“Mi experiencia es similar a la de muchas personas LGBT, que siempre se guardan un poco a pesar de haber salido del closet. Yo disfrutaba mucho a mis colegas, mi trabajo, pero me sentaba con ellos a comer y platicaban sobre sus vacaciones, familia o hijos y yo no podía añadir nada a esas conversaciones, y eso crea barreras”, explica. Y eso, además, cuesta a las empresas.
Bailey dirige el programa de Igualdad en el Centro Laboral en la Fundación de Human Rights Campaing. Bajo este programa se realizan mediciones cualitativas al interior de los corporativos sobre sus políticas de inclusión y no discriminación, y cómo esto trasciende más allá de campañas de mercadotecnia. Esto, dice Bailey, es fundamental no solo para crear entornos de confianza y transparencia, también se trata de un elemento bien valorado por los inversionistas.
“Las compañías de verdad entienden que ser incluyente no es solo una cosa ética y correcta, sino que es también muy bueno para el negocio, que es capaz de atraer a cualquier persona a trabajar con ellos, y a que nadie tenga miedo de no sentirse incluido y esto es importante para poder atraer y retener talento”, explica.
Este tipo de temas aun son muy nuevos en algunos corporativos y hace falta mucho aprendizaje. Si bien hay corporaciones globales que ya tienen capacitación al respecto, aún hay rezagos que continúan afectando a la operación diaria en diferentes niveles de las empresas.