¿Internet nos convirtió en entes con gustos previsibles y sin sorpresas?

Los algoritmos de la web te ofrecen cosas que ya 'saben' que te gustarán. Eso ahorra tiempo, pero, ¿de qué te estás perdiendo?
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Autor: Todd Leopold
(Reuters) -

Entras a un servicio de música en línea como Spotify a curiosear y al cabo de una hora estás escuchando canciones o artistas muy similares a los primeros que elegiste en el sitio. Te inscribes al mes de prueba de Netflix y cuando te toca renovar tienes una lista de series por ver sumamente similares entre sí y probablemente las mismas que ven tus amigos.

Un término de búsqueda en Google puede producir docenas de resultados, pero pocas veces pasamos de la primera página, que tiene las sugerencias más populares (y usualmente obvias). Siri es útil, incluso entretenida, pero no particularmente sorprendente.

Todo esto está bien (y es sumamente conveniente), pero ¿falta algo?

Nuestra confianza en los algoritmos de computadora deja fuera de la fórmula a la casualidad, a la fortuna y al azar, dice Chris Haufe, un profesor universitario que se especializa en historia y filosofía de la ciencia.

“Perdemos algo vital para la producción del conocimiento”, dice.

Internet es una bola gigante de aleatoriedad, ya sean entradas de Wikipedia, artículos académicos, videos de YouTube o memes (ideas o símbolos, generalmente de contenido humorístico, que se transmiten viralmente en internet) en redes sociales. Cuando decimos “navegar internet”, nos referimos a una sesión de saltar de un sitio a otro y de enlace en enlace, bajo el capricho de nuestra curiosidad. Borges estaría encantado.

Por otro lado, al intentar reducir ese conocimiento a pequeños fragmentos, nos arriesgamos a reducir la posibilidad de casualidad. Las herramientas digitales vienen equipadas con algoritmos sofisticados que atienden nuestras personalidades, nuestros pasados, nuestras expectativas. Y no necesariamente buscamos algo nuevo y diferente.

“Uno de los efectos realmente afortunados (de los algoritmos) es que las personas no se ven forzadas a pensar sobre las cosas en las que normalmente no pensarían, con todo diseñado exactamente en la forma en la que idealmente te gustaría que estuviera”, dice Haufe. “Realmente pone a dormir al cerebro”.

Predictibilidad contra novedad

El problema se remonta al viejo dilema entre predictibilidad y novedad.

Nos gustan las zonas de confort y conveniencia. Nos quedamos con ciertos productos y, especialmente en la era de internet, queremos nuestras opciones rápida y eficientemente.

Mucho antes de que las computadoras gobernaran, establecimos sistemas que proporcionan la esperado. Considera las cadenas de comida rápida, conocidas por sus estrictos controles de calida, y el Top 40 de radio, que nació porque a las personas nos gusta escuchar las mismas canciones una y otra vez.

Hoy en día, la riqueza de datos de internet puede facilitar aún más esas elecciones.

La era de internet hizo un contenido más atractivo y personalizado, dijo Jacqueline Corbelli, fundadora y CEO de BrightLine, una empresa de marketing que crea anuncios dirigidos de televisión.

“Las personas no quieren que les hablen y que les anuncien cosas, pero a lo que sí responden es a la comunicación relevante que no es descaradamente publicidad”, dice. “Quieren una experiencia personalizada. Si me van a anunciar cosas, al menos que sean cosas que de verdad me interesan y de las que quiero saber”.

Sin embargo, a veces lo inesperado tiene las mayores recompensas, ya sea correr el riesgo de probar un nuevo platillo, leer a un nuevo autor o simplemente perderse en una ciudad.

Los expertos en inteligencia artificial han considerado este elemento de ganancia por azar durante años, dice Tim Tuttle, el CEO y fundador de Expect Labs, una empresa que se especializa en tecnología de anticipación.

Avanzamos hacia un mundo donde podremos rodearnos solamente de la información que nos importa, señala Tuttle, y “los sistemas que utilizamos aprenderán qué nos gusta y nos lo darán las 24 horas al día". No se puede escapar de eso y tendremos que ajustarnos, agrega. De hecho, el producto pilar de Expect Labs, que saldrá pronto al mercado, se llama MindMeld, una aplicación de reconocimiento de voz para iPad que monitorea las conversaciones para “agilizar el descubrimiento de información”, según su sitio web.

Pero, añade Tuttle, todavía no estamos en ese mundo.

“A 10 años de ahora, 15 años a partir de ahora, podríamos mirar hacia atrás y percatarnos de que hay una desventaja en darle a las personas solo la información que les interesa, y sospecho que aprenderemos a hacer estos sistemas para que puedan sorprenderte de vez en cuando”, dice el veterano del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

División y pensamiento grupal

Eli Pariser, en su libro The Filter Bubble (La burbuja filtro), se preocupaba de que internet nos dividía en intereses. “Los algoritmos que orquestan nuestros anuncios comienzan a orquestar nuestras vidas”, dijo en una conferencia de innovación, TED.

Además los resultados comunes en línea pueden convertirse en un pensamiento de grupo. “Diría que el mayor problema con esto no es la pérdida de casualidad, sino el ritmo acelerado de la convergencia de creencias”, dice Haufe.

Por ejemplo, Google publicó gratuitamente, en línea, los libros que están libres de derechos de autor. En un estudio, más del 70% de una gran clase citó la misma fuente secundaria de principios del siglo XX, y nada contemporáneo, dice Haufe. Eso se debe a que “podían descargar esta fuente secundaria de Google Books, y no tenían que ir a la biblioteca a obtener material”, explicó.

Lo compara con el circuito de retroalimentación de Google: mientras más veces algo era visto en Google, más probable era que apareciera en una búsqueda, y mientras más aparecía en una búsqueda, más probable era que fuera visto.

“Así que tienes este circuito de retroalimentación que resulta en una rápida destrucción de puntos de vista alternativos”, dice.

Otro cambio

La generación anterior se preocupaba de que la televisión iba a arruinar a la familia, al alejar a las personas de la mesa para ver la televisión en silencio. Años después, en la era de las pantallas individuales, la televisión fue interpretada como un pretexto para la cercanía familiar, explica el trabajador social Robert Weiss, autor del libro de próxima publicación Más juntos, más separados: el efecto de la tecnología e internet en el sexo, la intimidad y las relaciones.

Así que, ¿internet reduce las elecciones y cierra puertas? En realidad las abre, dice Weiss.

“La tecnología reemplazó a algo que eliminamos en el siglo XX: la comunidad”, dice. La posguerra vio la ruptura de las familias extensas y de los vecindarios muy unidos, pero gracias a internet y a los gadgets conectados “creamos esta capacidad para conectarnos con las personas y crear comunidad. Podemos encontrar grandes grupos de personas que comparten intereses”.

Por otra parte, muchos sitios y aplicaciones nos permiten dar sentido al caos en una forma en la que antes no podíamos hacerlo, añade. Como Shazam, la popular aplicación de identificación de música: antes podías escuchar una canción al azar y nunca saber cuál era. Ahora, con un clic en Shazam puedes no solo identificar la canción, sino también descargarla.

“La generación mayor siempre (menosprecia) las nuevas tecnologías de la gente joven porque tenemos miedo de quedarnos atrás”, dice.

¿Una verdadera pérdida?

Dejar de poner atención a lo inesperado es como ser guiado ciegamente por un GPS, dice Doug Cannon, un profesor de Filosofía en la Universidad de Puget Sound, en Estados Unidos. Pierdes el sentido de dónde estás.

“Que las computadoras sustituyan nuestras capacidades sensoriales, nuestras memorias, y nuestras oportunidades de encuentros aleatorios y de estímulos inesperados, me parece una pérdida real”, dice.

Por supuesto, todavía no estamos allí, señala, como Tuttle. Y los investigadores inteligentes reconocen que, incluso en nuestros momentos más predecibles, no somos completamente predecibles.

“Todas las inversiones que hacemos para intentar (casi) gestionar la casualidad, no funcionan realmente debido a una cosa que los académicos llaman ambigüedad causal. Incluso la mejor investigación de ciencias sociales no puede explicar cómo y por qué algunos resultados ocurren en ciertas situaciones”, dice Rita McGrath, una profesora en la escuela de negocios de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.

Esto ayuda a recordar que internet y la tecnología relacionada, incluso con todas sus capacidades, permanecen como herramientas, dice Tuttle. Al igual que con la automatización que se ha logrado a través de los siglos, la idea de estas tecnologías es liberar nuestros cuerpos y nuestras mentes para enfocarse en otras cosas.

“Si puedes automatizar tareas mundanas, eso le da a las personas el tiempo para ser realmente creativas y trabajar en cosas interesantes que no tienen tiempo de hacer”, dice.

La clave, dice Weiss, es simplente estar abiertos a la aleatoriedad que presenta en sí.

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