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La educación técnica eleva 17% el salario en México, pero debe escalar, según la Cepal

La opción educativa mejora el acceso al empleo y reduce la pobreza, pero enfrenta rezagos de hasta 15 años en sus contenidos y baja coordinación con la industria, advierten expertos.
mié 22 abril 2026 04:07 PM
Ni universidad ni secundaria: la opción que puede mejorar los ingresos hasta 41% y salvarte de la IA
En países como Chile y Uruguay, la educación técnica es la principal vía de inclusión para los sectores más vulnerables; aproximadamente 7 de cada 10 estudiantes de secundaria técnica provienen del 40% de los hogares con menores ingresos, de acuerdo con el documento Educación y formación técnico-profesional en América Latina en el marco de la digitalización, elaborado por la Cepal y Ayuda en acción. (andresr/Getty Images)

En América Latina, quienes cursan formación técnica superior pueden ganar más de 40% que quienes sólo terminaron la secundaria, además de reducir a la mitad su probabilidad de caer en pobreza, de acuerdo con un reciente informe de la Cepal y la ONG Ayuda en Acción. En México, la evidencia muestra que cursar educación técnica superior no sólo mejora la inserción laboral, sino también las condiciones económicas de las personas. Quienes siguen esta trayectoria alcanzan mayores niveles de empleo que aquellos que únicamente concluyen la secundaria.

A esto se suma un beneficio directo en ingresos, ya que los egresados técnicos perciben, en promedio, 17% más salario que quienes no continúan sus estudios después de la secundaria.

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“La formación técnica compensa tanto en ingresos como en inclusión social… no es una vía de segunda, es una vía efectiva de movilidad social”, señaló Matías Figueroa, de Ayuda en Acción, la ONG que participó en el estudio.

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Educación técnica tiene un rezago de hasta 15 años

Para América Latina, la brecha salarial en promedio es del 41%, pero pese a la evidencia este tipo de educación no goza de reputación ni la atención gubernamental debida. Y, en el contexto del cambio tecnológico actual, donde la IA podría reemplazar muchas funciones o hacerlas más complejas, los especialistas advierten que es necesario escalar esta opción educativa.

“Este estudio muestra que la educación técnico-profesional es una herramienta clave para la inclusión educativa y laboral de las juventudes, pero también deja claro que necesita adaptarse a los cambios acelerados del mundo del trabajo”, explicó Daniela Trucco, Oficial de Asuntos Sociales de la Cepal y quien es co-autora del informe.

Además, en muchos países, "los currículos de formación técnica están desactualizados entre 10 y 15 años respecto a los cambios tecnológicos”, advierte. Por lo tanto, sus ventajas actuales no están aseguradas en el futuro sin intervención de gobiernos, empresas y autoridades educativas.

De hecho, el documento prevé que las personas de entre 15 y 29 años en la región enfrentan un riesgo de automatización de sus tareas que puede llegar a duplicar al de los trabajadores adultos con su mismo nivel educativo, lo que hace urgente la actualización de competencias técnicas, incluyendo la Inteligencia Artificial.

Ambos especialistas precisan que las empresas ya no solo deben participar como empleadores de egresados, sino también en el diseño de programas educativos, actualización de contenidos e identificación de habilidades futuras. Además, el avance acelerado de la tecnología exige también flexibilidad en la formación profesional.

“El futuro de la educación técnica va hacia modelos más flexibles, con microcredenciales, certificación de competencias y una relación mucho más estrecha con el empleo", señala Figueroa.

¿Qué es la educación técnica y por qué importa?

La educación técnica —o educación y formación técnico-profesional (EFTP)— es un modelo de enseñanza enfocado en desarrollar habilidades prácticas y conocimientos directamente aplicables al trabajo, con el objetivo de facilitar la inserción laboral y mejorar las trayectorias profesionales.

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A diferencia de la educación tradicional, que suele tener una orientación más académica, este tipo de formación conecta de forma más directa con las necesidades del sector productivo, ya sea a través de carreras cortas, certificaciones o esquemas de aprendizaje dual. En el contexto actual, marcado por la digitalización y la transformación del empleo, se ha convertido en una pieza clave para cerrar brechas de ingreso, mejorar la empleabilidad y acelerar la movilidad social.

El informe destaca que, en promedio, los estudiantes de educación técnica en América Latina obtienen mejores resultados que sus pares de secundaria general en pruebas como PISA, con ventajas en matemáticas, lectura y ciencias.

El caso de Monterrey, un ejemplo a seguir

El caso de Monterrey se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de cómo cerrar la brecha entre educación y empleo en México. Desde 2019, Nuevo León impulsa un modelo de formación técnica vinculado directamente con la industria 4.0, en una alianza entre la Secretaría de Economía estatal, el Cluster 4.0, la Universidad Tecnológica General Mariano Escobedo y el Banco Interamericano de Desarrollo.

El programa no solo busca capacitar, sino anticipar la demanda laboral en áreas como ciencia de datos, inteligencia artificial, robótica y manufactura avanzada, sectores donde el déficit de talento ya es un cuello de botella.

Lo que distingue a este modelo es su diseño de formación modular, certificaciones por habilidades y uso intensivo de plataformas digitales para escalar el aprendizaje. Pero, sobre todo, cambia el rol de las empresas dentro del sistema. “El sector productivo no es solo un receptor de egresados, sino un co-creador de la oferta formativa”, explica Trucco.

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Pero escalarlo un modelo así tiene sus dificultades, pues programas de este tipo suelen diseñarse sin suficiente retroalimentación del mercado laboral, hay un desfase entre programas curriculares y avances tecnológicos y no existen estrategias nacionales suficientes. No obstante, Trucco también resalta que este tipo de esfuerzos si se observan en los Polos de Desarrollo que impulsó el gobierno en regiones como el Istmo de Tehuantepec, por ejemplo.

También hay un problema de acceso y condiciones sociales. La educación técnica se concentra en zonas urbanas y no siempre llega a las poblaciones que más la necesitan. Además, como señala Trucco, la educación por sí sola no basta, pues si no hay apoyos en transporte, cuidados o ingresos, muchos jóvenes simplemente no pueden sostener una trayectoria formativa.

En ese contexto, escalar modelos como el de Monterrey no depende solo de replicar un programa, sino de reconstruir un ecosistema completo donde educación, empresas y política pública operen en la misma dirección.

“La digitalización está reconfigurando el mundo del trabajo a gran velocidad, y eso exige repensar completamente cómo formamos a las personas", apuntó Matías Figueroa.

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