Lo que el gigante ‘buscó’ en Motorola

Aparte de las patentes, parece que Google buscaba el Droid Razr que lanzará con la firma de móviles; el nuevo dispositivo encarnará la visión que el gigante tiene de cómo debe ser un teléfono Android.
droid razr  (Foto: Cortesía Fortune)
Kevin Kelleher

Ya han pasado casi tres meses desde que Google anunciara su oferta para comprar Motorola Mobility Holdings por 12,500 millones de dólares (mdd). Han sido semanas de reflexiones, especulaciones, análisis y más reflexiones. ¿Qué es lo que Google busca con este acuerdo? Aparte de las patentes, claro está.

La explicación más obvia del acuerdo es que Google estaba interesada en el paquete de patentes propiedad de Motorola, conformado por 17,000 existentes y 7,500 en el proceso de registro. Google necesitaba actuar agresivamente para protegerse de los litigios en materia de patentes. Pero los analistas estimaron que las patentes de Motorola valían, a lo mucho, 3,000 millones de dólares. Entonces, ¿por qué Google pagaría 9,500 millones de dólares más por ellas, sin mencionar la prima del 62% sobre el valor de las acciones de Motorola antes del acuerdo? 

Quizás comenzamos a ver las señales de lo que Google estaba pensando. Para empezar, es muy posible que haya numerosos despidos en Motorola una vez que sea absorbida por Google. La sangría ya ha comenzado, Motorola despedirá a 800 de sus 19,000 empleados incluso antes de que la fusión se materialice. La compañía dijo esta semana que los costos de las indemnizaciones asociadas a los despidos ascenderán a 31 millones de dólares. 

Otra pista tal vez sea el lanzamiento del Droid Razr. Es el último gadget en la popular línea Droid de Motorola de teléfonos que operan con el sistema Android, y se dice que será lanzado en la red Verizon el próximo 10 de noviembre. Si bien es poco probable que consiga atraer a los amantes del iPhone, podría ayudar a Motorola a recuperar parte de la cuota de mercado que le quitó Samsung, cuyos ingresos por ventas de dispositivos móviles aumentaron 40% en el último trimestre, frente a un incremento del 20% en los dispositivos móviles de Motorola. 

Las primeras reseñas del Droid Razr son positivas. Cierto, se trata de otro teléfono Android, pero incorpora elegantes elementos de diseño en la icónica línea con forma de "concha de almeja". Los Razr, que debutaron en el 2003, fueron alguna vez los reyes de los teléfonos, los indispensables. Se vendieron 130 millones de unidades en cuatro años, y convirtieron a Motorola en un nombre importante dentro de la industria móvil.

Motorola afirma que el Droid Razr es el smartphone más delgado del mercado, dos milímetros más delgado que el iPhone. En sus entrañas, lleva un procesador dual-core de 1.2 gigahertz y una pantalla AMOLED de 4.3 pulgadas, gracias a la cual es el primer smartphone que puede reproducir video de alta definición de Netflix. Su batería promete 12 horas de conversación, un buen rendimiento para un teléfono 4G LTE. 

El Droid Razr le ofrece a Motorola un comienzo prometedor en la era del 4G, ahora que las operadoras de servicios móviles construyen sus redes LTE de alta velocidad. Por otro lado, al parecer es el teléfono Android más amigable que la compañía ha producido hasta la fecha. El Droid Razr será lanzado con la versión actual del sistema operativo, pero soportará la próxima generación de Android, llamada Ice Cream Sandwich, a pocas semanas de que Google la libere. Por lo general, ese proceso de actualización puede tardar varios meses.

El Droid Razr pronto se convertirá en un teléfono propiedad de Google, y encarnará la visión que el gigante tiene de cómo debe ser un teléfono Android. El Droid Razr combinará el diseño de hardware de Motorola con el diseño de software de Google. Una vez que Motorola pertenezca a Google, Google podrá diseñar smartphones según sus deseos, pero con la marca y la experiencia de una de las firmas más reconocidas del sector móvil. Lo que me lleva a la verdadera razón que sospecho motivó la compra de Motorola, aparte de su cartera de patentes: Google no tiene idea de lo que sucederá si produce sus propios smartphones. Nadie lo sabe a ciencia cierta. La única forma de descubrirlo es intentarlo. 

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La industria móvil es joven, competitiva y evoluciona con rapidez. Es, por naturaleza, impredecible. Tan fácil es decir que Google se arrepentirá de haber comprado a Motorola, como fácil afirmar que el acuerdo fue un movimiento inteligente. Se trata de una transacción arriesgada que tal vez no tenga éxito; pero donde hay riesgo, también puede haber recompensa. 

¿Y si no tiene éxito? No sería terrible. Google puede cancelar sus operaciones de producción de teléfonos, o segregarlas. Puede incluso escindir esa división y convertirla en una subsidiaria, dejar que Motorola vuelva a los mercados públicos. Quedándose con las patentes, claro está.

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