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Los MBA se dejan seducir por el 'mindfulness'

Las universidades ofrecen programas de liderazgo basado en el cuidado físico y emocional para atraer a empresarios que desean desarrollar sus habilidades socioemocionales.
Desarrollo emocional.
Más allá de los números. Clases de meditación, de cuidado alimenticio y sesiones con psicólogos ayudan a los profesionales a gestionar, vincularse con otros y responder de manera distinta a momentos de gran tensión. (Foto: skynesher/Getty Images)

No es necesario ir a la India o tener un gurú personal para que un empresario aprenda a manejar el estrés. Las escuelas de negocios ya se concentran en diseñar programas en los que el ejecutivo aprende a poner ‘plena atención’ –o desarrollar mindfulness– para gestionar sus equipos, su carrera empresarial y los cambios que en ésta se generen.

Es lo que le sucedió al ingeniero Jorge Hoffmann, quien cursó el máster de Liderazgo de Alto Rendimiento en la escuela de negocios española EADA. “Yo dejé ir un MBA y, con ello, el apoyo económico que mi empresa brindaba, con tal de estudiar un programa que me ayudará a reenfocar lo que quería hacer con mi carrera y con mi desempeño. Mirarme a mí fue el principio de un cambio”, cuenta.

La posibilidad de ser un ejecutivo diferente, en términos del rendimiento laboral, es real. La carrera ejecutiva tiene niveles importantes de desgaste, pero si en esa trayectoria se introducen hábitos para cuidar la salud física y emocional, el ejecutivo aprende a gestionar, a vincularse con otros y a utilizar sus habilidades socioemocionales de manera distinta para responder a momentos de gran tensión en la empresa, explica Lucía Langa, directora del Máster en la EADA.

El programa que estudió Hoffmann tiene la particularidad de desarrollarse en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Barcelona, donde los ejecutivos viven y cursan materias enfocadas en desarrollar hábitos de nutrición, entrenamiento físico y psicológico, como los que llevan figuras olímpicas.

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“Son nueves meses para trabajar competencias de alto rendimiento y los estudiantes llevan desde un plan de alimentación y ejercicio especial, hasta actividades don de se mide su capacidad neurológica de concentración y resiliencia”, agrega la directora del Máster en la EADA.

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Entre las herramientas del programa se encuentran principios de meditación, evaluaciones médicas durante la maestría, programas alimenticios especiales y cursar sesiones con psicólogos que hablan sobre rendimiento y neurociencia. A la lista de escuelas con programas de este tipo se suman el MIT Sloan y su programa ‘Neurociencia para el liderazgo’; el programa Liderazgo y Mindfulness en la Escuela de Negocios de la Universidad de Nueva York y el club y programa de Mindfulness en Wharton.

Un cambio de vida

Hoffman, quien al término del máster cambió su trabajo en un banco chileno para integrarse al cuerpo técnico de un equipo de futbol, no se arrepiente de haber dejado pasar la
oportunidad de un MBA financiado.

“Mientras trabajaba en el banco, vi empresarios que no cuidaban de sí mismos a ninguna hora del día. Sólo querían rendir 24/7, pero eso, a largo plazo, tiene un impacto negativo en
el lugar de trabajo y en el desempeño, aspecto que no valoras cuando sólo aspiras a ser un directivo”, añade.

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La demanda de programas que no son necesariamente un MBA, sino maestrías que enfatizan en el desarrollo de habilidades soft, aplicadas al mundo de negocios, crece.

En 2009, el 15% de los candidatos a una maestría de negocios consideró un programa diferente al MBA, según datos de la encuesta ‘Prospective Students 2017’, del GMAC, organismo encargado de aplicar el GMAT, la evaluación estandarizada para ingresar a las escuelas. En 2017, esta cifra subió a 23 por ciento.

El dato: 23% de los aspirantes a un MBA analiza tomar un posgrado que le ayude con sus habilidades soft.

NOTA DEL EDITOR: Este reportaje se publicó originalmente en la edición de la revista Expansión 1221.

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