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La incierta recuperación de la industria acerera amenaza 1.2 millones de empleos

La reactivación asimétrica en América Latina mantiene en suspenso la recuperación del sector acerero y a los 47,000 empleos perdidos a causa de la pandemia. Y ese no es el único problema.
mié 07 julio 2021 05:07 AM
Fabrica de acero laminado
De enero a abril de 2021 el consumo y la producción muestran incrementos de entre 15% y 18% respecto a los mismos meses del año anterior; pero la recuperación aún es incierta.

La industria del acero en Latinoamérica se recupera a paso lento de la crisis del Covid; pero tiene una ventaja que al mismo tiempo es su ‘lado flaco’: sirve a varias industrias como la automotriz y a la de construcción. Esa diversificación de ingresos le permite ser un termómetro de la economía y revertir poco a poco, el saldo rojos que le ocasionó la pandemia, incluyendo la pérdida de 47,000 empleos.

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El consumo de acero laminado en la región tuvo uno de sus peores resultados en el segundo trimestre del año pasado con poco más de 12 millones de toneladas. El trimestre previo fue de 15.7 millones.

Con la demanda en picada y la persistencia en el flujo de importaciones, la industria del acero en Latinoamérica bajó sus revoluciones. La producción de acero cayó menos de medio punto porcentual en todo 2020 nivel global, pero en Latinoamérica fue 10%, afirma Alejandro Wagner, director ejecutivo de la Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero), organismo que aglutina a 61 empresas cuya capacidad de producción ronda los 60 millones de toneladas anuales.

El saldo negativo esconde una recuperación en ‘v’. En abril-mayo y junio la producción cayó, en algunos casos, entre 50 y 60% respecto al mismo mes de 2019. “El total fue 10%; bastante más que en el mundo. ¿Cómo impactó eso en los empleos? También fuerte”, dice Wagner, quien ha estado involucrado en el sector desde lo público y lo privado.

La industria acerera de la región cerró el 2020 con un millón 258,000 empleos y de ellos solo 212,000 eran directos. El saldo descuenta la pérdida de 8,000 empleos directos y otros 39,000 indirectos; pero ¿Dónde estuvieron los focos rojos del desempleo en el sector?

Brasil representa un 30% de la producción latinoamericana, México aporta el 15% y Argentina y Colombia un 5% cada uno. Son los cuatro países que ‘mueven la aguja’ y en cada uno la caída en empleo fue proporcional a su peso en la producción.

El impacto (en el empleo) fue grave, fue igual... Brasil y México fueron los que más sufrieron.
Alejandro Wagner, director ejecutivo de Alacero.

Hasta 2019 unas 610,000 personas trabajaban –directa o indirectamente– en la industria acerera de Brasil, y en México eran 386,500; casi un millón de empleos entre los dos, según datos de la Alacero. Su líder asegura, sin tener datos finales, que buena parte de los empleos perdidos en la industria del acero a causa de la pandemia, ya fueron recuperados.

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Una reactivación desigual

En marzo, el consumo de acero en la región ligó su tercer trimestre consecutivo al alza. En los primeros tres meses de 2021 la industria suministró 18.4 millones de toneladas (Mt), un 17% más comparado con igual periodo de 2020 y 5.5% adicional respecto al lapso de 2019.

Pese a la mejora, la recuperación aún es incierta. “Los hábitos de consumo cambiaron y eso quiere decir que el mix de los sectores crece de manera desigual”, dice el líder de Alacero.

En Brasil, por ejemplo, la expectativa de las empresas del sector constructor alcanzó su mejor nivel desde diciembre de 2020 impulsado por la confianza en los segmentos de edificación residencial y no residencial y de servicios especializados. La confianza de las empresas de infraestructura creció menos, pero está en mejor nivel”, según información del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas (FGV/Ibre).

En México, la tónica es similar para el sector de la construcción mientras que la escasez de semiconductores causa estragos a la recuperación de la industria automotriz. De enero a mayo el sector manufacturó un millón 331,000 vehículos, 38.7% más respecto a igual periodo de 2020, según datos del Inegi; sin embargo, desde marzo, la producción viene a la baja.

“Son crecimientos desiguales, pero crecimiento al fin… Argentina tiene un alto índice de recuperación en construcción, aunque no de grandes construcciones”, añade Wagner sobre la realidad de su país natal, una nación con vasta experiencia en crisis económicas.

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Del ‘corralito’ a la pandemia

El líder de la Alacero vivió de cerca la crisis argentina de 2001-2002, que dejó una abultada deuda nacional, una devaluación mayor al 70% en el tipo de cambio y una tasa de desempleo superior a 22%, y atestiguó el denominado ‘corralito’, la restricción impuesta por el gobierno para que los argentinos pudieran disponer del efectivo depositado en instituciones financieras.

La caída en la demanda fue estrepitosa, según Wagner, quien en ese entonces comercializaba acero a grandes cuentas de Argentina. “Atendía la zona de Cuyo (una de las cinco en que se divide económicamente al país sudamericano) y los clientes prácticamente no querían recibir lo que habían pedido dos meses atrás”.

Ahora como entonces, la crisis ha mermado la producción y el empleo del sector acerero en la región, la cual ha resentido por muchos años la competencia desleal que representan las importaciones por debajo del valor del mercado, especialmente de Asia. Por ello, Wagner insiste en que, hoy más que nunca, se necesita de la coordinación entre los gobiernos y el sector privado.

Se refiere a políticas públicas que eleven la competitividad de la industria a partir de facilitar la inversión privada –nacional o extranjera– para producir más y de forma más sustentable.

Un estudio realizado años atrás por Alacero, reveló que por cada 1,000 millones de dólares de acero importado la región pierde 185 fuentes de empleo. El impacto es tal que se estima que en los últimos años se han perdido unos 50,000 empleos.

Alejandro Wagner, director ejecutivo Alacero
Alejandro Wagner, director ejecutivo de Alacero, asegura que la pandemia acentuó la urgencia de generar riqueza y empleo en los países de Latinoamérica.

Desde el tercer trimestre del año pasado las importaciones han ganado terreno en el acero consumido por la región. Entre enero y marzo de 2021 la proporción alcanzó 35% mientras que en el segundo trimestre de 2020 casi 4 de cada 10 toneladas requeridas, fueron importadas.

Según Wagner por cada tonelada de acero fabricado en Latinoamérica se genera alrededor de 1.6 toneladas de CO2, cuando el promedio global es de 1.8 y en China –de donde viene la mayor cantidad de acero– es de 2.3 toneladas, por lo que al producir el acero en la región se obtiene un beneficio que rebasa lo cuantitativo.

“Reemplazamos el acero que en Latinoamérica se puede producir más sustentable y por ende, impactamos a miles de empleos. Ese es el otro desafío que tenemos como sector privado y público para los próximos años”.

Pero de momento, elaborar acero sustentable en la región es más costoso por las altas cargas impositivas y sobreprecio que representa las condiciones de operación. La falta de inversión en infraestructura, por ejemplo, hace que mover un camión cargado de acero en la región o al interior de los países, sea más caro que importar una tonelada china: “Eso no puede pasar… Pasa por falta de rutas, puertos y de medios de transporte más efectivos como el tren. De esa forma también se baja el costo”.

El dirigente de la Alacero es consciente de que la industria también tiene que hacer su parte e invertir en nuevas tecnologías y procesos para emitir menos CO2; pero sin lugar a dudas, se requiere de políticas públicas. Es por ello que los procesos electorales que se avecinan en la región, particularmente en Brasil, y el que se vivió en México a inicios de junio, serán determinantes para la recuperación de la industria del acero en Latinoamérica.

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