Jobs y Apple Maps, la pregunta engañosa

Es imposible saber si el fallecido fundador de Apple hubiera evitado el fracaso de la aplicación; en cualquier caso, los fallos de los mapas reflejan la actitud arrogante y desenfocada de la firma.
steve jobs  (Foto: Archivo)
Adam Lashinsky
NUEVA YORK -

Una y otra vez en los últimos días la gente me formula la misma pregunta: ¿Habría ocurrido el fiasco de los mapas si Steve Jobs estuviera vivo?

Les contesto que primero les daré la respuesta fácil: no. Pero también tengo que darles la respuesta más larga. Ya que con Apple, nada es tan fácil como uno piensa.

El análisis real es más matizado que la especulación obvia que plantea que Steve Jobs se habría dado cuenta de que los mapas de Apple no cumplían los parámetros de calidad y se hubiera abstenido de lanzarlos al público.

En primer lugar, una observación: los usuarios de Apple siempre han sido un grupo pendenciero. En otros tiempos, los fieles a la Mac siempre estaban quejándose de algo: algún fallo, alguna función que no marchó tan bien como deseaban, y así sucesivamente.

Se quejaban porque eran unos apasionados de la Mac, de una manera en que la mayoría de los usuarios de PC nunca experimentarán. Ellos ‘amaban' su Mac, por lo que eran quisquillosos respecto a sus deficiencias. Y Apple solía escucharlos, corrigiendo la deficiencia en cuanto se pudiera.

Lo que es diferente es que, en términos relativos, no hubo tantísimos fieles a la Mac y al resto del mundo esas cosas le tenían sin cuidado. Eran unos cuantos millones de almas, y Apple era una empresa de éxito modesto con una cuota de mercado de un solo dígito en un único mercado, las computadoras personales.

Todo eso ha cambiado hoy. Cien millones de usuarios han descargado el iOS 6, el último sistema operativo móvil de Apple, el que lleva los mapas que sitúan el Monumento a Washington en el lugar equivocado.

En otras palabras, las apuestas han cambiado. Ahora todos somos fieles a Apple, y no sólo los usuarios del iPhone. Es raro el adulto consciente  -o el niño- que no posea un iPod, una iPad o un iPhone. Los ordenadores portátiles Mac alcanzaron una cuota de mercado de 27% en Estados Unidos en el último trimestre, informó Apple hace poco.

Así que ahora el debate es más vivo: Más usuarios, más quejosos, órdenes de una mayor magnitud e importancia cuando algo sale mal. Y en este caso, no hay duda de que algo salió terriblemente mal, o el CEO de Apple, Tim Cook, no se habría disculpado por ello.

¿Hubiera permitido Steve Jobs que esto ocurriera? Bueno, hubo numerosas meteduras de pata bajo su vigilancia. Ahora es célebre el episodio en el que trituró al equipo de MobileMe por su traspié al lanzar un servicio que no estaba listo.

Menos comentado es que el propio Jobs tuvo la oportunidad de detener MobileMe antes de su lanzamiento. Además, Jobs realmente no se enfureció hasta que la crítica llegó en serio por parte de reseñadores de alto perfil. Al menos en ese caso, Jobs parecía preocuparse más por la imagen de Apple que por su (posiblemente sub-óptimo) producto.

Hubo otros fracasos. El problema de la antena con el iPhone 4 es un buen ejemplo, si bien Jobs culpó a los usuarios de Apple por no usar su teléfono correctamente en lugar de disculparse como hizo Cook. Algunos han criticado a Cook por mostrar debilidad, eso es una tontería, yo celebro que haya asumido un error.

La lista de los traspiés continúa: Ping, el fallido servicio de iTunes para compartir música, ocurrió mientras Jobs estaba al mando. Lo mismo con las primeras polémicas en torno al precio del iPhone, luego está el Power Mac G4 Cube, y las frágiles pantallas del iPod Nano, sin protección suficiente contra ralladuras.

No obstante, como apunté en mi libro ‘Inside Apple', desde hace más de una década los fracasos relativamente menores de Apple palidecen en comparación con sus impresionantes éxitos.

Además, Apple -en parte a través de un marketing poderoso y focalizado, en parte a través del carisma de Steve Jobs- convenció magistralmente a los medios de comunicación y a los consumidores de no mirar tanto los deslices y maravillarse en cambio por los logros. ¡No prestes atención a lo que está sucediendo detrás de la pantalla, dice el Mago de Oz!

Todo eso ha cambiado en Apple. El mago se ha ido. El tamaño y la complejidad de la empresa y el escrutinio de una base de usuarios mucho más grande no se parecen en nada a lo que eran antes, cuando Steve Jobs presentó la tienda de música iTunes ante un público encantado y una pasmada industria discográfica.

Asimismo, los competidores y los socios de Apple la están examinando con mucho más cuidado que nunca antes. Estamos esencialmente comenzando a entrever y captar sus trucos, y eso no puede ser fácil para un grupo de magos que operan bajo un manto de sigilo.

Algo de contexto es importante. ¿Los fallidos mapas constituyen el inicio del apocalipsis para Apple? Tal vez, tal vez no. No lo sabemos. Es demasiado pronto para decirlo.

Entre tanto, la compañía vende millones de iPhones -más que antes- y sigue generando dinero a tasas nunca vistas. Si Apple está acabada, es una forma bastante sana y robusta de acabar.

En resumen, es imposible e incluso absurdo especular sobre lo que habría hecho alguien que ya no está. Pero todavía me quedan interrogantes sobre la generación actual de directivos a la cabeza de Apple.

Era obvio para cualquier observador que a los mapas de Apple les faltaba calidad. Los desarrolladores lo sabían desde junio, cuando Apple lanzó su kit de herramientas para que ellos pudieran crear aplicaciones para iOS 6. Lo discutimos incluso en la conferencia Fortune Brainstorm Tech en Aspen a finales de julio.

Como lo dijo Scott Forstall, ejecutivo a cargo de iOS, el 12 de septiembre, Apple construyó sus mapas "desde cero", y la gente del mundillo cartográfico te lo dirá, cartografiar el mundo es una tarea ingente. Incluso el poderoso Google tardó unos cinco años para emparejarse con Mapquest de AOL, el servicio de mapas entonces dominante.

Así que la pregunta incómoda es la siguiente: Si Apple sabía que sus mapas no iban a ser muy buenos, ¿por qué los liberó al público? Una pregunta más aterradora si cabe: ¿Desconocía Apple que sus mapas, un producto que sabía muy bien que sus clientes utilizan todos los días, tenían tantas carencias?

No estar consciente de los defectos de un producto antes de su lanzamiento público habla de una organización arrogante y desenfocada. Dado que Apple es tan hermética, carece del mecanismo de ‘feedback' que tienen otras empresas más dispuestas a compartir sus productos con socios y usuarios confiables antes de lanzarlos.

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Entender las respuestas a estas preguntas nos daría una idea real de dónde se encuentra Apple hoy, a casi un año de la muerte de Steve Jobs.

Llamé a Apple para plantearle estas preguntas. Apple no quiso hacer ningún comentario... algunas cosas de la compañía de la manzana no han cambiado.

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