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El futbol mexicano otra vez manchado por la violencia en los estadios

Cuando la pasión que se vive en las gradas se transforma en violencia, las consecuencias para la afición y los jugadores suelen ser graves
lun 16 mayo 2011 02:49 PM
Futbol mexicano
semifinal cruz azul Futbol mexicano

El deporte de más popularidad en México es el futbol, por eso la FIFA ha seleccionado a ese país como sede de dos Copas del Mundo, en 1970 y 1986. Sin embargo, en los últimos años los estadios se han convertido en campos de batalla peligrosos para la afición familiar.

Las grescas suelen ser iniciadas en la tribuna, pero en ocasiones trascienden hasta la cancha y alejan al público del contacto con su equipo favorito.

La más reciente sucedió el pasado fin de semana, en el partido de vuelta de las semifinales del torneo local , cuando Octavio Pérez Muñoz, un seguidor de Cruz Azul, ingresó a la cancha del estadio Morelos y trató de saludar a Gerardo Torrado, capitán del equipo celeste.

En ese momento, La Máquina del Cruz Azul caía 2-0, marcador que dejaba al conjunto capitalino fuera de la final de la liga mexicana. El acto del espontáneo no fue del agrado de Christian El Chaco Giménez, quien se abalanzó sobre el aficionado y el resto es esta historia:

-Golpes y confusión en la cancha

-Tres expulsados: dos de Cruz Azul –Giménez y Romo-, y uno de Morelia, Miguel Sabah, así como los directores técnicos de ambos conjuntos.

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-José de Jesús Corona no vio el cartón rojo, a pesar de que le dio un cabezazo al preparador físico de Monarcas, Sergio Martín. Aun así, el que fuera el portero convocado para los encuetros de la Selección Mexicana en la Copa Oro, ha sido sancionado revocándosele la convocatoria.

La policía estatal reportó que tres personas resultaron heridas, dos de bala y la otra con una cuchillada en el cuello . Esta situación podría llevar a la Federación Mexicana de Futbol a vetar la casa de Monarcas para el partido de ida de la final.

No es la primera vez que el estadio Morelos es el escenario de una pelea. En 2007 recibió una multa por 202,280 pesos y una advertencia de veto, luego de que los aficionados lanzaran luces de bengala a la cancha, cuando su equipo perdió 3-0 ante Pumas.

El estadio Jalisco, antigua casa de las Chivas de Guadalajara también ha albergado actos violentos en las gradas. El 2003, Sergio Pérez acudió a apoyar a su equipo, que enfrentaba a Jaguares de Chiapas. El joven de 21 años recibió un impacto de proyectil que provenía de una tribuna superior y que terminó por incrustarse en su cavidad craneal.

Pérez perdió el ojo izquierdo, a pesar de que los médicos intentaron todo para salvarlo. En su momento, Marcelo Castillero, director de especialidades del Centro Médico de Occidente confirmó al periódico español As, que “quedó mutilado para el resto de su vida".

Los torneos internacionales también han sido manchados con violencia. En la Copa Libertadores de 2004, América enfrentó en los octavos de final al Sao Caetano de Brasil.

Fue en el encuentro de vuelta, disputado en el estadio Azteca, donde Reinaldo Navia y Cuauhtémoc Blanco perdieron la cabeza, luego de que el partido finalizara 1-1, y el conjunto carioca avanzara a la siguiente fase del certamen.

Esto dio paso a una gresca en la que no sólo estuvieron involucrados los jugadores de ambos equipos, sino también el cuerpo técnico. La afición azulcrema saltó a la cancha usando vallas y butacas para agredir a la policía y a los jugadores del equipo contrario.

Como consecuencia, Blanco fue suspendido un año de competencias de CONMEBOL y el ‘Coloso de Santa Úrsula’, vetado un juego del torneo local y tres correspondientes a eventos sudamericanos.

La Liga de Ascenso también ha dado de qué hablar. El episodio más reciente sucedió el pasado 8 de mayo, cuando los Xoloitzcuintles de Tijuana marcaron el 2-0 en la vuelta del juego de semifinal, que se disputaba en el estadio Nou Camp de León.

Algunos aficionados de los Panzas Verdes de León, enfurecidos por la inminente eliminación de su equipo, saltaron a la cancha; mientras que otros iniciaron la trifulca en la tribuna. El partido tuvo que detenerse, mientras mujeres y niños abandonaban las gradas, resguardados por los cuerpos de seguridad.

El silbante, Israel Perea, no suspendió el cotejo, y en cambio, repuso poco más de 15 minutos, al final del segundo tiempo.

No obstante, fue hace 26 años que el futbol nacional vivió una de las peores tragedias de su historia, cuando se disputó la final del torneo local entre Pumas de la UNAM y América, en el estadio Olímpico, en mayo de 1985.

El episodio, denominado ‘túnel 29’, cuenta cómo el sobrecupo en el inmueble se convirtió en una pesadilla: gente sin boleto que escalaba la piedra volcánica en busca de un lugar, así como alumnos y profesores que ingresaban con tan sólo mostrar su credencial, abarrotaron el recinto.

Sin butacas disponibles, los aficionados buscaron cualquier sitio para ver el encuentro, fue así como ocuparon el túnel 29. El reducido espacio del lugar combinado con la euforia de la gente, trajo como consecuencia ocho muertos y más de 50 heridos.

Además, se registraron desmanes por parte de la porra del conjunto local, que quemó banderas americanistas en el pebetero del recinto, pues luego de un empate sin goles, mucha gente desconocía que habría un tercer partido para definir al campeón.

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