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Las deudas que deja el nuevo TLC con la Unión Europea

La modernización del tratado comercial entre México y la Unión Europea deja retos para la industria mexicana.
TLCUEM
EL TLCUEM está vigente desde el 1 de julio de 2000, después de 16 años los cambios en la economía global hicieron necesaria su modernización.

Nota del editor: Esta nota fue publicada originalmente en la edición 1238 del 01 de agosto de la revista Expansión.

CIUDAD DE MÉXICO - Si bien se considera un éxito la conclusión de la modernización del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México (TLCUEM), este acuerdo le queda a deber a México en algunos temas.

El acuerdo comercial está en vigor desde el 1 de julio de 2000, pero, 16 años después, los cambios en la economía global hicieron necesario comenzar un proceso para su actualización. Después de 10 rondas y 24 meses de negociación, el gobierno mexicano anunció la conclusión de las negociaciones el pasado 21 de abril, aunque aún está pendiente su firma, y ratificación en el Congreso mexicano y Parlamento Europeo.

La modernización del TLCUEM, entre otras cosas, actualiza las políticas de inversión, incorpora las telecomunicaciones y la economía digital al comercio de servicios, incluye un nuevo mecanismo para controversias y elimina aranceles a productos mexicanos, como jugo de naranja, atún, miel, frutas y vegetales.

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La nueva versión del Tratado protege 340 nombres de productos alimenticios, de vinos y cervezas como indicaciones geográficas, es decir, por ser originarios de cierto país o región, principalmente, europeos.

Pero ciertas industrias mexicanas no quedaron tan conformes con la modernización: lácteos, vinos y carne. A continuación, algunas razones para ello:

1. Carne, acceso a medias

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México pedía a los europeos un acceso a 70,000 toneladas de carne de res. Pero según lo acordado en la negociación, le otorgaron un cupo de exportación de 10,000 toneladas de carne en canal y 10,000 de vísceras, con un arancel que se irá reduciendo gradualmente para terminar en 7.5% en cinco años.

Esa cantidad representa 5% de las 220,000 toneladas exportadas en 2017.

Actualmente, el arancel es de entre 20 y 25%, dependiendo del tipo de producto.

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“En cualquier tratado de libre comercio hay ganadores y perdedores de ambos lados. Las negociaciones fueron buenas pero complicadas. Aun así, se logró tener los requerimientos que nosotros esperábamos del acuerdo. Sin duda hay mercados que no fueron tan beneficiados como otros”, expuso Laura Tamayo, vicepresidenta de Comunicación del Consejo Nacional Agropecuario (CNA).

2. Lácteos, más apertura

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“Nos hubiera gustado idealmente que el sector lácteo europeo hubiera tenido menos acceso al mercado mexicano y nos concedieron para su uso libre, más denominaciones de quesos”, dice Miguel Ángel García, presidente de la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (Canilec).

México otorgó a la Unión Europea un cupo de quesos que pasará de 6,000 toneladas anuales en el primer año de vigencia de la nueva versión del TLCUEM a 20,000 en cinco años: 16% del total de los quesos que el país importa.

Además, los exportadores europeos de leche en polvo tendrán un nuevo y significativo acceso al mercado mexicano, ya que el cupo anual libre de arancel será de 50,000 toneladas en cinco años.

Hoy en día, se tiene una tarifa arancelaria de 50% para entrar al mercado nacional. Los europeos lograron exclusividad en el uso del nombre de 47 quesos, sin embargo, los productores mexicanos podrán utilizar libremente los nombres de manchego, parmesano, gruyer, gouda, edam, emmental, provolone, brie, camembert y mozzarella.

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3. Vinos, un mercado desperdiciado

El nuevo acuerdo comercial no incluye cambios en la industria vitivinícola, lo cual significa que hay una apertura total del mercado mexicano al europeo y viceversa.

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Sin embargo, los países europeos son los más beneficiados, mientras que la industria nacional no logra sacar total provecho de la apertura.

El país produce actualmente 2.5 millones de litros en las 6,747 hectáreas sembradas, pero exporta a Europa menos de 5%, señala Daniel Milmo, presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV).

“Todavía es muy pequeño el nivel de vino exportado. Nuestro principal mercado es Estados Unidos, pero también exportamos a Europa, especialmente a Francia, Italia y España, y también a Japón, pero es muy poco”, reconoce.

En contraste, en 2017, México importó de la Unión Europea más de 25 millones de litros de vino, lo que equivale a 117 millones de dólares.

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Para incentivar la producción de vino en México, el Consejo anunció una inversión de 10,000 millones de pesos en un lapso de 10 a 15 años.

“La parte industrial que se requiere para hacer el vino nos arroja esa cifra aproximada en necesidad de inversión”, dice Milmo.

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