mundial con 25 presidentes escuchándola.

Ruiz dice que tiene tantos proyecto que le tomaría “esta vida y otras varias” hacer todo lo que quiere. “Restaurar montañas es un trabajo titánico”.

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