A diferencia de la educación tradicional, que suele tener una orientación más académica, este tipo de formación conecta de forma más directa con las necesidades del sector productivo, ya sea a través de carreras cortas, certificaciones o esquemas de aprendizaje dual. En el contexto actual, marcado por la digitalización y la transformación del empleo, se ha convertido en una pieza clave para cerrar brechas de ingreso, mejorar la empleabilidad y acelerar la movilidad social.
El informe destaca que, en promedio, los estudiantes de educación técnica en América Latina obtienen mejores resultados que sus pares de secundaria general en pruebas como PISA, con ventajas en matemáticas, lectura y ciencias.
El caso de Monterrey, un ejemplo a seguir
El caso de Monterrey se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de cómo cerrar la brecha entre educación y empleo en México. Desde 2019, Nuevo León impulsa un modelo de formación técnica vinculado directamente con la industria 4.0, en una alianza entre la Secretaría de Economía estatal, el Cluster 4.0, la Universidad Tecnológica General Mariano Escobedo y el Banco Interamericano de Desarrollo.
El programa no solo busca capacitar, sino anticipar la demanda laboral en áreas como ciencia de datos, inteligencia artificial, robótica y manufactura avanzada, sectores donde el déficit de talento ya es un cuello de botella.
Lo que distingue a este modelo es su diseño de formación modular, certificaciones por habilidades y uso intensivo de plataformas digitales para escalar el aprendizaje. Pero, sobre todo, cambia el rol de las empresas dentro del sistema. “El sector productivo no es solo un receptor de egresados, sino un co-creador de la oferta formativa”, explica Trucco.
Las carreras del futuro, según la OIT
Pero escalarlo un modelo así tiene sus dificultades, pues programas de este tipo suelen diseñarse sin suficiente retroalimentación del mercado laboral, hay un desfase entre programas curriculares y avances tecnológicos y no existen estrategias nacionales suficientes. No obstante, Trucco también resalta que este tipo de esfuerzos si se observan en los Polos de Desarrollo que impulsó el gobierno en regiones como el Istmo de Tehuantepec, por ejemplo.
También hay un problema de acceso y condiciones sociales. La educación técnica se concentra en zonas urbanas y no siempre llega a las poblaciones que más la necesitan. Además, como señala Trucco, la educación por sí sola no basta, pues si no hay apoyos en transporte, cuidados o ingresos, muchos jóvenes simplemente no pueden sostener una trayectoria formativa.
En ese contexto, escalar modelos como el de Monterrey no depende solo de replicar un programa, sino de reconstruir un ecosistema completo donde educación, empresas y política pública operen en la misma dirección.
“La digitalización está reconfigurando el mundo del trabajo a gran velocidad, y eso exige repensar completamente cómo formamos a las personas", apuntó Matías Figueroa.