Apple y Google, más fuertes que Netflix

Estas firmas compiten en el negocio de ‘streaming’ de video, y sus ganancias rebasan las de Netflix; pero el principal reto de la empresa será costear nuevos contenidos y mantener los ya existentes.
netflix  (Foto: AP)
Julianne Pepitone
NUEVA YORK -

La decisión de Netflix de rebautizar su servicio de alquiler de DVD como Qwikster anticipa una escisión absoluta de ese negocio y enfatiza el deseo que esa firma ha tenido por largo tiempo: enfocarse de lleno en el streaming o transmisión digital de contenidos. No obstante, se trata de una estrategia arriesgada: el streaming de video se ha convertido en un juego bastante competido, y los rivales de Netflix tienen carteras mucho más abultadas.

Las casas productoras hoy quieren más dinero por el contenido que proveen, y si Netflix no les paga lo que piden, pueden llevarse su contenido a un servicio rival. Por otra parte, Google, Amazon, Microsoft y otras empresas buscan ampliar sus catálogos de contenido, y cada una de ellas tiene miles de millones para gastar. 

Al finalizar el último trimestre, Amazon tenía 6,400 millones de dólares (mdd) en el banco. Google atesoraba 39,200 millones de dólares; Microsoft acumulaba 52,800 mdd y Apple tenía la exorbitante cifra de 76,200 mdd. Incluso Yahoo puede desembolsar a lo grande si lo quiere, con 2,600 millones de dólares en sus arcas. 

En comparación, Netflix acumulaba apenas 376 millones de dólares en efectivo al término del trimestre.

El gran comodín en la industria ahora es Hulu, que se prevé puede alcanzar un precio de venta entre el rango de los 1,000 y 2,000 millones de dólares. Todos los grandes jugadores están rodeándola, atraídos por el catálogo de series de televisión que Hulu tiene. 

"La venta de Hulu puede ser un catalizador", escribió en un informe publicado el pasado lunes Barton Crockett, analista de entretenimiento en Lazard Capital Markets. Según Crockett, un comprador de Hulu podría potencialmente quedarse con los derechos exclusivos de transmisión de TV de los propietarios actuales de Hulu, que son Disney, NBC y Fox. Eso podría bloquear la capacidad de Netflix para firmar sus propios acuerdos televisivos con esos estudios. 

A pesar de que los ingresos de Netflix crecen a un ritmo acelerado (un incremento interanual de entre 40% y 50% en cada uno de los trimestres previos), actualmente no tiene suficiente efectivo para adquirir Hulu en su totalidad.

Además, los dueños actuales de Hulu tienen bastante interés en evitar que la compañía caiga en manos de Netflix. La firma dice, a su vez, que está comprometida a gastar lo necesario para licenciar contenido de calidad, lo cual es buena noticia para los estudios, pero son todavía mejores noticias si Netflix entabla una guerra de pujas con fuertes rivales.

Guerras por todos los flancos: Aparte de la posibilidad de que un competidor se quede con Hulu, Netflix enfrenta otros dolores de cabeza.

Para empezar, los estudios quieren más dinero. Cuando Netflix incursionó en el mercado del streaming de video hace años, su base de clientes era pequeña, lo que daba a los dueños de contenido una falsa sensación de seguridad. Lograron firmar acuerdos muy económicos, como el que pactó con la cadena de cable Starz, en 2008.

Hoy, todos esos acuerdos han expirado, y los proveedores han elevado considerablemente el precio por el contenido que licencian a Netflix. Un analista estima que pagar por el derecho de contenidos costará a Netflix 1,980 millones de dólares en 2012, frente a los 180 millones de dólares que pagaba en 2010. 

Además, Netflix está perdiendo algunos de esos contratos. Este mes, Starz canceló las negociaciones para renovación de contrato con la empresa y declaró que a principios del año próximo sacaría sus películas y sus series televisivas del sitio.

En opinión del analista de JPMorgan Doug Anmuth, el catálogo de streaming de Netflix incluirá en los próximos meses más series de televisión que películas. Encontrar el balance entre ambos es vital, pues tanto al consumidor como al inversionista les preocupa la calidad de los contenidos.  

Ante el reto que supone costear nuevos contenidos y pelear por mantener los ya existentes, Netflix muestra ya señales de debilidad en el área que alguna vez fuera su mayor fortaleza: el servicio al cliente. En el lapso de dos meses, Netflix ha pasado de ser una marca amada por los clientes a ser el blanco de su ira. Tras anunciar el pasado julio un aumento en sus precios, los consumidores reaccionaron furiosos y amenazaron con abandonar el servicio. Cumplieron su amenaza: la semana pasada, la empresa recortó sus previsiones de suscriptores para el trimestre en curso, indicando que ahora prevé terminar el periodo con 24 millones de clientes (frente a los 25 millones que la compañía había estimado semanas atrás). 

El anuncio del lunes en torno a Qwikster, que pretendía reparar el daño al explicar por qué Netflix tuvo que cobrar más por sus servicios de streaming y de alquiler de DVD, ha echado más leña al fuego. Los  consumidores se ofendieron no sólo por los incrementos en los costos de suscripción y por la incompatibilidad de ambos servicios: el mismo nombre Qwickster les pareció absurdo.

Como dijo un usuario de Twitter: "Qwikster, sustantivo: el sonido que producen varios millones de suscriptores de Netflix clicando su ratón para acceder a la página que cancela su cuenta". 

Si dividir a la compañía en dos (la transmisión digital por un lado y el alquiler de DVD por otro) provoca que más suscriptores deserten, se mermarán más los ingresos que Netflix necesita para mantenerse competitiva en el campo de los contenidos bajo licencia.

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Reed Hastings, CEO de la compañía, es elogiado en Silicon Valley por su capacidad para anticiparse a los cambios que la mayoría de las compañías prefieren ignorar hasta que es demasiado tarde. Este próximo año, ante la amenaza de un éxodo de sus clientes y el subsecuente derrumbe, será el mayor reto para su liderazgo.

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