Aunque detrás de este éxito global existe una raíz que explica sus habilidades: una manera distinta de observar la realidad desde que era niño.
"Yo no veía magia, veía posibilidad. Mientras otros observaban un truco, yo veía una pregunta: ¿cómo es que mi mente puede creer algo que no es real?", recordó en entrevista.
Desde muy joven entendió que el asombro era una puerta: el acto que dura segundos es capaz de convertirse en el cambio de perspectiva que perdura. Lo que distingue a Castañeda en su faceta como mentalista es posible notarlo en los primeros minutos de sus conferencias.
En sus manos hay evidencia de que la mente puede ser guiada hacia otro lugar y, para el entorno corporativo, sus dinámicas ayudan a romper con la creencia de que un equipo ha alcanzado su máximo potencial.
Víctor identificó esta creencia como una barrera para la exploración y el cuestionamiento que conducen a innovar.
Al trabajar con líderes y sus colaboradores, presentándoles situaciones que parecen imposibles para luego descifrarlas, su labor es demostrar que el desempeño actual lo condicionan techos mentales que pueden romperse.
"No suena limitante, pero lo es. La mente no es un tema soft, es el sistema operativo de todo lo demás". El problema casi nunca es la estrategia, es ejecutarla desde una mentalidad que dejó de cuestionarse”, explicó.