Francia recibe supercalculadora

La máquina será utilizada en investigaciones medioambientales, químicas, biológicas y astrofísicas; la calculadora, la tercera en su tipo, puede ejecutar miles de millones de operaciones por segundo.
francia_supercalculadora  (Foto: Thierry Goldmann.)
CIUDAD DE MÉXICO (Embajada de Francia) -

El Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) hará entrega en las próximas semanas a investigadores franceses y europeos de una supercalculadora, capaz de ejecutar miles de millones de operaciones por segundo. Esta máquina superlativa permitirá desarrollar investigaciones infinitamente complejas, en concreto en el ámbito medioambiental, químico, de la biología o de la astrofísica, principales clientes de un cálculo intensivo. El CNRS propulsa así Francia al primer plano de la potencia de cálculo científico. Instalado en el Instituto de Desarrollo y de Recursos Informáticos (IDRIS) en Orsay, cerca de París, el nuevo ordenador alcanza 207,000 millones de operaciones por segundo, superando de lejos las capacidades de su predecesor, 6,700 millones de operaciones. La nueva máquina se convierte así en la tercera supercalculadora civil del mundo, después de Estados Unidos y de Alemania.

Creada junto al gigante IBM, la nueva máquina se compone de un conjunto de diez "armarios" Blue Gene/P. El IDRIS trabaja con la firma IBM desde el año 2000.

Esta plataforma, muy esperada por los científicos, forma parte del programa "gran equipo nacional de cálculo intensivo" y está abierta a todos los investigadores del sector público y privado, lo que es una novedad. "Esta herramienta reforzará la capacidad nacional de cálculo de la comunidad científica, independientemente de las disciplinas", según la ministra de Educación Superior y de Investigación, Valérie Pécresse. La máquina "se integrará en una red de calculadoras a nivel comunitario, permitiendo reforzar el espacio europeo de la investigación en este sector estratégico".

El proyecto europeo DEISA (Distributed European Infrastrucure for Supercomputing Applications), nació en mayo de 2004 por iniciativa de Francia con el objetivo de unir las diferentes supercalculadoras de los centros de investigación europeos, para desligar la potencia de cálculo de las máquinas. "El concepto DEISA integra once grandes supercalculadoras y reúne a siete países europeos a través de una red de muy alto rendimiento. Se realizan intercambios de simulaciones. Es una especie de puesta en común muy original", explica el profesor Victor Alessandrini, director del proyecto DEISA y director del IDRIS. Gracias a su arquitectura abierta, el programa puede extenderse en cualquier momento y a nuevos participantes.

Las supercalculadoras son computadoras potentes, que realizan cálculos infinitamente complejos con cantidades considerables de datos, imposibles de tratar con ordenadores clásicos. Los ámbitos científicos que demandan estos cálculos de alto rendimiento son múltiples. El clima es uno de ellos, donde es necesario responder a los interrogantes del calentamiento climático. Sus aplicaciones necesitan "cuantificar la probabilidad de eventos extremos y simular su impacto sobre los ecosistemas", indica el profesor Victor Alessandrini.

La química también es uno de los ámbitos que hacen uso del supercálculo, ya sea para aplicaciones industriales o para retos sociales. Así, un factor 100 es indispensable para analizar mejor la combustión en el aire de los hidrocarburos, de los que dependen varios cientos de compuestos y miles de reacciones. "Podremos abordar la utilización óptima de los biocarburantes o la minimización de la formación de hollín", señala el profesor Alessandrini. "Será igual para la biología y la farmacología para el estudio de la estructura de las proteínas, interacciones entre proteínas y reacciones entre enzimas, que son la clave de la fabricación de medicamentos".

También es el caso de la astrofísica para la simulación de la formación de estrellas y de galaxias, de la oceanografía para la comprensión de la variabilidad del océano y de sus interacciones con la atmósfera, o de las ciencias de la Tierra, para el conocimiento de la dinámica interna del globo y de los fenómenos sísmicos.

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La supercalculadora, cuyo costo representa una inversión de 25 millones de euros en cuatro años debería "satisfacer las necesidades urgentes, como el estudio del clima para hacer frente a los compromisos del Panel de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima (IPCC, en sus siglas en inglés)" , según Arnold Migus, director general del CNRS.

La puesta en funcionamiento de este gigante da una nueva dinámica a la investigación francesa, en un contexto internacional competitivo, con acuciantes retos económicos y sociales.

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