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La start-up brasileña que quiere terminar con el acoso femenino

Malalai ofrece dos soluciones: una app que ofrece a las usuarias opciones de rutas seguras y un botón de pánico en forma de anillo.
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SAO PAULO, BRASIL (Expansión) -. Las denuncias se acumularon en las redes sociales. Una usuaria de Twitter contó que, cuando era niña, desarrolló trastornos alimenticios porque pensó que liberándose del “cuerpo desarrollado” dejaría de ser víctima de acoso. Otra narró que a los ocho años fue víctima de un hombre que le mostró los genitales en un autobús lleno. Una más describió que mientras daba un paseo con su abuela en las calles de Sao Paulo, Brasil, un hombre le susurró obscenidades al oído.

Era finales de 2015 y el hashtag #PrimerAcoso era tendencia en Brasil. La organización civil Think Olga promovió esta campaña para apoyar a Valentina Shulz, una niña de 12 años que participó en un reality show culinario y fue víctima de acoso en redes sociales. Las denuncias revelaron que, en aquel país, la edad media del primer acoso es a los 9.7 años y 65% de ellos son cometidos por personas cercanas a la víctima.

Al leer las diferentes historias, Priscila Gama descubrió que muchas ocurrieron mientras la víctima viajaba de un sitio a otro. Violaciones en taxis, abusos en autobuses y acosos mientras caminaban por alguna calle eran constantes. Por ello, la arquitecta y urbanista decidió fundar Malalai, start-up que ofrece tecnología para seguridad personal.

La empresa brasileña, que comenzó operaciones en 2016 y fue ganadora del premio Creator Award de WeWork 2018, cuenta con dos soluciones. La primera, una aplicación móvil que muestra en tiempo real los puntos positivos y negativos de una ruta -como concurrencia en las calles, disponibilidad de policías, iluminación y zonas donde han registrado abusos-, para que la usuaria elija el camino más seguro. Además, avisa a sus contactos la ubicación exacta de forma automatizada.

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La segunda, un dispositivo electrónico en forma de anillo o collar que, al ser presionado, emite una alerta de ayuda. El costo es de más de 700 pesos y la empresa lo comercializa en su sitio de internet.

“Hay muchas soluciones enfocadas en el post crimen, nosotros nos centramos en impedir de los acosos sucedan”, cuenta Gama, quien adelanta que en un futuro planea incluir una línea de negocio B2B, para poner a disposición de terceros los datos que arrojen sus soluciones.

Hasta ahora, la app ha sido descargada 27,000 veces y funciona solo en la región sudeste de Brasil, en los estados de Sao Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro. Sin embargo, detalla Gama, cuentan con la infraestructura para operar en todo el país.

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