Madres que beben, más preocupante que divertido

Ser una “madre que bebe” no necesariamente significa que uno tenga un problema con la bebida, aunque ha despegado en un momento en que el consumo de alcohol se ha disparado entre las mujeres.
Alcohol y maternidad  Para algunas mujeres es una especie de autoayuda de fácil acceso, una oportunidad de consumir un poco de "paciencia líquida" después de lidiar con niños ingobernables.  (Foto: Shutterstock)
Elissa Strauss
(CNN) -

La película A Bad Moms Christmas, una comedia protagonizada por Mila Kunis, Kristen Bell y Kathryn Hahn, es la historia de la rebelión de tres madres contra el trabajo a menudo invisible impuesto sobre las mujeres durante la temporada navideña.

No más comprar y envolver regalos, picar, hornear y decorar, y todas las demás actividades que hacen de este momento el más maravilloso del año… para todos los demás. Esta vez, se lo tomarán con calma. Esta vez, buscarán placer, no perfección. Y esta vez, estarán borrachas.

Al igual que en la primera entrega de Bad Moms lanzada en 2016, las escenas del desenfreno materno en la secuela navideña buscan impactarnos. Buscan que la audiencia esté asombrada y divertida por igual al ver cómo tres madres convierten una actividad ordinariamente femenina y organizada, como ir al súper o al centro comercial, en una bacanal.

Con el carisma y las tablas de estas actrices para la comedia, estas escenas son bastante divertidas. ¿Pero sorprenden? Realmente no.

En la última década las madres que beben alcohol se han convertido en un elemento básico de la cultura popular. Otras dos películas, Girls Trip y Fun Mom Dinner, narran las borracheras de las madres. Las copas y las madres también hacen mancuerna en Modern Family y Cougar Town.

Y de acuerdo con los más recientes estudios, las madres reales beben cada vez más. Una tendencia que no desaprovechan los vendedores con copas y vinos especiales para ellas o mommy juice (jugo de mamá), un juego de mesa y un festival. Los grandes grupos en Facebook , los test en línea y los memes sobre las mamás bebedoras dan la impresión de que constituyen un grupo demográfico considerable.

Según varias madres, a propósito de la forma en que las madres que beben vino son representadas en la cultura popular, las wine moms, como se les conoce coloquialmente a estas mujeres, suelen beber por dos motivos.

Para algunas, es una especie de autoayuda de fácil acceso, una oportunidad de consumir un poco de "paciencia líquida" después de lidiar con niños ingobernables. Para otras, es una forma de rebelarse contra una cultura en la que una buena madre es sinónimo de abnegación. Una copa de vino, o mejor, emborracharse, es un simbólico "no" para el mundo de las elaboradas fiestas de cumpleaños, la prolongada lactancia materna o las tardes llenas de actividades extracurriculares seguidas de cenas orgánicas caseras.

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Olvídate del pan y las rosas, un eslogan político popularizado a principios del siglo XX en referencia a las mujeres que trabajaban, ahora las mamás que beben quieren pan y rosado, sustento y alegría, tal como lo interpretan los padres de la generación Sex and the City.

El problema es que cuando no pueden conseguir el pan (porque vivimos en una sociedad que les niega a las madres y a los cuidadores la dignidad que desde hace tanto tiempo merecen, tanto en el ámbito público como en el privado), el vino rosado está allí para ayudarlas a olvidar.

Esto se materializó en la primera entrega de Bad Moms, donde el alcohol era en última instancia un premio de consolación autoadministrado ante la incapacidad para hacer del mundo un lugar más hospitalario para las madres y los cuidadores. Y ocurre también en el mundo real, donde las madres están tan influidas por la cultura de la maternidad "todo incluido" que se sienten impulsadas u obligadas a participar en un comportamiento adulto perfectamente normal, como beber, en el contexto de "madres".

Hoy mamá necesita algo que la calme
Y aunque no está enferma
Hay una pequeña pastilla amarilla
Corre a buscar el refugio de ese pequeño ayudante de mamá
- The Rolling Stones, Mother's Little Helper.

Esta canción de 1966 aborda el aumento de las drogas tipo Valium que los médicos prescribían a las madres para escapar del tedio y el fastidio de la vida doméstica en esa época. Si sustituimos "pequeña pastilla amarilla" por "vaso de Zinfandel" es fácil ver cómo, medio siglo después de la publicación de The Feminine Mystique, persiste la "extraña agitación" diagnosticada por Betty Friedan.

Aún no tenemos licencia remunerada universal ni licencia para el cuidado de los hijos, tampoco oficinas amigables con la familia, apoyo económico para madres desempleadas o parejas que realicen su parte justa del trabajo doméstico. Lo que sí tenemos es vino.

Beber más

Aunque ser una “madre que bebe” no necesariamente significa que uno tenga un problema con la bebida, el fenómeno cultural ha despegado en un momento en que el consumo de alcohol se ha disparado entre las mujeres.

Un estudio reciente en JAMA Psychiatry encontró que entre 2002 y 2013, el "consumo de alto riesgo", definido como el consumo de cuatro o más bebidas al día, aumentó entre las mujeres en un 58%, en comparación con un aumento del 29.9% entre la población general.

El “problema con la bebida” o beber tanto que causa problemas significativos en tu vida y/o la incapacidad para dejar de beber, aumentó en un 83.7% entre las mujeres durante este período, dice el estudio, en comparación con un aumento del 50% en la población general.

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Aunque no hay investigaciones que analicen en qué forma ha contribuido el fenómeno de las madres que beben al cambio en los hábitos de consumo, los expertos creen que existe una conexión.

"Las madres que bebían alcohol solían ser un tabú", señaló Emily Feinstein, directora de políticas y leyes de salud en el Centro Nacional de Adicción y Abuso de Sustancias de Estados Unidos. "Ahora hay más mujeres que reconocen que ser madre es un trabajo duro, lo cual es algo bueno, y necesitan una bebida al final de su jornada ".

No hay nada malo en tomar una copa de vino por la noche, agregó Feinstein, pero advirtió que debería hacerse después de que los niños se vayan a dormir y no se les debe informar al respecto. "Si ellos ven que estás bebiendo para lidiar con el estrés, aprenden que así es como deben lidiar con el estrés".

Pero beber más de una copa de forma cotidiana, como lo hacen cada vez más mujeres, es una historia diferente y puede conducir a la adicción, así como a una serie de problemas de salud. Según Feinstein, las mujeres metabolizan el alcohol de manera menos eficiente que los hombres y, como resultado, se intoxican más rápido y tienen peores resacas. También son más proclives que los hombres a sufrir consecuencias por beber, incluyendo daño al hígado, cerebro y corazón.

Britni de la Cretaz, una alcohólica en recuperación que se convirtió en madre cuando tenía tres años de sobriedad, descubrió que la ubicuidad del alcohol entre las madres era alienante.

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"Incluso como alguien muy segura de mi sobriedad, descubrí que no podía identificarme con otras madres. Siempre estaba ese guiño y alusión sobre la necesidad de esa copa de vino", explica. "No creo que haya nada malo en beber, lo que me preocupa es el mensaje que se envía a las mujeres, de que la única manera en que pueden lidiar con la crianza de los hijos es bebiendo".

Hay, por supuesto, muchas madres que beben que no siguen el guión de la wine mom. Son mujeres que beben para divertirse y no ven el consumo de alcohol a través del prisma de la maternidad. Para ellas, tomar una copa no significa evadirse del desgate de los hijos o rebelarse contra el estereotipo de las madres perfectas. Más bien es un tiempo para ellas en el que visitan otros aspectos de su persona que no tienen relación con la maternidad.

Laura Beatrix Newmark, madre de dos hijos en Nueva York, dijo que cuando estaba de baja por maternidad, a veces se encontraba con amigos en un bar durante el día. Mientras el bebé dormía ella tomaba "un vaso de rosado". "Realmente se trataba de mostrarme que seguía siendo la misma persona después de tener hijos", dijo Newmark.

Una mujer que toma una copa de vino, y que da la casualidad que es madre, no tiene que importarle a nadie. Es la wine mom la que preocupa.

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Ya sea que beba por liberación, rebelión o ambas cosas, esa copa de vino todavía está atada a todo el sacrificio que hace como madre, un sacrificio que, gracias al vino, podría estar demasiado dispuesta a aceptar.

Hay que brindar por las fiestas de cumpleaños planeadas por los papás; por los lugares de trabajo que no repudian a los empleados que tienen que irse a las 6; por guarderías de calidad y asequibles distribuidas a lo largo y ancho de la tierra. Hay que brindar por las mamás que se permiten salir del escenario de vez en cuando, y sentirse liberadas para buscar el placer por el placer, a través de una copa de vino o de cualquier otra cosa que sus corazones deseen.

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