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Esto debes saber sobre las propuestas económicas de los candidatos

Más allá de las diferencias entre lo que propone cada uno, lo que está en juego son dos modelos económicos distintos. Esto es lo que opinan los economistas.

Nota del editor: Basado en el texto Hablemos en serio: propuestas económicas a escrutinio, publicado el 1 de junio en la revista Expansión.

Nunca como ahora se había visto tan cerca un triunfo electoral de un candidato presidencial opositor y de un proyecto que pretende dar un giro al modelo económico actual.

Expansión puso sobre la mesa algunas de las propuestas económicas y políticas de los tres candidatos punteros, para ser analizadas y contrastadas por expertos. No obstante, debe mencionarse que el primer candidato independiente, Jaime Rodríguez, podría recibir tres millones de votos.

Más allá de propuestas particulares que los distinguen entre sí, lo que está en juego son dos modelos económicos distintos. Mientras Ricardo Anaya y José Antonio Meade apoyan continuar con una economía abierta, Andrés Manuel López Obrador se inclina por retomar aspectos del modelo de desarrollo estabilizador de mediados del siglo pasado.

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Los tres candidatos punteros tienen ciertas coincidencias, como garantizar la autonomía del Banco de México, en un manejo fiscal prudente y continuar con los tratados de libre comercio firmados por México, según un análisis de Citibanamex. Las mayores diferencias empiezan con las reformas estructurales, con las que López Obrador ha sido más bien crítico, y que Meade y Anaya apoyan en su mayoría.

Lee: #Comparativo ¿Qué proponen los presidenciables en economía?

No continuar con las reformas generaría “inconsistencias macroeconómicas”. “No vemos cómo podría aumentar la inversión fija bruta. La inversión pública aumentaría, pero no compensa la menor privada”, señala Sergio Luna, director de Estudios Económicos de Citibanamex. En una situación así, para 2022, el peso estaría 19% más débil y la inflación 23% más alta, dice.

Las principales calificadoras de deuda dan por descontado un posible triunfo de López Obrador. Moody’s cambió la perspectiva de las calificaciones de México a estable, y S&P y Fitch Ratings confirmaron recientemente esa perspectiva, entre otras razones porque creen que habrá continuidad en la política económica los próximos años, aun ganando López Obrador.

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“No es evidente que vaya a tener la capacidad para modificar, de manera manifiesta, la dirección de las políticas o de revertir las reformas”, refiere Moody’s en un reporte.

Gane quien gane, el próximo gobierno deberá tener presente que llevar a cabo las propuestas que ahora ofrecen a sus electores implicará un cuidadoso ejercicio del gasto, cuidar los niveles de deuda pública, impulsar la inversión pública y aumentar la base de recaudación.

Cambio sin continuidad: AMLO

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El 21 de marzo, tras colocar una ofrenda floral en honor a Benito Juárez, en el hemiciclo del mismo nombre, López Obrador lo dejó claro: “Me voy a guiar, en materia de política económica, en el libro El desarrollo estabilizador, de Antonio Ortiz Mena, quien fue secretario de Hacienda en dos sexenios y fue cuando mejor crecimiento económico hubo en el país”. Ese modelo fue implementado hace 60 años en los sexenios de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.

Pero a la vista de economistas y analistas financieros, ese modelo no encaja con la realidad actual que vive México, inserto en un mercado abierto, con libre flotación del tipo de cambio, y en medio de vertiginosos cambios tecnológicos. “El modelo económico estabilizador no es realista. Una economía más cerrada sería perder mucho de lo que hemos hecho en los últimos 25 años”, dice Sergio Luna, director de Estudios Económicos de Citibanamex.

Una de las propuestas que son ejes de su plataforma económica es la de recuperar la inversión pública para el desarrollo de infraestructura. El objetivo no se observa sencillo, cuando hay poco margen de maniobra en las finanzas públicas.

Según Abel Hibert, asesor económico de López Obrador, la propuesta incluye generar un espacio fiscal con recortes al gasto corriente, al disminuir contratos de celulares, viáticos, salarios para funcionarios de altos mandos, además de enviar ingresos excedentes que pudieran provenir de un mayor precio del petróleo, tipo de cambio, recaudación, a gasto de inversión.

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En 2017, el sector público federal tuvo ingresos excedentes por 586,246 millones de pesos, detallan cifras de Hacienda. De recortes a gasto corriente, según Hibert, podrían liberarse 400,000 mdp, de los cuales, el 60% se destinaría a inversión de infraestructura, 26% para programas dirigidos a jóvenes y personas de la tercera edad, y 14% para reducir la deuda pública.

El candidato promete dar a 2.3 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, becas por 3,600 pesos al mes y de 2,400 pesos, a 300,000 jóvenes que quieren estudiar.

“Este tipo de apoyos serían inviables en términos de finanzas públicas. Desde mi punto de vista es más factible generar oportunidades escolares y laborales, pues tendrían un costo financiero menor a mediano y largo plazos”, considera José Luis de la Cruz, director general del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

En la lista de promesas, hay otra que impactaría las finanzas públicas, congelar los precios de las gasolinas. “Significa que el precio de los combustibles sólo suba en medida de la inflación,” detalla Hibert.

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En su proyecto de nación, una de sus prioridades es que México deje de depender del exterior y disminuya sus importaciones.
Para ello, López Obrador propone incrementar la producción nacional de gasolinas y de productos agrícolas, como el arroz, el maíz y el trigo –60% proviene de Estados Unidos– para lograr la autosuficiencia alimentaria.

Tiene también la propuesta es incrementar, cada año, el salario 15.6% más inflación, con el objetivo de llegar por arriba de los 171 pesos diarios a fin de sexenio. Pero el incremento no puede darse por decreto y requiere de un consenso entre gobierno, empresarios y trabajadores, refiere Marco Oviedo, economista en jefe para México de Barclays.

Cambio con continuidad: Ricardo Anaya

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El 6 de diciembre, como precandidato de la coalición Por México al Frente, que amalgama dos diferentes ideologías, Ricardo Anaya irrumpió con la propuesta de crear un Ingreso Básico Universal (IBU) en una economía que aún no cubre necesidades básicas en materia de salud, educación o vivienda.

“La medida no es viable ni sostenible económicamente cuando sólo implica ampliar los derechos económicos sin crear obligaciones o contribuciones de los ciudadanos”, dijo Arturo Fernández, rector del ITAM, durante un foro con los asesores económicos de los candidatos.

Animado por el mayor puntaje obtenido tras el primer debate presidencial, Anaya incorporó la propuesta de bajar el precio de las gasolinas “Suena radical. Yo la puedo bajar mañana si importo toda la gasolina, pero eso nos pone en una situación de vulnerabilidad”, dice Sergio Luna, director de Estudios Económicos de Citibanamex.

Lo que los economistas no desdeñan es su propuesta de elevar el salario mínimo siempre y cuando venga acompañado de aumentos en la productividad, y ven prometedor estimular la inversión pública como complemento de la privada.

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Los planteamientos de Anaya, dicen, deben resultar de un proceso de formalización del mercado laboral, con énfasis en la educación, la capacitación y la innovación, para poder apuntalar la movilidad y la inclusión social.

“Toda propuesta que se está haciendo está basada en evidencia, y es una propuesta que es realizable”, defiende Salomón Chertorivski, exsecretario de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de México y asesor económico de Ricardo Anaya, al referirse al IBU.

El IBU, insiste, alentará la formalización en el mercado laboral, pues el beneficiario deberá darse de alta como contribuyente y las transferencias se realizarán a través del sistema bancario.

Otra de las propuestas centrales del candidato militante del PAN es aumentar la inversión pública del 2.3 a 5% del PIB en tres años. De otra manera, la economía no podrá crecer más del promedio anual de 2.1% de los últimos 30 años. Implicará emprender una reingeniería dentro de la administración pública capaz de acreditar elementos de transparencia, ahorros y eficacia, dice Chertorivski.

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En los primeros años del nuevo gobierno, difícilmente podrán caber los recortes impositivos de ISR e IVA planteados por Anaya, puesto que los ingresos de las finanzas públicas son todavía débiles, según José Luis de la Cruz. Sería deseable un ajuste del ISR que motive la inversión en innovación tecnológica, dice De la Cruz, pero debería venir después de una reingeniería en la administración pública

Ricardo Anaya, pretende aumentar el salario mínimo hasta 187 pesos para estar en diciembre de 2022. Pero si el aumento no va acompañado de un incremento en la productividad, los resultados pueden ser contraproducentes, advierte Sergio Luna, de Citibanamex.

Continuidad: José Antonio Meade

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La continuidad es una de sus banderas de campaña. “La siguiente administración no va a ser distinta a ésta, plantea retos para un uso parsimonioso, eficiente y transparente en los recursos públicos”, refiere Luis Madrazo, asesor económico de José Antonio Meade, quien fuera jefe de la Unidad de Planeación Económica cuando Meade fue secretario de Hacienda.

El economista contrasta los conocimientos de Meade en materia económica y su responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas frente a las promesas de López Obrador y Anaya. Las considera irresponsables y que podrían generar una mayor deuda y déficit públicos.

Pero la continuidad es un arma de doble filo por los señalamientos de corrupción e impunidad que penden sobre la actual administración de Enrique Peña Nieto y del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que respalda a Meade. “La campaña de Meade ha sido eclipsada por la reputación del PRI y votantes descontentos”, refiere Benjamin Theurer, jefe de análisis para México de Barclays.

Si de continuidad se trata, no es deseable que los proyectos de infraestructura cuesten más de lo que deberían costar, como sucedió en la actual administración ni que se hagan obras por cumplir con compromisos politicos, dice Manuel Molano, directivo del Instituto Mexicano para la Competitividad.

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La propuesta económica de Meade se basa en “gastar mejor” más que en el uso de recursos adicionales, así lo expresa su asesor: “Conocer mejor las necesidades de las personas para asignar mejor el gasto y lograr un gobierno más cercano a la gente”. Uno de los compromisos de su programa insigne Avanzar Contigo plantea hacer programas a nivel individual, que ofrezcan a la gente lo que necesita para un mejor ejercicio del gasto.

No obstante, según José Luis de la Cruz, director general del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, de nada sirve mejorar los mecanismos de gasto si la administración pública es ineficaz y tiene elementos de corrupción y falta de transparencia.

Como parte de la continuidad que simboliza Meade, una de sus cartas fuertes es impulsar la inversión privada y, para ello, perseverará en la implementación de las reformas en sectores estratégicos que llevó a cabo este gobierno. “Lo que podemos esperar es que fomente el incremento de la inversión del sector privado”, señala Madrazo.

De ser presidente, continuará reduciendo la dependencia de las finanzas sobre los recursos petroleros y buscar “prudencia fiscal”, más que una reforma a las finanzas públicas, incluso frente a la reducción del impuesto corporativo que llevó a cabo el gobierno de Donald Trump.

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“Lo que tenemos que cuidar es no deteriorar nuestra posición fiscal con la premisa de responsabilidad al frente”, sostiene Madrazo.
No obstante, algunos expertos coinciden en que debe haber una reforma que mejore la recaudación.

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