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Las empresas de EU tendrán que esperar para entrar a Corea del Norte

Tras la cumbre Trump-Kim, se especula sobre la inversión extranjera en el aislado país, pero los intentos previos han sido desalentadores.
Desventajas
Desventajas El estricto régimen del país asiático puede ser un gran obstáculo para los empresarios estadounidenses que busquen hacer negocios. (Foto: Reuters/)

¿Podría convertirse un día la totalitaria Corea del Norte en una oportunidad para las empresas estadounidenses?

El presidente estadounidense Donald Trump se reunió el martes con el líder norcoreano Kim Jong Un en una histórica cumbre que Washington espera conduzca al desarme nuclear de esa nación.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, planteó la posibilidad el mes pasado de que las compañías estadounidenses puedan invertir en el aislado país si se deshace de sus armas nucleares.

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Todavía no está claro si esto sucederá. Trump y Kim firmaron un documento en el que acordaron vagas promesas de desarme nuclear y conversaciones continuas entre los dos países.

Incluso si el proceso conduce a un eventual avance, expertos dicen que los inversores deberían ver a Corea del Norte con extrema precaución. Y si algún país se mueve rápido para tomar ventaja, probablemente será China.

'Potencialmente lucrativo'

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En teoría, Corea del Norte tiene rasgos atractivos para las empresas extranjeras. Está ubicado en medio de una importante cadena de suministro asiática que incluye a China, Corea del Sur y Japón. Su economía también tiene mucho margen para avanzar.

“Se pueden hacer muchas inversiones potencialmente lucrativas y muy interesantes en Corea del Norte”, dijo Peter Ward, investigador de la Universidad Nacional de Seúl que estudia a Corea del Norte.

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La población de Corea del Norte está empobrecida pero razonablemente bien educada, mientras que sus costos laborales son mucho más bajos que los de sus vecinos, según expertos en el país. Eso lo convierte en un centro potencial para la fabricación de productos electrónicos y textiles, dicen analistas.

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Pero esas ventajas son superadas por algunos obstáculos extremadamente grandes para los inversionistas extranjeros, particularmente, la mano dura del régimen de Kim.

“La perspectiva de que el régimen permita la entrada a grandes inversiones a Corea del Norte es poco probable", dijo Go Myong-hyun, investigador del Asan Institute for Policy Studies, un centro de estudios con sede en Seúl. “El régimen desconfía profundamente del mercado internacional”.

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China lideraría

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Como el mayor socio comercial de Corea del Norte y principal respaldo del régimen, China podría tomar la delantera en la inversión en el país.

Ward dijo que Corea del Norte parece un candidato natural para la iniciativa Belt and Road de China: un gran plan para invertir cientos de miles de millones en el desarrollo de autopistas, puertos y ferrocarriles desde Asia hasta África. Según expertos, la infraestructura en la mayor parte de Corea del Norte se encuentra en estado destartalado.

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Pero el dinero chino podría traer complicaciones. En un caso, China tomó el control de un puerto que desarrolló en Sri Lanka después de que el país del sur de Asia se retrasó en los pagos.

Es poco probable que estos incidentes escapen a la atención de Pyongyang, que querrá evitar cualquier percepción de ceder soberanía a su vecino del norte.

“Corea del Norte puede ser muy reacia a permitir que potencialmente China tome posesión de 'activos en dificultades' en el futuro”, dijo Ward.

Mediocre trayectoria

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Los inversores extranjeros en Corea del Norte han sufrido golpes en el pasado. En la década de 1980, Pyongyang dejó de pagar préstamos de bancos europeos y australianos. Más recientemente, las compañías que han intentado operar allí se han encontrado con problemas.

A fines de la década de 2000, el conglomerado egipcio Orascom fue invitado a formar una empresa conjunta con el gobierno de Corea del Norte para construir la primera red celular del país.

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La compañía se topó con dificultades en cuestión de años, incluido el hecho de que se le impidió retirar sus ganancias de Corea del Norte y que Pyongyang estableció un rival estatal.

En su informe financiero de 2015, Orascom simplemente dijo que “se perdió el control sobre las actividades [de la empresa conjunta]”. Pocos detalles más sobre su destino se han hecho públicos.

Orascom no respondió a una solicitud de comentarios sobre el asunto.

Las compañías surcoreanas también han tenido problemas.

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En 1998, el Grupo Hyundai comenzó a operar un complejo turístico de montaña para turistas en Corea del Norte. El complejo atrajo a dos millones de visitantes surcoreanos en el transcurso de 10 años, antes de que un guardia norcoreano matara a un turista. El proyecto ha sido confiscado por Pyongyang.

null“Perdieron todo”, dijo Go del Asan Institute, refiriéndose a Hyundai. “La compañía ya no tiene acceso a Corea del Norte”.

A pesar de esa experiencia, el Hyundai Group ha establecido un grupo de trabajo para prepararse para un posible retorno al país. Y Samsung Securities, el brazo inversor de otro gran conglomerado surcoreano, dijo el jueves que estaba estableciendo un equipo de investigación para analizar posibles inversiones futuras en Corea del Norte.

¿Un primer premio?

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Las dos Coreas también cooperaron en Kaesong, una zona económica especial en la que trabajadores norcoreanos fabricaban bienes para empresas surcoreanas. Pero Ward dijo que muchas compañías surcoreanas solo acordaron operar en la zona del lado norcoreano de la frontera debido a las garantías y el apoyo del gobierno en Seúl.

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Kaesong fue clausurado en 2016, víctima de crecientes tensiones políticas.

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Expertos ofrecen razones por las cuales el régimen de Corea del Norte tiene una tendencia a volverse y morder a los inversores extranjeros.

Algunos dicen que a las autoridades les preocupa que la expansión del capitalismo de mercado socave el control del poder por parte del régimen, o que las empresas puedan terminar siendo las víctimas de las luchas entre facciones dentro del gobierno.

Otros piensan que la economía enclaustrada de Corea del Norte significa que los funcionarios desconocen lo que se considera prácticas aceptables para lidiar con socios comerciales.

“Se consideran a sí mismos como un primer premio en los mercados internacionales. No parecen entender que expropiar a los inversionistas —quieran o no quieran— les traerá una muy mala reputación”, dijo Ward.

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