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Del traje a los tenis, el nuevo código del liderazgo empresarial

Más que moda, los tenis y el estilo casual se vuelven un código de liderazgo que redefine la autoridad y apuesta por la cercanía en las empresas.
jue 30 abril 2026 12:46 PM
Los líderes adoptan tenis y cambian los códigos de autoridad en la empresa
Los tenis se abren paso en oficinas y salas de consejo, donde la forma de vestir deja de marcar distancia y empieza a acompañar una manera distinta de liderar. (iStock)

Durante años, la autoridad en la empresa se reconocía a simple vista. Traje oscuro, zapatos de piel bien boleados y, en muchos casos, hasta corbata. Así se veía el poder y así también se marcaba la distancia con los trabajadores.

Con el tiempo, esa imagen empezó a moverse, primero de forma discreta y luego con mayor claridad, cuando muchas prácticas laborales comenzaron a transformarse y la forma de vestir dejó de ser un código incuestionable.

Hoy, en cada vez más oficinas y salas de consejo, los tenis aparecen como una señal de que la forma de liderar está cambiando. No es moda ni descuido, es la necesidad de moverse con libertad y concentrarse en la conversación, no en el uniforme.

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En industrias como la publicidad, ese tránsito ocurrió de manera más natural. Vieri Figallo, CEO de la agencia Figallo, cuenta que el uso de tenis respondió a una decisión práctica. “Las jornadas son largas, el movimiento es constante entre juntas, producciones y trabajo con los equipos, y la comodidad terminó por imponerse. El estilo vino después”, comparte.

El creativo explica que todo depende del contexto y de la lectura del entorno. Con clientes más conservadores, el código se ajusta. Con startups, creativos o equipos jóvenes, el look pierde relevancia y el foco se mueve a la conversación. “Nunca hemos perdido un negocio por usar tenis; pero sí hemos ganado conversaciones más honestas”, señala.

La elección del calzado también dice algo sobre la forma de liderar. Para Figallo, usar tenis en reuniones estratégicas o con el consejo envía el mensaje de que el centro está en resolver, no en impresionar. El liderazgo no se sostiene en el disfraz, lo hace en las decisiones que se toman en la mesa.

Ese mensaje empieza a repetirse en otras organizaciones de otros sectores. La comodidad reduce fricciones y acorta distancias, lo que vuelve más fluida la interacción cotidiana y modifica la manera en que los equipos se relacionan con quien dirige.

Para Gabriela Arredondo, consultora en imagen pública, el mensaje no está en los tenis por sí solos, sino en todo lo que los acompaña.

“El zapato nunca habla aislado. Habla junto con la ropa, el contexto y el cuidado personal. Cuando el conjunto es coherente, los tenis pueden comunicar cercanía sin perder autoridad”, apunta.

Desde su perspectiva, el secreto no está en romper reglas, sino en entenderlas y adaptarlas porque la imagen dejó de funcionar como un uniforme rígido y pasó a convertirse en una extensión del liderazgo, donde cada elemento suma o resta según el escenario.

“El matiz sigue siendo clave”, dice la experta. Adaptarse a la audiencia también forma parte de liderar. Figallo evita combinar tenis con corbata y prefiere usarlos con blazer cuando hace sentido, porque la forma acompaña al fondo y no compite con él.

Esa lectura coincide con lo que observa Estephanía Domínguez, directora general de la firma de consejeros independientes BoardMedia. En consejos y comités directivos, asegura, el cambio ocurrió casi en silencio. Primero debajo de la mesa, cuando los tenis empezaron a sustituir a los zapatos de piel, y después pasó con el resto del atuendo.

“No fue una decisión colectiva ni un anuncio formal. Simplemente empezó a pasar. Y cuando te das cuenta, la conversación ya no gira alrededor de cómo te ves, sino de lo que dices y cómo lo dices”, señala.

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En ese tránsito también influyó la convivencia generacional. Hoy coinciden hasta cuatro generaciones en una misma empresa y, para muchos líderes, los tenis funcionan como un puente simbólico con equipos más jóvenes, donde la coherencia empieza a pesar más que la formalidad tradicional.

“Las nuevas generaciones no leen la autoridad desde la ropa, la leen desde la congruencia. Cuando el líder se siente auténtico, el equipo lo percibe de inmediato”, apunta Domínguez.

El cambio, no obstante, tiene límites. Usar tenis no equivale a descuidar la imagen y exige mayor atención al detalle. “Pensar que cualquier par funciona es uno de los errores más comunes”, advierte Arredondo.

Los tenis deportivos, pensados para entrenar o correr, suelen restar autoridad en contextos profesionales, mientras que la limpieza, el estado del calzado y su coherencia con el resto del atuendo se vuelven determinantes.

Los zapatos hablan del cuidado personal y de la manera en que alguien se presenta ante los demás. En segundos generan una impresión que condiciona la credibilidad. Un tenis sucio o mal combinado comunica desorden y falta de atención, justo lo contrario a lo que se espera de un liderazgo.

Por eso, los ejecutivos que optan por este look necesitan tener claro qué quieren comunicar. No es que deban verse relajados a cualquier costo, es que deben sostener presencia desde otros códigos de vestimenta. El blazer, los colores neutros, las telas de buena calidad y los cortes bien definidos ayudan a equilibrar el mensaje sin rigidez.

En ese equilibrio, el tipo de tenis importa. Acorde con los especialistas consultados, los que mejor funcionan en puestos directivos suelen ser discretos, en tonos blancos, negros, grises o tierra, con diseños sobrios y pocos logos.

Arredondo distingue entre tenis deportivos, fashion y de lujo. Estos últimos, elaborados con materiales premium y acabados cuidados, permiten integrarse en contextos más formales sin romper el código ni la cercanía con los más jóvenes.

El margen cambia según la industria. En sectores creativos, la expresión es más amplia y el tenis puede tener mayor protagonismo. En industrias tradicionales, la neutralidad sigue reinando.

Más que el zapato en sí, el fenómeno ayuda a entender por qué los tenis se convirtieron en un símbolo de cercanía y modernización dentro de las empresas. Por años, la vestimenta marcó una frontera entre directivos y colaboradores. Hoy los tenis suavizan esa distancia simbólica sin borrar la jerarquía.

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